Comienza la etapa más sucia de la campaña por la Presidencia, acompañada de la que modificará el Congreso Federal y los gobiernos de seis entidades además del disputado Distrito Federal. No se observan, en la perspectiva, diferencias sustantivas respecto al proceder acostumbrado de los grupos políticos, candidatos y promotores soterrados acostumbrados a la manipulación mediática. Lo único distinto es la brevedad de la contienda y las ansias por ganar puntos en las encuestas en donde los saltos cotidianos, de hasta cinco y seis puntos porcentuales hacia arriba y abajo, dan la imagen de un circo de cuatro pistas completamente cubiertas. Ni los malabaristas más célebres –los callejeros, por supuesto- serían capaces de tanto.
Es imposible, por ejemplo, que Enrique Peña Nieto se desligue de la penosa gestión de su tío, el ex gobernador mexiquense, como él, Arturo Montiel Rojas, aun cuando quizá la culpa mayor no sea el haber silenciado sus latrocinios sino haberlos tolerado… como lo hicieron, desde la administración federal, los panistas Fox, ella y él, quienes igualmente optaron por la tolerancia teniendo recursos jurídicos suficientes para indagarlo y, en su caso, forzar a un juicio de procedencia y al posterior proceso judicial. Si no lo hicieron ellos, ¿quién podría ser más responsable del vergonzoso caso de impunidad?¿Un gobernador?¿De verdad es razonable tirar la piedra para atrás y hacia abajo?
Peña, eso sí, tiene graves limitaciones, culturales y políticas sobre todo, frutos de una formación distinta a la que fue tradicional en el viejo PRI con todo y el autoritarismo asfixiante: quien era ungido contaba ya con espacios y conocimientos suficientes sobre la geopolítica nacional –no la que es fruto de los superficiales citatorios multitudinarios-, y un buen nivel de conocimientos sobre historia, geografía y literatura universales.
Ahora, basta jugar al Nintendo para sumar al carácter el belicismo atroz, marca estadounidense, que señala hacia las invasiones del más fuerte sin otro tipo de argumento que imponerse contra cualquier resquicio de razón. México, por su situación, siempre ha estado a un paso de ser sojuzgado por los poderosos del norte aunque nadie, en su sano juicio, puede alegar que nos hemos salvado. Por ello, claro, la Casa Blanca juega un papel de enrome importancia en la sucesión presidencial de nuestro país. Y esto, naturalmente, duele.
Por otra parte, la disyuntiva de Josefina Vázquez Mota es saber, a ciencia cierta, hasta qué punto cuenta con la parafernalia presidencial y cuál es el nivel de confianza en la interrelación de su equipo con el del señor de Los Pinos, promotor soterrado de la arribazón de catalanes, supuestos expertos en marketing, quienes presumen de ser “fabricantes de presidente” como puede leerse en la WEB del grupo Ostos&Solá sin el menor problema. El descaro es tal que ni siquiera fueron indagados tras los desequilibrantes movimientos de 2006 que propiciaron el más reciente de los grandes fraudes electorales del sistema político mexicano. Indefendible, el episodio será recordado a la altura de cuanto ocurrió en 1988 aunque en este año, según el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, el más afectado, no llegaron a contarse el 40 por ciento de los votos emitidos lo que fue obra y gracia de Manuel Bartlett, ahora compañero de plataforma de López Obrador…y del propio Cuauhtémoc. Lo dicho: son como misioneros que van regando el perdón a su paso ante el asombro de quienes no somos desmemoriados.
A estas alturas, pese a los vaivenes cotidianos de los ejercicios de recolección de pareceres, la señora Vázquez Mota sabe de sobra, salvo que sea una ingenua –y en ocasiones así lo parece-, que la parafernalia presidencial no juega de su lado y que, acaso, sus propios operadores la están llevando hacia el abismo –por no decir al baile, por respeto a su consorte, Sergio Ocampo Muñoz, quien se ha integrado al grupo de operación cibernética del grupo-, negociando debajo de la mesa. Ellos vienen, no lo olvidemos, por el oro de las Indias o la plata. Y es que, en el fondo, quieren resolver un enigma apasionante: ¿cómo es que una de las naciones con mayores índices de pobreza en el mundo genera, al mismo tiempo, algunas de las mayores fortunas del planeta? Como son tan quisquillosos les duele que sus antiguos conquistados se hayan elevado tanto mientras los capitalistas españoles cuenten los garbanzos en esta hora recesiva. (Incluso comienza a revoletear el rumor de que España no tendrá más remedio que salirse de la llamada “zona euro” para rehabilitar y devaluar enseguida a sus antiguas pesetas).
La señora Vázquez Mota, a quien aprecio por su perfil de gente decente –siempre sostuve que me encantaría verla en las papeletas electorales y así será aunque tal no signifique cruzar su nombre, sobre todo por cuanto representa su partido-, cayó en un berenjenal del cual no puede salirse con la dignidad por ella acostumbrada. Éste es su mayor desafío cuando le resta sólo mes y medio a una campaña desilusionante por inútil. Nada nuevo se ha dicho ni nada que no se supiera respecto a los abanderados de cada uno de los partidos, incluyendo al “elbista” que niega serlo y sólo le robará dos puntos porcentuales, un chantaje muy barato, al vanguardista de la justa. Otro tiro que le sale por la culata a la poderosa dueña del gremio magisterial.
Finalmente, Andrés Manuel no sale de su mecánica histriónica como subrayar su compromiso de someterse a escrutinio popular, “cada dos años”. Un contexto que sólo serviría, como en el caso del venezolano y enfermo Hugo Chávez, para ir alargando su mandato hasta llegar a la reforma que posibilitara la reelección y la permanencia indefinida en el peor de los casos. La democracia, por lo visto en general –salvo honrosas excepciones como la de Brasil-, suele ser utilizada por la izquierda como pretexto para llegar al poder y perpetuarse en el mismo contrariando su esencia. ¡Las muestras de ello se han repetido tanto por los cuatro costados de Latinoamérica!
Estamos más que seguros en cuáles serían las reglas a seguir por López Obrador en caso de ganar los comicios: asegurarse el poder presidencial con condiciones de supuesta infalibilidad y perpetuidad… como los Papas en cuestiones de fe y dogma. Los extremos siempre se tocan como marcan las leyes físicas y en política es demasiado evidente. ¿O ya nos olvidamos de las célebres alianzas entre el PAN gobernante y el PRD que negó la legitimidad de Calderón, en 2010 y 2011? Nunca el absurdo llegó a tales dimensiones, menos al saber que, en realidad, tales componendas fueron posibles a partir de infortunadas y obtusas selecciones del PRI en un revoltijo digno para las enciclopedias.
No es en balde el refranero popular. “No te metas en política”, suele decirse, comparándola con las heces fecales. Pero resulta bastante peor no meterse, cruzarse de brazos y vivir cómodamente, sumisamente más bien, dependiendo del arbitrio de otros sacando provecho de unos y otros, sin la menor conciencia ni el menor agobio ideológico. Esto sí es porquería pura.
Debate
Los mexicanos no podemos seguir viviendo de los lugares comunes, esto es de la reiteración infecunda d los vicios como si fueran parte sustantiva de nuestra idiosincrasia. Y uno de ellos consiste en escoger al “menos malo”, según criterios obtusos, en lugar de analizar cuál sería la mejor solución para salir del atolladero entre el continuismo enfermizo, la vuelta hacia atrás o el radicalismo sin límites de tiempo ni coberturas. Esto es lo que está en juego y, desde luego, no son sólo dos los proyectos que están vivos, como subraya López Obrador, sino que cada postulante cuenta con sendos programas según sean las consecuencia de las elecciones venideras. El propio Andrés Manuel tiene sus ases bajo la manga y, claro, no le conviene divulgarlos. ¿Por qué no se le conmina a hacerlo en el próximo debate antes de que resulte tan insulso y superficial como el primero?
Peña Nieto, en fin, conserva la ventaja tras sus derrapes semánticos y la exhibición concatenada del PRD y el PAN de sus perfiles negativos sin permitirse, ninguno de los aspirantes, el menor ejercicio de autocrítica. Por este punto deberíamos comenzar. A diferencia de sus adversarios, Peña tuvo la “virtud” –así, entre comillas por favor-, de adelantar sus infidelidades matrimoniales, contó que tiene dos hijos no concebidos con sus esposas y no dejó que la imagen de Montiel, su tío, le empañara el panorama. Afrontó las consecuencias mucho antes de su nominación formal y eso le dio respiro entre un electorado que no se sorprendió con las “revelaciones” escuchadas.
A cambio de ello, ¿cuáles son los defectos silenciados de doña Josefina y Andrés Manuel?¿Son tan inmaculados como aseveran sus promotores caza-votos?¿O existen puntos oscuros en sus existencias como la regresión educativa, en el primer caso, y la intolerancia en el segundo, además de las cuestiones, digamos, más personales? En esto deberíamos fijarnos antes de caer en las bienaventuranzas de quienes son incondicionales sólo para asegurarse un sexenio feliz dentro del presupuesto.
Mucho debemos meditar sobre ello.
La Anécdota
Cursaba Andrés Manuel su primer año como jefe de gobierno defeño y solía desayunar con él con cierta frecuencia. En una de esas ocasiones, ya en el verano, decidió abrir una de las ventanas del despacho principal con vista hacia el zócalo, en ese momento, como casi siempre, “tomado” por protestantes de algo…
López Obrador saludó a los manifestantes, tímidamente. Y una señora entrada en años y carnes, le espetó, desde abajo, tirándole besos “volados”:
–¡Ay, papacito!¡Ya mándanos a nuestras casas! Estamos aburridas, cansadas. No seas malito…
El destinatario, claro, se hizo el desentendido.
























