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En México estamos acostumbrados a creer exactamente lo contrario a cuanto aconseja la clase política o dicen de sí los ponentes a cargos de representación popular. Quizá por ello me sorprendió tanto cuando –antes de anunciar su enlace con Angélica Rivero, para no perder el contexto-, Enrique Peña Nieto, en funciones de gobernador del Estado de México, de plano se confesó como padre de dos hijos fuera de matrimonio y de su propensión, hasta entonces no reprimida, por las faldas y las infidelidades, acaso una de las causas de su distanciamiento con su primera mujer, Mónica Pretelini, quien adoraba a su marido hasta el sacrificio del silencio.

Pocas, muy pocas veces los políticos, y más que ellos sus operadores, dicen la verdad con llaneza y claridad; la tendencia es a ocultar los defectos realzando las virtudes sin el menor pudor. Por eso cuando un mandatario habla de que no devaluará ya sabemos, de antemano, que ocurrirá lo contrario lo mismo si insinúa la “lejana” posibilidad de hacer recortes o de formar incluso un “corralito”, como es costumbre en Argentina ahora convertida en la punta de lanza de las expropiaciones de las empresas españolas, tenemos la certidumbre de que el lapso será demasiado corto. Por desgracia a eso nos tienen acostumbrados los hombres del poder… y más asustan cuando ni siquiera tocan los termas coyunturales o asumen que somos más estables, financieramente, que las agobiadas naciones de Europa con su moneda tambaleante y algunas de sus economías rotas en una nueva escalada recesiva, de mayor gravedad quizá a la de 2008.


Decíamos ayer que sobre este punto nuestro país, más bien nuestro gobierno no está preparado para afrontar los efectos, perdido en el berenjenal de las discusiones proselitistas y la inducción de encuestas y espejismos para velar por el continuismo como premisa principal hacia el futuro y carta de garantía para los inversionistas foráneos. Por ello, entre otras evidencias, la importación de expertos “catalanes” –por el momento no podemos situarlos como españoles porque podríamos indignarlos en esta fase de desbordado independendismo retórico-, tiende a manejar las campañas, sobre todo las derivadas del partido en el poder central, con la lupa puesta en cuanto harían los adversarios, el PRI y el PRD, de ganar la elección presidencial y dejar noqueada a una derecha que, a lo largo de doce años, fue incapaz de crecer estructuralmente y de cambiar los usos recurrentes de la política nacional; esto es dejó las cosas como estaban para ocupar el lugar del priísmo hegemónico copiando, casi al carbón, sus antiguas fórmulas impositivas con apenas maquillaje.

En esta línea, el reiterado discurso de Josefina Vázquez Mota en el sentido de que jamás aceptaría sumarse a la izquierda y su candidato para poder con ello detener al priísta Peña Nieto cuya ventaja no amaina cuando la campaña ya va casi a la mitad de su derrotero, pudiera ser indicativo de un experimento ara medir reaccio0nes tempranas y tomarle el pulso a sus propios partidarios y a los de enfrente recordándoles los experimentos aliancistas de 2010 y 2011 que fueron auténticos laboratorios regionales con visos de acrecentarlos en el ámbito nacional o, cuando menos, de considerarlos viables si concentraban el objetivo común de evitar el retorno del PRI a la Presidencia, el peor de los males posibles de acuerdo a este criterio, peor aún a la amalgama de derecha e izquierda con desprecio a las ideologías y negación de las propias conciencias.

Hace algunos meses, en casa de mi amigo el profesor Lorenzo Silva Chacón, en la ciudad de México, conversé ampliamente con el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas mientras devorábamos platillos yucatecos. Y, de plano, le expresé una severa duda:

–Para un hombre de izquierda, como usted, ¿qué es peor?¿El regreso del PRI a Los Pinos, con todo y ciertas raíces comunes o el continuismo en pro del PAN, después de doce años de gobierno en ausencia y de criminalidad creciente?

Sin dudarlo, el guía moral y fundador del PRD, respondió:

–Desde luego, en ese caso, es preferible el PRI.

Lo que no estaba en juego, en aquel momento, cuando el PRD parecía muy alejado de la orilla de salvamento, era la posibilidad de que el PAN, desesperado ante la nueva vitalidad priísta con apoyo mediático y buena imagen en los sectores influyentes de los Estados Unidos –por algo, Peña Nieto mantiene muy cerca de algunos de los principales partidarios de Ernesto Zedillo quien también juega a dos bandas en la residencia oficial de Los Pinos-, pudiera terminar el proceso uniendo fuerzas con el candidato de la izquierda, el mismo que negó legitimidad política al gobierno de Calderón y se mantuvo en esta idea a pesar del anuncio de su “república amorosa”. Lo dicho; las palabras de nuestros políticos deben leerse al revés: acaso por ello, el propio López Obrador ha terminado por rodearse de algunos personajes íntimamente ligados a la “mafia” que denuncia, la que inició con Miguel de la Madrid –ahí está el represor Manuel Bartlett en campaña- y alcanzó la cúspide con Carlos Salinas, quien engendró a Manuel Camacho, Marcelo Ebrard y un largo etcétera de incondicionales del tabasqueño. Al revés, insisto.

Por eso califico a la actual como “la madre de todas las campañas” y la efeméride de hoy nos cae a la medida de lo expresado. Nunca como ahora las cotas de simulación habían alcanzado tales niveles ni los postulantes habían mentido tanto para mantenerse en boga, ni el IFE se había convertido en otro ministerio, y no una organización autónoma, para fiscalizar a partidos y candidatos y no pare regir ordenadamente los proceso0s. Para el consejero presidente del IFE, Leonardo Valdés Zurita, no hay límites en paralelismo perfecto con el absurdo de considerar “inatacables” las decisiones viciadas del Tribunal Electoral del Poder Judicial Federal. Me remito, claro, al vergonzoso dictamen de éste sobre los comicios de 2006.

No hay amores ni desamores definitivos en la política nacional. ¡Qué rápido olvidó López Obrador la represión y muerte de 270 miembros del Frente Democrático Nacional y el naciente PRD, durante el lapso en que fue secretario de Gobernación el nefasto Manuel Bartlett? Tantoi que fue él quien le hizo candidato al senado y por Puebla, la entidad que le adoptó luego de que su padre, tabasqueño, Manuel Bartlett Bautista, huyera de Villahermosa vestido de mujer para poder escapar del cerco de violencia por él fecundado. Para eso sirve la memoria histórica; para eso, las hemerotecas que despedazan los vándalos al servicio de los postulantes que no admiten la menor sombra sobre un pasado nebuloso. (Recuerdo, por ejemplo, cuando investigué el homicidio imprudencial de José Ramón López Obrador, cómo encontré los cotidianos resguardados en Villahermosa en donde se hablaba del suceso: convertidos en retazos, despedazados, por las “manos negras” de los sicarios políticos. Y fue muy difícil, a partir de ello, encontrar los referentes).

Dicen que México es así, pero no debería serlo. Siquiera para eso podría servir una campaña que va a la mitad, subrayo, sin más aportaciones que las superficialidades verborréicas.

Debate

Como parte de los galimatías extremas de la clase política, el ex presidente Fox, animado por su consorte –quien, por cierto, no se ha animado a continuar carrera policía como supusimos sino optó por resguardar las heredades de la pareja, actividad bastante más redituable-, de modo intermitente condena la llamada “guerra de Calderón”, recibe a Josefina Vázquez Mota, se deja retratar junto a Enrique Peña Nieto y hace del folklore político, de nueva cuenta, esencia de la vida institucional del país.

¿Quién es más culpable?¿El responsable de la herencia o el que acrecentó los infortunios? Puede concluirse que los dos; sin embargo, es indiscutible que la negligencia de la administración foxista, la ausencia de resultados y la renuncia a prohijar los programas sociales, condujo, sin remedio, primero a la acelerada depauperación pública y después a la violencia sin ambages. Y luego Calderón se equivocó en principio, al tratar de negociar con las mafias del narcotráfico a través del extinto Juan Camilo Mouriño –quien, por desgracia, ya no puede ofrecer su versión sobre los hechos, muerto “oportunamente” en noviembre de 2008-, y luego dar un giro de ciento espectacular para dejar en manos del ejército la conducción de una guerra sin final que ya suma entre cincuenta y ochenta mil víctimas civiles según distintas tablas de medición.

Vistas así las cosas, Calderón se lleva la partida de la ignominia; sin embargo, los Fox carecen de autoridad moral para leerle la cartilla. No ellos, quienes traicionaron a la democracia para asegurar el continuismo contra todos sus supuestos ideales de redención y ahora viven de su templo faraónico, como ningún otro ex presidente, continuando el culto al narcisismo de Vicente y a la ambición de Marta. Cuando menos, Margarita Zavala, igualmente tesonera en la consolidación de su fortuna, fue menos metiche. ¡Ay, tan bien qué comenzó!

Doce años que han parecido eternos por lo lento que han transcurrido. Falta poco más de un semestre para el finiquito y creemos irreversible la sentencia. Ya no queda tiempo para ganar la historia ni para resarcirse sobre un territorio sangriento y abaratado a favor de los grandes consorcios del exterior, sobre todo españoles. Seguiremos investigando.

La Anécdota

Diez de mayo. Ya lo he contado, pero quiero hacerlo de nuevo para amainar las ansiedades de estos tiempos belicosos. Por allí, en el norte, en una ocasión un candidato pomposo llevó a uno de sus mítines a su madre, una viejecita de corta estatura y andar lento, casi de noventa años muy sufridos. El hombre subió al templete y alcanzó a escuchar una voz anónima:

–Fulano, ¡no tienes madre!

El aludido, sin inmutarse, se limitó a señalar a su invitada de honor, sentada ya en primera fila, y espetó:

–Sí tengo… pero muy poca.