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Siempre ha sido un referente, para quienes creen en las llamadas “candidaturas ciudadanas” el caso del peruano Alberto Fujimori que se atasca en el estómago de Mario Vargas Llosa, el “Nóbel” que ahora se ha convertido en defensor de la fiesta de los toros exaltando las claves culturales del gran espectáculo. Cuando menos, los antitauirnos, quienes tanto me han increpado, se pensarán dos veces sus adjetivaciones vulgares cuando destierran al limbo de la ignominia a los aficionados sin aportar más razones que su sufrida sensibilidad animal; un peruano destacado, como antes lo hizo un escritor mexicano –también Carlos Fuentes leyó un magnífico Pregón en la Feria de abril en Sevilla hace algunos años-, exhiben la importancia de la tauromaquia en un mundo rebosante de simuladores e hipócritas. Menos mal. Mi conciencia, la verdad, se ha quedado mucho más tranquila.

Fujimori superó a Vargas Llosa y al entonces presidente Alán García, con margen sorprendente, para ganarle las elecciones en julio de 1990 y permanecer en el poder, con mandatos fácticos y desconocimientos facciosos del Legislativo, durante diez años. Esto es: el camino de la democracia sólo sirvió para arribar al pantano de otra autocracia con tufo de complicidades. Luego el peruano-japonés cayó de la gracia en cuanto comenzaron a circular informaciones precisas sobre su fortuna personal, estimada en 2004 en seiscientos millones de dólares, y acabó, por fin, sentenciado en 2009 por asesinato y prevaricación, entre otros delitos y como un claro mentís a que los improvisados, por muy buenas intenciones que proclamen, siempre acaban devorados por el cancerbero, el perro de las tres cabezas de Dante, siempre situado a las puertas del pináculo del poder.


Fujimori, recordémosle bien, basó su campaña exitosa en un ejercicio de retórica sencilla y profunda: “soy como tú y actuaré como presidente cómo lo harías tú”. Y los electores se tragaron el anzuelo y hasta la caña. La posibilidad de que, al fin, llegara a la cúspide quien no era parte de la oligarquía ni cintaba con relaciones excepcionales ni vivía del influyentismo político y militar, ilusionó al conglomerado que fue capaz de elegirlo por encima de dos figuras con perfiles y posicionamientos universales, sobre todo Vargas Llosa, quien, frustrado por esta lid infortunada, acabó solicitando la ciudadanía española que ahora ostenta… sin perder la peruana, claro, porque nadie puede sobrevivir sin alma. Dolorosa lección que plantea a los soberbios intelectuales, cuyos pecados de suficiencia resultan intolerables en un espectro en donde colocamos a la igualdad con retóricos acentos, la sinrazón de buscar el poder sin conocer, cabalmente, la idiosincrasia de sus pueblos aunque los hayan retratado con mil metáforas encantadoras. La realidad, más allá de la poesía que la sublima, es otra cosa.

El de Fujimori fue un caso dramático que interrumpió, de plano, la tendencia a favorecer a la ciudadanía, con candidaturas externas, sobre los partidos políticos cuya representatividad se ha ido acortando por la desconfianza general hacia las dirigencias y las acciones sectarias asumidas para defender feudos, posiciones y componendas. En México el revoltijo llegó al grado de que se las alianzas entre el PAN gobernante y el PRD que desconoció el mandato del panista Calderón, usarán a los priístas mal seleccionados para ganar elecciones a contracorriente y con desgaste tremendo.

Al respecto, un gobernador de la costa brava, legó a comentarme en corto y con vehemencia:

–Desde que asumí el gobierno jamás me he presentado a un solo acto partidista del PAN y el PRD –que lo postularon-. Me siento libre porque creo que esta posición se la debo a quienes votaron por mí si bien agradezco a las dirigencias partidistas por haberme brindado sus plataformas.

Una reflexión más que oportuna a la vista de los constantes descalabros de cuantos, en nuestro país, han pretendido erigirse como aspirantes ciudadanos y no han despertado sino el morbo de quienes desean verles mordiendo el polvo. ¿Recuerdan cuándo se le terminó el presupuesto a Jorge Castañeda Gutman, alentado por Elba Esther Gordillo para que se lanzara al abismo de una postulación en 2006? El hombre, literalmente y pese a ser uno de las tres grandes debilidades de la maestra -las otras dos también llevan nombres masculinos: Manuel Camacho y Marcelo Ebrard-, se desfondó severamente y apenas comienza a recuperarse del golpe casi seis años después, acaso sólo para poder sobrevivir con sus aterciopeladas versiones. ¿Ya habrá olvidado sus compromisos con Marta Sahagún? En el mundo femenino de la política sólo unos cuantos han podido resistir y Castañeda no fue uno de ellos.

Sorprende ahora, acaso porque la juventud está harta de banquetes de demagogia y de candidatos huecos, la impresionante crecida de Gabriel Quadri –a quien este columnista, en principio, ni siquiera consideró un factor a considerar durante la campaña-, obra y gracia del PANAL con la maestra Gordillo detrás. Fuera del pecado original, el personaje avanza en los sondeos de opinión a la velocidad de la luz aunque es difícil que le alcance el tiempo para rebasar a sus adversarios, aunque la panista Josefina Vázquez Mota parezca haber naufragado ya a golpes de colmillos –los de Andrés Manuel y los de los operadores de Peña, el vanguardista-, aun cuando ofrezca a sus promotores la mayor votación de su historia. Todo un caso en el que un individuo de perfil bajísimo es capaz de ponerse a nivel de líderes consumados y partidos millonarios y veteranos.

El protagonismo de Quadri, eso sí, aun cuando se le ha descubierto cambiando de coche cien metros antes de llegar a sus destinos de campaña para parecer más austero, es incuestionable, sobre todo después del primer debate entre los postulantes presidenciales, el pasado 6 de mayo. Dijo no ser político y representar a la ciudadanía; la misma línea de Fujimori: “soy como tú y haré lo que tú harías”. Pese al antecedente sudamericano a no pocos mexicanos les sorprendió la manera con la que enjcaró el debate quien, para muchos, por su escasa representatividad, ni siquiera debió formar parte del mismo; y, sin embargo, no son pocos aquellos que le vieron ganador ante las fieras de otros partidos mucho más curtidos, ni siquiera considerando el apoyo, tras bambalinas, de la maestra Gordillo cuyas intenciones son, claro está, acomodarse a tiempo con el vencedor para seguir ejerciendo el liderazgo “moral” del profesorado gremial hasta que ella misma lo decida. Siempre ha tenido d donde escoger y es esto lo que loe ha blindado sexenio a sexenio.

Quadri, seguramente, será una anécdota después del primero de julio; pero su función y presencia resultan reveladoras de cuanto podría ocurrir en el futuro si la credibilidad en los partidos sigue desplomándose –como la economía europea-, y no aparecen los líderes naturales adecuados y vigorosos, capaces de levantar a una nación depauperada por la clase política y saqueada por el capital extranjero.

Debate

Por lo general, los candidatos se creen cuanto les dicen sus colaboradores; y éstos, casi siempre, tienden a la adulación para mantener la cercanía y, en su caso, las aspiraciones de llegar ocupar alguna buena cartera. Por eso pierden el piso con la mayor facilidad. No dudamos, por ejemplo, que Josefina Vázquez Mota se crea, de verdad, que sólo le separa “un punto porcentual” de quien le antecede en la justa lo que, francamente, es una quimera; y tampoco podríamos pensar que Peña Nieto, arropado por sus operadores, pueda pensar un minuto en la posibilidad de una sorpresa ante la ausencia de argumentos; ni, mucho menos, que López Obrador acepte que no cuenta con los suficientes simpatizantes para ganar la Presidencia aun cuando alegue que se trata de votos duros.

Otra versión, siempre esgrimida, es la de suponer que el 28 por ciento de indecisos, como un rebaño electrizado o robotizado, habrán de inclinarse sólo por una causa desplazando a las demás; en cada uno de los llamados “cuarteles de guerra” hay quienes restan importancia a los señalamientos, basados en datos irreprochables, sobre las vulnerabilidades de sus patrones y las desventajas de cada uno de ellos impuestas por las circunstancias. Es de esta manera cómo, antes de ocupar la silla residencial, quienes la buscan pierden todo contacto con los hechos y se dejan llevar por los cantos de sirena.

Los candidatos, de plano, no ven. A este columnista también le ocurrió la experiencia y por eso sabe de lo que escribe. Llega un momento en que se niega hasta la evidencia más clara con tal de sopesar de más los verdaderos alcances. Y éste es el momento en el que todos van por el ruedo de la política como los jamelgos de los picadores: con los ojos vendados para sólo olfatear la llegada dl peligro… como Gabriel Quadri quien debió explicar por qué viaja en un coche blindado y simula llegar a los actos en una combi austera o en un “Tsuru” como el que tenía López Obrador.

La sed del poder no se mitiga, al parecer, salvo con la pócima de la demagogia más elaborada. Y así, por desgracia, siempre.

La Anécdota

Hay quienes insisten en que no ven “simpático” (a) a ninguno de los aspirantes a la Primera Magistratura. Y es difícil que se animen, como hizo Vicente el de las botas, a jugar un poco con ellos mismos.

Recuerdo, en 206, en los plantones en el Zócalo lo que me dijo Andrés Manuel cuando le dije, al pie de su casa de campaña en cuya entrada las veladoras a la Guadalupana eran protagonistas, si podíamos hablar después, por la tarde, con mayor tiempo. Y me respondió:

–No te preocupes. Te voy a decir lo que decía el preso: vete a echarte un taco que, al cabo, yo estaré aquí.

Pero no estuvo: se fue a Chiapas a apoyar al candidato de sus preferencias, en alianza naturalmente.