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Elena Poniatowska Amor llega a los 80 años con la vitalidad que le dan sus tres hijos y sus 10 nietos. Son lo primero, asegura, más allá de los años dedicados al periodismo o a la literatura, casi 60, manifestaciones que se funden en sus libros, en los cerca de 40 títulos que componen su bibliografía, desde Lilus Kikus hasta Leonora.

“Uno nunca hace en su totalidad lo que quiere. Yo hubiera querido estudiar en la UNAM, ser universitaria. Luego uno se obliga, se esfuerza para hacer miles de cosas. Así me inicié en el periodismo de un día a otro, no sabía ni cómo se hacía nada, además no había mujeres, había pocas en general, siempre se decía que estaban ahí mientras se casaban.”

Mientras se alista para celebrar en familia su aniversario, el 19 de mayo, la UNAM le tiene preparado un homenaje para el próximo lunes, a las 19:00 horas, en la Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario, donde se pretende hacer un recuento de la vida de una mujer que logró hacer mucho de lo que quiso, con los comentarios de Juan Villoro, Rafael Barajas El Fisgón, Carlos Bonfil y Martha Lamas.

“A los 20 años de edad me hubiera gustado saber lo que sé ahora, pero desgraciadamente uno aprende con el tiempo, con los trancazos, con los libros y con la edad te vuelves también más vulnerable y más crítico, más autocrítico: cuando eres joven te lanzas como los cachorros, pero a esta edad ya te fijas, analizas los riesgos.”

Al periodismo, Elena Poniatowska lo define como parte de su vida, pero también como la oportunidad de conocer a México, porque finalmente se trataba de una “niña superafrancesada, que estudió en los Estados Unidos, lo que menos sabía era de mi país: bueno, conocía un poco, pero no sabía de la historia de México. Los idiomas que aprendí fueron el inglés y el francés, el español lo aprendí en la calle”, confiesa la escritora y periodista.

Así, la actividad periodística le permitió la posibilidad de acercarse a gente a la que jamás se hubiese podido aproximar, si no era a través de la entrevista, aun cuando en aquellos años desarrolló diversos trabajos dentro del proceso de creación de un periódico.

“Me acuerdo que a mí me ponían, con tinta china negra, a ‘bajarle’ la falda a las señoras, porque había unas que se sentaban mal y se les subía; entonces tú pintabas las faldas, lo que a mí me divertía mucho, pero tenías que hacerlo con cuidado, no podía salirte una manchota y que echaras a perder la foto”.