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Cuando Leopoldo Gómez González-Blanco, vicepresidente de Noticieros de Televisa, me dijo en 2010 que Televisa sería imparcial “siempre” y que, además, era iluso pensar que gobernaría el proceso electoral en pos de la Presidencia de la República porque, entre otras cosas, no sabíamos cuáles nuevos instrumentos de comunicación surgirían –por ejemplo facebook o el twuitter-, acaso con mayores coverturas y menores controles; esto es, sobre las televisoras siempre pende el riesgo –si bien lejano y hasta iluso-, de un retiro de las concesiones oficiales –salvo el caso de un viraje extrema hacia la izquierda que no correspondería a la “república amorosa” descrita por Andrés Manuel López Obrador-, y en cambio Internet y sus secuelas no cuentan con reglamentación alguna y los internautas tienen capacidad para boicotear hasta los blocks y páginas WEB oficiales con un poco de habilidad y un mínimo de conocimientos sobre el funcionamiento de las redes sociales.

El hecho es que, de acuerdo al arbitrio de los principales accionarios de las grandes cadenas de televisión, la transmisión de noticias –no hablamos de los mensajes pagados que en un altísimo porcentaje cubren los presupuestos de los partidos políticos para el proselitismo legal-, depende de criterios muy apretados que hacen imposible desglosar los intereses económicos de los cálculos y compromisos políticos, sobre todo cuando se trata de dinero non santo.

Esta es la razón por la que pueden darse el lujo, canalizando a sus auditorios masivos a seguir las líneas por ellos trazadas como si condujeran a un rebaño de descerebrados –a veces me pregunto si, en realidad, lo somos-, de no transmitir debates de medular importancia para el destino del país cuando avanza la madurez social y aumenta el escepticismo ante las inducciones desde el poder, así sea muy lentamente, e imponer seguimientos coincidentes con las personales apuestas de los accionistas principales, obviamente a favor de la continuidad política para evadirse de los riesgos inherentes a un nuevo cambio de timonel.

Según ellos ya tuvieron demasiado con la tempestad de 2006 y los consiguientes naufragios de los que aún no nos recuperamos vista la vulnerabilidad de la administración de Calderón, ungido en olor a ilegitimidad, un pecado original sin bautizo ni redención posible. Pese a ello, las televisoras salieron ganando: aumentó su influencia, dominaron el espectro político y en buena parte el periodístico –ninguna tribuna, por muy digna que sea, puede equipararse a las millonarias audiencias de la televisión; ya les contaré una anécdota sobre un hecho muy curioso que tuvo como protagonista a quien esto escribe-, cerrando filas contra los informadores incómodos –destazados, uno a uno, por la derecha en el poder-, y la crítica incontrolable surgida sólo de la voz popular sin pasar por los despachos de los todopoderosos directores y vicepresidentes o incluso de los más altos ejecutivos privados con profundo interés de no romper del todo su maridaje con el poder público porque de hacerlo sería tanto como un autogolpe de Estado… como el de Comonfort en el siglo XIX.

Nunca ha sido tan evidente la colusión como ahora, cuando el titular del ejecutivo –pongámoslo en minúsculas-, pide la cabeza de algunos conductores “mal educados” –por no seguir las líneas definidas en Los Pinos al pie de la letra-, y no pueden avanzar más porque, sencillamente, se imponen los criterios comerciales, superiores en la mentalidad de quienes son, antes que otra cosa, inversionistas ávidos de ganancias y sólo dispuestos a consolidar los métodos que beneficien a la “libre empresa” sobre cualquiera otra condición social: lo de los “teletones” y sus derivados son demagogia pura; por más que junten siempre será menor al valor de las horas-aire, en tiempos estelares, pero con ello amortizan fiscalmente sus enormes beneficios. Y nadie está descubriendo los hilos negros de la vida institucional del país; simplemente es así y se corrobora con sumas y restas demasiado sencillas y rutinarias.

En el fondo de la cuestión pervive una seria sospecha. ¿Quién es el favorito de las televisoras lo es igualmente de Los Pinos que, de limitada manera, influye en ellas?¿O las televisoras impondrán al candidato con quien simpatizan a la casa presidencial? Las dos preguntas están ligadas entre sí pero vistas desde distintos puntos de vista. Y ello nos pondría en el predicamento de suponer que Josefina Vázquez Mota, la correligionaria del mandatario federal en funciones, no es precisamente la carta de los que se hacen llamar “lideres de opinión” porque tienen una cámara delante de ellos. Lástima, sí, que muchos mexicanos sólo se asomen a esos balcones y dejen de informarse comparando cifras y señalamientos críticos. Cuando ello suceda, podremos hablar de una verdadera madurez cívica, antes no.

Para muchos es evidente que Enrique Peña Nieto es encauzado por Televisa, primero, y Televisión Azteca, después, sin rubor ninguno. Y ello porque, como en 2000, se calcula que la permanencia del PAN en el poder presidencial podría tener consecuencias catastróficas. Incluso, se teme que alguno de los aspirantes ya se haya contactado con los violentos para el caso de reproducirse los escenarios de 2006; los efectos, en este caso, ya no se limitarían a plantones en el centro de la ciudad de México y a pequeños grupos de protestantes sobre las carreteras más transitadas del país sino sería de decibeles mucho mayores.

De allí la complejidad de la sospecha. Fue obvio, en 2006, que las empresas encuestadoras y los medios masivos funcionaron como una mancuerna perfecta: confiaron, primero, al aspirante de la izquierda, hoy repetidor, endulzándole el aladar diciéndole que iba arriba en el arranque muy temprano; y, después, cuando supuestamente el PAN le alcanzó su voz rebelde sonó hueca y no tuvo repercusiones mayores… aunque, desde luego, el manoseo comicial le descabezara a mansalva sin que pudiera defenderse, legal y claramente, la causa perdida. Quizá éste fue el pecado mayor de López Obrador, incapaz de reconocer sus propias fallas; de hacerlo, acaso podría poner las alertas sobre algunas condiciones similares que ya se están fraguando. Pero es mayor su soberbia.

Desde luego, las televisoras tienen las cajas abiertas, para recibir como si se tratase de taquillas de fútbol –el deporte más amafiado del planeta; la FIFA es eso y más-, cuanto pueda captarse en el año de elecciones y de Olimpíadas. Londres, con su guardia real lista, será un escenario pictórico magnífico para completar la enorme repesca comercial… y política. De allí que las televisoras serán más fuertes que nunca y los televidentes más manipulables que en ninguna otra época, sobre todo por la desidia que ha tocado su resistencia proverbial. Hastiados, los futuros electores cierran los ojos y dejan hacer y dejan pasar, de acuerdo al neolibe3ralismo, cuanto parezca lejano porque está en manos del verdadero poder, el de las mafias, impenetrable.

Debate

Dinero sobra en uno de los países más depauperados del planeta y víctima, además, de la violencia sorda. Una nación abaratada para los compradores de fuera y vulnerable ante los grandes imperios del exterior, tanto que nuestras divisas surten al mercado europeo, vía España, para amortizar las contingencias del viejo continente; igual cómo se hacía con el oro y la plata de los pueblos colonizados de Latinoamérica.

Pruebas. Hace unos días, durante la llamada feria de abril en Sevilla, donde la Giralda desparrama magia y enloquece a los visitantes que gastan casi con premura, el poderoso Ricardo Salinas Pliego, principal accionista de Televisión Azteca, de la usurera Elektra y de Banco Azteca que derivó de sus antiguas “tiendas de raya”, se gastó una fortuna en halagar a los españoles que se dijeron sus anfitriones sólo por el gusto de actuar y sentirse como “uno de los mayores magnates mexicanos”. Bueno, casi llena de aduladores gorrones la célebre Maestranza.

El hombre llegó en yate, por el Guadal quivir, atracó cerca de la conocida Torre del Oro –sí, la que sirviera como almacén del preciado metal arrebatado a “las Américas”-, y ofreció el festín más fastuoso de la temporada con una noche intensa en la que las langostas y los corderos iban y venían sin descanso y sin límite, como no había ocurrido en las tradicionales “casetas” en donde las familias andaluzas de bien restringieron gastas y comieron sólo “pescaíto” y gambas –camarones-. No era el caso para un hombre tan poderoso e inmenso, inalcanzable, como Salinas Pliego a quien tambié4n acompañó otro magnate de la lista de los cien mayores multimillonarios: Carlos Peralta, vástago de Ángel, el promotor cubano que se llevó varias maletas del béisbol y los toros.

Tal fue la imagen de la abundancia que dio México en España. Faltaba más. Fue casi un acto patriótico para amortizar las críticas de que todo anda muy mal por el país “azteca” –como la televisora y el banco, claro-, y que, al contrario de cuanto se dice, se puede confiar en los grandes capitales mexicanos que ya resolvieron, a buena hora, el tema de la estabilidad política apostando en conjunto. Más claro ni las aguas del mítico río que cruza Sevilla y deja ver Triana.

La Anécdota

Me empeño, durante mis frecuentes encuentros con auditorios plurales –muchos de ellos integrados por inquietos jóvenes universitarios-, en interactuar con los presentes realizando sondeos que luego me viene muy bien para mi particular laboratorio de análisis político.

Así, me animé a preguntar, no hace mucho:

-¿Quién hace antesala?¿Calderón o Carlos Slim y en el despacho de quién?

Ya saben: por abrumadora mayoría ganó el empresario por más que defendí –ya me conocen ustedes- a la institución presidencial. Faltaría más.

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YA CASI LLEGAMOS A LA MITAD DE MAYO. INICIÓ LA FERIA DE SAN ISIDRO EN MADRID QUE PUEDE SEGUIRSE AHORA POR TELEVISIÓN. NO SÉ EN DONDE HAY MÁS CUERNOS: SI EN EL RUEDO DE “LAS VENTAS”… O ENTRE LA CLASE POLÍTICA. POR LOS DEMONIOS, CLARO.