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Es hoy el día que celebra el magisterio, desde hace tiempo convertido, en materia electoral, en una suerte de gremio de alquimistas capaz de trucar unos comicios o levantar la mano, a través de su lidereza inamovible, Elba Esther Gordillo, al falsario vencedor de una justa en la que se contrarió la voluntad de la mayor parte de los mexicanos; recuérdese: sólo el 35 por ciento de los empadronados sufragaron por Calderón, uno de cada cinco empadronados, aproximadamente. Tal debiera servir de guía a los demagogos que insisten en referirse al “todo México”, ahora con la almidonada tendencia a la “república amorosa”, considerando ser redentores globales por creerse poseedores de la verdad absoluta y sin responder a los asuntos medulares que les comprometen.

Para infortunio de cuantos colocan a la justicia social por encima de los equilibrios financieros –tal es mi caso, lo confieso-, la izquierda se muestra inconsistente, sin definiciones claras y con una ambigüedad patológica que lleva al inmovilismo y al desastre. No por otra cosa, en España naufragó José Luis Rodríguez Zapatero, incapaz d frenar, a tiempo, el tsunami de la recesión cuando la desocupación creciente alertaba sobre una crisis inmanejable. Por ello, en España, el PSOE perdió los comicios, en noviembre pasado, para dar paso a Mariano Rajoy Brey, cortado con la misma tijera que su coterráneo Franco –los dos nacieron gallegos-, quien se empeña en no escuchar salvo cuanto loe conviene, sin la menor intención de rectificar; un estilo que los mexicanos ya conocemos por obra y gracia del PAN y sus principales figuras.


En Grecia, los socialistas se dividieron a tal punto que las fracciones los hicieron tan pero tan pequeños que propiciaron con ello una “victoria” centrista con apenas el 18.8 de los votos emitidos a cambio de que el conjunto de las izquierdas. Desde los radicales hasta los moderados del PASOK, a través de cuatro opciones enconadas, sumaron el 36 por ciento de los votos, es decir el doble de los obtenidos por el supuesto ganador, el conservador Andonis Samarás. El absurdo de la intransigencia, como la de todos los fundamentalistas que no pueden aceptar ni recocer razón en los demás sólo por el hecho de ser contrarios, termina por dañar íntimamente al sector liberal ante una derecha menos propensa a competir entre sí aunque sea experta en simularlo con sus tradicionales precampañas en las que se foguean las intrigas. Recuérdese cómo se dio el triunfo de Josefina Vázquez Mota, al interior del PAN, aunque apareciera, camuflada, como una opción anticalderonista; no hubo nada más claramente falso.

Y en Francia sucedió, sencillamente, que los votantes le endosaron al gobierno en ejercicio –como hicieron los españoles contra el PSOE, esto es en sentido contrario en cuanto a las ideologías-, los agobios permanentes por causa de una mala orientación administrativa y la ausencia de políticas ordenadoras que no se desviaran al punto de contrariar los acuerdos globales. Por ello, claro, perdió Sarkozy y ganó el socialista Francois Hollande, antiguo compañero sentimental de Segolene Royale, la mujer quien perdió la ecuanimidad en el debate con Sarkozy hace un lustro exacto, contra los propósitos y apuestas de los líderes de la Unión Europea quienes saludaron, con felicidad radiante, que el gobierno de izquierda en España hubiese encallado por la inoperatividad política. Ahora tienen un “lunar” bastante más desarrollado.

Las incongruencias apenas comenzaron en Francia bajo el manto de Hollande, quien hoy se convierte en presidente sin tener que esperar ¡cinco meses!, como en México, para asumir su responsabilidad ejecutiva; en casi un semestre lo único que fructifican, por desgracia, son los chantajes y las vendimias de cargos públicos con padrinazgos sólidos. Y los rotativos señalan hacia un hecho por demás singular: el socialista vencedor ha optado por nombrar como consejeros económicos a los banqueros más prósperos de la región sin óbice de pensamientos vanguardistas ni de conciencia social, sencillamente llevado por las condiciones de mercado. Así se llama ahora a la ambigüedad.

Por supuesto, Hollande busca con ello amortizar las tensiones con el bloque europeo, sobre todo con la “reina” del conjunto, la alemana Ángela Merker, quienes resintieron la partida de Sarkozy aunque hubieran hecho bastante poco para reforzarlo ante los franceses a la hora decisiva. El caso es que el nuevo mandatario de los galos se coloca a la mitad exacta entre su formación de izquierda y el imperativo de no romper con la realidad globalizada que apunta hacia la derecha como triunfadora, aunque en las elecciones ganen los socialistas. Lo sucedido en Grecia, en este sentido, es bastante más favorable para esta línea que el resultado en Francia, en donde los moldes se rompen con enorme facilidad. Y, sin embargo, la tremenda fragilidad de la Unión Europea no se encuentra entre la clase dirigente sino en una población cansada de haber cedido la soberanía económica y ya se resienten contra el “euro” y la firmeza alemana, esto es como si el Tercer Reich se hubiera impuesto ahora sin necesidad de invasiones sangrientas y años de guerra. Yo no sé por qué, siempre le salen bien las cuentas a los alemanes… aunque pierdan. Ya van tres ocasiones a nivel continental a través de una centuria.

Y si oteamos hacia nuestro México, atrapado por la frivolidad política, tendremos en la figura de Andrés Manuel López Obrador la materialización misma de la incongruencia. Durante años, más de tres lustros cuando menos, el hombre ha insistido, en todos los tonos posibles, en que los males del país provienen de la mafia salinista, la mafia misma le llama, concentradora de los usos y los hilos del poder omnímodo. Sin embargo, cada vez son más los salinistas que se integran a sus consejeros de cabecera, últimamente fue el caso del execrable Manuel Bartlett, quien fuera secretario de Educación y gobernador de Puebla durante el periodo de Carlos Salinas, sumado a los muy conocidos de Manuel Camacho y Marcelo Ebrard, entre otros de menor rango pero importante presencia, como Ricardo Monreal. Al paso del tiempo, sólo le faltará convocar a sus fulas al célebre “doctor” Joseph-Marie Córdova Montoya, quien fue eminencia gris con Salinas y acaso ya esté listo para dar el triple salto mortal en la historia de las inconsistencias y la amnesia colectiva.

Me pregunto sobre la autoridad moral. ¿Es de fiar quien combate a una causa de la que después se nutre sin el menor pudor por extender, supuestamente, coberturas?¿Es razonable que, en este mismo tenor, surjan alianzas turbias de cara a los comicios federales con tal de evitar el retorno del PRI a Los Pinos así sea a golpes de traición interior? No vaya a resultar, ante el promiscuo escenario, que el PRI es el menos peor de todos porque siquiera nunca ha estado a salto de mata recogiendo rastrojos y aprovechándose de las conquistas territoriales de otros. Esto, a pesar de las mafias que le condenan, es un buen punto a favor del aspirante Peña Nieto, tan golpeado por incumplir supuestamente compromisos cuando quienes le acusan han sido incapaces de hacer lo propio, una sola vez siquiera. Vázquez Mota no habla del encallamiento educativo y Andrés Manuel ni siquiera repasa las deudas de la capital del país que heredó a su “carnal” Marcelo, entre votras muchas cuestiones.

Sólo falta que comencemos a sentir simpatía, como está sucediendo con algunos amigos de esta columna, por el títere Quadri y la mentora que le mueve.

Debate

Tras más de una semana de dimes y diretes –con la figura de la espectacular edecán del IFE en la parodia del debate entre los candidatos presidenciales-, la conclusión es que este primer desencuentro no sirvió para nada ni tuvo el interés general como marco, dividido por la enajenación futbolística –quien esto escribe de vez en cuando la padece, confieso, como siempre me ha ocurrido con la difamada fiesta de los toros, de nuevo al alza como explicaremos muy pronto-, y las historietas sentimentales de la televisión privada que sencillamente se colocó por encima de candidatos y rectores electorales para ignorar la presentación en sociedad de los aspirantes a la Presidencia; todavía hace seis años hubiese sido impensable un comportamiento similar.

Vamos para atrás en mucho casos; más cuando se ostenta el derecho a la libertad de empresa para cercenar a la más sagrada, la de expresión, limitando con ello el derecho colectivo a enterarse de cómo son y piensan quienes pretenden gobernar a México. Por desgracia, los protagonistas no tienen un perfil para elevar convocatorias siquiera cercano al de “Brozo”, el célebre líder de opinión de los medios masivos cuya imaginación sólo alcanzó para agregar una “erre” al nombre de uno de los mayores payasos de la pequeña pantalla, Bozo. Así de flaca está la caballada entre los más exhibidos comunicadores.

Si el debate no se hubiera dado, de igual manera nadie habría reparado en ello, con la salvedad de la edecán-modelo quien bien puede colocarse al frente de la tribuna camaral para que los asaltos a la misma tengan otro objetivo menos viciado por los usos facciosos del poder. De esta manera, el erario público no se desperdiciaría tan malamente en este año de turbulencias extremas.

La Anécdota

En materia de debates políticos y presentaciones públicas, aunque el auditorio considere superficial la vestimenta –lo es, pero no en cuanto a la impresión que causa-, hay episodios que han marcado épocas. Recordemos tres, cuando menos:

1.- El célebre debate Kennedy-Nixon, en 1959, cuando el republicano no pudo contener el sudor y dio la imagen, ante la televisión, de un hombre acorralado0. No sucedió lo mismo entre los radioescu7chas que le dieron por ganador… acaso porque no percibieron las rías nerviosas que surcaban el rostro del republicano perdedor.

2.- Al inaugurar su mandato, Felipe Calderón debió vestir una casaca militar que le quedaba demasiado larga. Fue el signo, acaso el preludio, de lo que después vendría: un mandatario atrapado por su agenda castrense y por cuanto ésta representó.

3.- Pata infortunio de todos, durante el debate primero entre candidatos presidenciales, fue innegable que el sastre le jugó una mala pasada a Peña Nieto: lució un saco que se alargaba hacia abajo, casi como gabardina. Otra vez, una prenda que queda grande. ¿Qué podemos esperar?