Este año varios latinoamericanos ocuparon importantes puestos de representación en la ONU: la ecuatoriana María Fernanda Espinosa es la presidenta de la Asamblea General y Michel Bachelet, expresidenta de Chile, es la Alta Comisionada para los Derechos Humanos del organismo internacional.
A cargo de la bienvenida a la reunión anual, António Guterres, secretario general de la ONU, instó a todos los mandatarios congregados en Nueva York a construir una confianza mutua y utilizar a la ONU “como una plataforma para discutir nuestro futuro digital y sus riesgos”.
Reconoció que el diálogo construirá siempre puentes de entendimiento más en momentos de tantos desafíos desde “los refugiados, la inmigración, la pobreza, la discriminación hasta el clima y el terrorismo”.
En la inauguración de los trabajos, el día martes 25 de septiembre pasado, dos presidentes latinoamericanos todavía en funciones pero listos para dejar su cargo, como son por México, Enrique Peña Nieto y por Brasil, Michel Temer, tuvieron su última participación en la Asamblea.
Para el presidente Peña Nieto, México está consciente de sus responsabilidades que “han logrado consolidar a México como un Estado democrático y plural”.
De los grandes retos para la comunidad internacional abordó la búsqueda de la promoción del desarrollo sostenible, el respeto a los derechos humanos como “valores universales” para superar los desafíos de la sociedad.
“Estamos entre los 10 países más poblados del mundo y dentro de las 15 economías más grandes somos y seremos un actor global responsable, mi país ha hecho de la responsabilidad su divisa exterior y por eso hemos establecido una arquitectura institucional para impulsar la Agenda 20-30 para el desarrollo sostenible”, aseveró Peña Nieto.
En su discurso, claro y sentido, el dignatario azteca rememoró que México es una nación de respeto al derecho internacional, con vocación de paz y de suma de esfuerzos y un interlocutor siempre abierto al diálogo.
Pero fundamentalmente respetuoso ante el consenso global y el multilateralismo, prueba de ello su participación irrestricta en el Acuerdo de París, así como la búsqueda de un pacto mundial para una migración segura, ordenada y regular.
“México trabajó muy cerca con Suiza en los últimos dos años, y con otros Estados y otros organismos internacionales, para establecer un principio rector de ese pacto al respeto de los derechos humanos de todos los migrantes; y que será presentado en Marrakech, en diciembre próximo, como un éxito para la gobernanza internacional para la migración”, adelantó el político.
Recordó que en años recientes la nación azteca ha contribuido en operaciones en África, Medio Oriente, América Latina y el Caribe, tras un largo período de no participar en misiones de paz.
A COLACIÓN
Dentro de las propuestas, Peña Nieto llamó a los presentes a apoyar “una reforma integral del Consejo de Seguridad” que no admita nuevos miembros permanentes y que tenga períodos de participación más largos para los no permanentes.
También propuso que la Agenda 20-30 se convierta en una guía eficaz para “que nadie se quede atrás”, y fortalecer en todo el mundo el régimen de derechos humanos.
Si Trump puso sobre de la mesa la palabra “soberanía” como el pretexto para su particular ostracismo, Peña Nieto aprovechó la ocasión para recalcar que en el escenario internacional hay la vuelta de tendencias que parecían superadas como “la invocación de nacionalismos excluyentes, el proteccionismo con la erosión del multilateralismo que promueve la exclusión de las minorías y de los menos favorecidos”.
Para México, apuntó el presidente saliente, es importante creer en el multilateralismo y la cooperación internacional, “la experiencia demuestra que es la mejor manera de defender la soberanía de cada Estado”.
Directora de Conexión Hispanoamérica, economista experta en periodismo económico y escritora de temas internacionales























