Los orígenes de esta festividad se remontan al Siglo XVII EN Inglaterra, en donde existía el “Domingo de servicio a las madres”, posteriormente en 1870, la celebración fue retomada por Julia Ward Howe para recordar el fin de la guerra civil en los Estados Unidos, en reconocimiento a aquellas mujeres que lucharon por la causa del pacifismo.
En México, el 10 de mayo se festejó por primera vez en 1911, pero fue hasta 1922 cuando se institucionalizó esta celebración, impulsada por el periodista Rafael Alducín, quien retomaba la iniciativa de Estados Unidos argumentado que en México se preocupaban más por mantener los valores familiares y morales, promoviendo la reflexión de mantener intactos los valores morales y familiares, lo cual, se fue confundiendo y empezó hacerse más comercial este día que un reconocimiento hacia las mujeres, como base de una familia.
De acuerdo al Instituto Nacional de Estadística y Geografía en México en el 2010, existen madres mexicanas desde los 12 años y más que suman alrededor de 29.2 millones, quienes a su vez, representan el 66.4% del total de la población femenina de la misma edad.
De las cuales, el 55.3% son casadas, 18.2% se encuentran en unión libre, el 9.9% son viudas, 7.8% son separadas y 2.7% son divorciadas, el 6.0% son madres solteras.
En Michoacán, de acuerdo al INEGI 2010, existe una población total de 4, 351, 037, de la cual, la población femenina es de 2, 248,928. En la entidad se encuentran hogares con jefatura femenina de 257,061, de 1 millón 066, 630 hogares en total en Michoacán.
En el 2006, la ENDIREH en el Estado, nos arroja que 841 615 son mujeres que se encontraban casadas o en unión libre de los 15 y más años, al decir de la violencia que han sufrido por parte de su pareja, 43 de cada 100 mujeres han vivido algun tipo de violencia por parte de su pareja.
En los casos de extrema violencia se reporto que de 360 681 de mujeres casadas o en unión libre que han sufrido violencia, el 35.1% han vivido violencia extrema; son 126 550 mujeres casadas o en unión libre que han sufrido violencia extrema grave, 49.9% han sido pateadas por su esposo o pareja; 49.2% han requerido atención medica para superar los daños ocasionados por las agresiones; a 26.6% sus esposos o parejas las han amarrado, tratado de ahorcar o asfixiar, atacado con un cuchillo o navaja o les han disparado con un arma de fuego, al 21.0% las han obligado a tener una relación sexual, y a 11.3% su pareja le ha quitado el dinero o se han adueñado de sus bienes inmuebles.
Aun cuando tenemos estas cifras, que nos permiten ver una realidad al descubierto, nos damos cuenta, que nuestra sociedad no festeja un día donde las madres dejen de laborar, de servir, de encubrir la violencia que viven día a día, y nos vende una falsa idea de la maternidad.
Como dice Martha Lamas, “la realidad del festejo de este día, es una hipervaloración social de las mujeres como madres y una gratificación material por su “laborar amorosa” hacia el cuidado del otro, y no como una actividad que debe ser compartida y contar con los apoyos sociales necesarios”.
La capacidad de gestar y parir, es considerada por nuestra sociedad como la “esencia” de la existencia de la mujer, de tal manera, que “naturalmente” le compete a la mujer el cuidado de otro ser humano, es decir, el cuidado de otras personas que no pueden valerse por si mismos, como a las personas enfermas, adultas mayores, otros infantes, etc.
Por eso, cuando hablamos de madres abnegadas, se nos olvidan los sueños que se han tenido que disolver por el cuidado de los demás integrantes de una familia, cuando hablamos de amor incondicional, se nos olvida hablar de la violencia a la que son sometidas, y estas a su vez pueden replicar con sus hijas e hijos; cuando hablamos de sacrificios por la familia, se nos olvida hablar del uso de las horas laborables; cuando hablamos del abandono de niñas y adolescentes embarazadas o que ya son madres, nos olvidamos de educación sexual y reproductiva en las escuelas; y cuando hablamos de madres heroicas que día a día se hacen cargo del cuidado de sus hijos o familiares dependientes (discapacitados, enfermos o ancianos) se nos olvida hablar del apoyo que no les es dado por parte del gobierno ni de la sociedad.
La invitación pues, es ha darle el verdadero valor que merecen todas aquellas mujeres que se hacen cargo de la vida, atención y cuidado de otro ser. No nos conformemos con el regalito o la rosa, instamos en la creación de leyes y medidas que permitan a las mujeres lograr la igualdad para con los hombres, y de esta manera, que la labor del cuidado del hogar sea compartida, y luchar por conseguir la paternidad responsable.
























