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Es curioso: si algún país de la Unión Europea –además de Grecia y Portugal-, la está pasando verdaderamente mal es España y, sin embargo, pese a las expropiaciones de dos empresas estratégicas en Argentina y Bolivia, no dejan de ponderar la conveniencia de mantener sus capitales en Latinoamérica ante la incertidumbre provocada por la segunda recesión mundial desde 2008. Por supuesto, el grave problema, como me instruyó la destacada economista Claudia Luna Palencia, es que el euro no puede devaluarse –lo que solucionaría, casi de inmediato, los agobios y déficits de algunas naciones-, porque a trueque de la moneda única quienes la aceptaron perdieron su soberanía monetaria y no pueden actuar por sí solos. De allí la tremenda conflictiva de España, maniatada por los desórdenes administrativos que fueron legado de la demagógica actuación del “socialista” José Luis Rodríguez Zapatero. Los demagogos cunden sin importar banderas ni signos partidistas.

El hecho es que México ya figura, con dos mil 940 millones de euros derivados de la exportación española, el primer lugar en el renglón por encima de Brasil –dos mil 584 millones de euros- y Argentina –mil tres millones de euros-. En poco tiempo se ha construido el puente, aprovechando igualmente la desconfianza producida por las estatizaciones, en Argentina de la filial de Repsol y en Bolivia de la Compañía Transportadora de Electricidad (TDE), perteneciente al grupo que conforma la Red Eléctrica de España, bajo soportes políticos de muy elevada envergadura. Por supuesto, para España, nuestro país es el mejor colchón –como ya se demostró en 2008 cuando las utilidades de sus bancos principales llegaron, en buena medida, de allende el mar como antes lo hicieron con el oro y la plata de las Indias-, para amortiguar cualquier posible quebranto mayor en la hora más crítica de la economía española y cuando las presiones de Bruselas, sede de la UE, se multiplican sin piedad.


Mientras el nuevo presidente del gobierno español –con tan sólo cuatro meses y unos días más al frente de la administración-, Mariano Rajoy, dialoga con su gabinete sobre las medidas a tomar, entre ellas la inminente subida del IVA y la instalación de casetas de pago en sus principales rúas –antes podría transitarse hasta Francia sin desembolso-, situación que ha elevado, entre otras cosas, la sed independentista de los catalanes quienes se niegan a desembolsar un centavo por peaje y se han insubordinado al multiplicar su enfado por el fracaso del “Barsa”, su barco insignia, superado esta temporada por un gran Real Madrid –digo, de paso, es bueno recordarlo-, y el enfado colectivo en todas las regiones. Se llega al extremo de que algunos pueblos de Cataluña se planteen sembrar legalmente marigüana –por decretos municipales descocados-, para equilibrar finanzas y cubrir las deudas tremendas que arrastran y paralizan. La situación comienza a convertirse en muy peligrosa.

La desesperación cunde cuando la historia parece revertirse. Obvio es que nadie, en España, quiere recordar la manera cómo fueron expulsados los judíos sefardíes, en tiempos de Isabel y Fernando, quedándose la Corona con los bienes de los desterrados; también que sus altares, en centenares de templos, derrochan el oro y la plata traída de América durante tres siglos de colonia y explotación; o la manera como Franco, el dictador por antonomasia, cambió de bando, sin el menor pudor, y se hizo amigo de Eisenhower a cambio de ceder territorio para bases militares y soberanía para posibilitar la expansión estadounidense. Lo mismo ahora cuando la derecha, luego de conquistar el poder, tiró a la borda la ley “de memoria histórica” siquiera para resarcir a los herederos de las víctimas de la guerra civil –de sendos bandos aunque las fosas descubiertas rebosaban de cadáveres de republicanos, muertos después del fin de la lucha fratricida, esto es en plena tiranía franquista-, para supuestamente “no abrir innecesariamente las heridas de la historia”. Una visión siempre tendenciosa y parcial de los hechos.

Para los españoles, México es un referente. Alzan la vista cuando hablan de nuestro país en la misma proporción en la que la bajan cuando se refieren a la triunfante Europa. Conquistadores y conquistados, como fragua de una amalgama que oscurece a las conciencias y transforma la idiosincrasia de los pueblos. He insistido, muchas veces en los foros españoles, que México no fue conquistado; más bien las cabalgaduras de Cortés se impusieron a los pueblos prehispánicos y de la fusión de dos razas surgió lo que hoy llamamos México, mucho después, en 1810, cuando de sobra habíamos alcanzado nuestra mayoría de edad pero los españoles se negaron a la natural emancipación. Por eso se dio, sin remedio, la guerra de Independencia cuando, en un principio, sólo se buscaba la reinstalación de la Constitución de Cádiz que aseguraba la fuerza de las autonomías. El pésimo manejo de las circunstancias y la ambición ilimitada propiciaron, entonces, el derramamiento de sangre y el incendio en pro de las libertades. Debemos recordarlo siempre.

Cuando la Guerra Civil española, el general Lázaro Cárdenas y después también Manuel Ávila Camacho, acogieron a los republicanos que mantuvieron su gobierno en el exilio, más d forma que de fondo, hasta el régimen de José López Portillo quien aplicó la lógica de los hechos consumados y, tras la muerte de Franco, optó por reanudar las relaciones bilaterales con España a cambio de dejar de reconocer a una “república” con sabor a club social en la capital de México.

Desde entonces, los intereses ibéricos se conectaron con los mexicanos, a grado tal que, en este momento, es una de las grandes prioridades: esto es, atraer a los capitales españoles que van dejar otros pueblos sudamericanos en donde ya no hay seguridad para ellos. A cambio de ello, los operadores catalanes, contratados por la Presidencia de la República para fortalecer al PAN en su desnivelada campaña presidencial, tienden a garantizar la continuidad no sólo en materia de política interior sino, sobre todo, en cuanto a los múltiples intereses financieros de España en nuestro país, acuerdo por el cual nos hemos colocado, en unos cuantos años, a la vanguardia de sus exportaciones hacia América Latina y en una nueva mina, ahora de dólares, para forrar el mercado español y asegurar la bienaventuranza de sus banqueros en la hora más oscura para ellos a la vista de los controles europeos. México, por tanto, y cuanto suceda en los próximos meses de campaña, ya vamos llegando al primero de julio, es vital para ellos como lo fue en la época de la Conquista, tras la caída de Tenochtitlán en 1521.

¿Entienden ahora, los amables lectores, los porqué de la intensa operatividad de los politólogos españoles en las campañas proselitistas, sobre todo la presidencial? El problema muy grave para ellos es que el juego no les está saliendo bien: no sólo cunden los procesos de expropiación contra empresas españolas en América latina, sino que en nuestro país, la abanderada de la oficialidad, Josefina Vázquez Mota, no despega lo esperado y da muestras ostensibles de flaqueza “ante la mezquindad”, como ella misma previno, de las dirigencias partidistas… y del equipo de Los Pinos. Y esto complica enormemente las cosas para los cálculos de los expertos en marketing de importación. ¿Cómo hacer para revertir las tendencias en tan sólo cincuenta días? Las alarmas están sonando a todo volumen para terror de la clase calderonista.

Debate

Desde luego, los debates institucionales no ayudan a la causa panista ni es posible caer en el círculo vicioso de no ver la realidad, repitiendo que es factible la victoria de la señora Vázquez Mota con una desventaja de más de veinte puntos hacia arriba y casi empatada con Andrés Manuel López Obrador que incluso podría rebasarla para dejar al PAN en tercera posición. Un fracaso solemne y tremendo para la estructura gobernante que pone, además, en predicamento, los acuerdos soterrados con los “salvadores” españoles que actúan como si estuvieran empeñados en una “reconquista” con dólares y euros a trueque de caballos y guerreros.

Hemos descubierto la trama en un momento de enorme gravedad para la estabilidad financiera mundial. México está en serio riesgo también porque depende de otros para asegurar su destino y es evidente que las negociaciones con España las ha hecho y mantenido la derecha, con mayor fuerza desde la victoria de Rajoy pero aún antes de ésta, cuando Antonio Solá y sus testaferros lograron sacar adelante a Calderón, contra la manifiesta voluntad mayoritaria –oficialmente sólo votaron por él tres de cada diez electores y dos de cada diez empadronados considerando a los abstencionistas-, e imponerlo en una Presidencia obviamente debilitada y vulnerable. Por eso, acaso, no ha sido capaz de controlar la situación cuando ya avizora el finiquito definitivo de un régimen que será recordado, no por el empleo generado como prometió, sino por la violencia sorda que él disparó hasta niveles increíbles con un saldo entre cincuenta y ochenta mil víctimas civiles de acuerdo a diversos parámetros. (La primera cifra corresponde, claro, a la oficial).

Los hechos hablan por sí. Analícenlos y tendrán suficiente para meditar al respecto.

La Anécdota

No se andan por las ramas los españoles cuando califican y señalan a los jefes de Estado que los ponen en aprieto. Desde aquel célebre “¿Por qué no te callas?”, del enfermo Rey Juan Carlos al presidente venezolano Hugo Chávez, quien sorprendentemente guardó silencio y luego expresó que no se había dado cuenta de la filípica monárquica, no cesan de mostrar a los gobernantes de América Latina como execrables manipuladores de sus pueblos. A Cristina Fernández, de Argentina, los medios españoles la han colocado en un punto intermedio entre el mesianismo y la promiscuidad sexual; y a Evo Morales, de Bolivia, lo presentan como “un cocalero del jersey a rayas”. Dicen que, poco a poco, comenzó a cambiar la vestimenta de los aymaras por “chaquetas más elegantes”.

¿Y qué dirán de Calderón cuando no pueda concretar, posiblemente, la continuidad política y deje al garete los acuerdos soterrados con las empresas españolas?¿O acaso ya están en contacto con Peña Nieto? Abundaremos.