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Las últimas semanas he seguido atentamente las noticias sobre un caso increíble de la corrupción. No, no es el caso de Wal-Mart en México, aunque sirve de buena comparación. El caso que he seguido es el escándalo de la llamada corrupción del ministro de relaciones exteriores de Noruega.
Déjenme explicar: hace unos años, el ministerio de relaciones exteriores de Noruega financió un proyecto de investigación sobre recursos naturales en una zona del polo norte. En este proyecto también invirtió una empresa noruega, que ha beneficiado de los resultados del proyecto. Muy bien, hasta que nos enteramos de que el ministro de relaciones exteriores conoce al empresario que también invirtió en el proyecto. ¡Ay ay ay! ¡Se conocen! ¡Han asistido a las mismas fiestas! Causó un circo mediático, y muchos noruegos pensaron que el ministro debería renunciar. Llegó a ser un caso ante el parlamento, para decidir si el ministro había actuado de manera incorrecta o no.

Lo interesante fue que el caso nunca trató del uso de los fondos. Todos estaban de acuerdo con que había sido una buena inversión para Noruega. Eso no era el problema. El caso se volvió algo infantil, un debate que se escuchó así tanto en los medios como en el parlamento:
“No somos amigos”
“¡Pero han ido a las mismas fiestas!”
“Apenas nos conocemos”
“¡Eres un corrupto que ayuda a tus amigos!”
“No”
“Sí”
“No”
“¡Sííí!”
“Fue el ministerio que dio de alta el financiamiento”
“Pero tú priorizaste el proyecto y te aseguraste de que fue financiado”
“Porque era un proyecto importante y bueno”
“¡No, porque eres un corrupto!”
“No.”
“¡Sí!”
Al final, el parlamento concluyó que el ministro no había actuado de manera incorrecto. Caso resuelto. El ministro, sin embargo, sale con unas heridas políticas y su relección se ve menos probable. Cuando menciono este relato infantil a cualquier mexicano, frecuentemente se queda en espera del chiste, del punto final, de la historia verdadera. Cuando explico que esto es todo, casi todos se ríen. Mucho. Y luego se ponen un poco tristes. Porque se ve una diferencia enorme entre este caso de “corrupción” noruego y el más reciente ejemplo de la corrupción mexicana, el caso de Wal-Mart.
Sin embargo, Noruega no siempre ha sido así. Y México no tiene que seguir siendo como es. Un ejemplo muy ilustrativo: piensen en la imagen de Alemania de hoy. Es prácticamente la imagen de la pura eficiencia, productividad, alta tecnología, y sobre todo: honestidad y transparencia. No siempre ha sido así: en el siglo XVIII, Alemania era percibido por sus países vecinos como el ladrón de Europa, la ineficiencia y la falta de progreso e innovación: unos ladrones y mentirosos corruptos. Piensen en la imagen de Japón: la pura honestidad y eficiencia, limpieza y pureza. Sin embargo, hace tan sólo 60 años Japón tenía fama de ser todo lo contrario. Los japoneses eran percibidos como unos flojos y corruptos sin futuro. Es decir, aunque la situación de hoy parece grave, todo se puede cambiar.
La diferencia entre las imágenes de Noruega y México representa una diferencia institucional y cultural real. Sí se necesita un cambio profundo para que en México se rechace tan profundamente la corrupción y para que los políticos corren un gran riesgo si deciden ayudarle a su amigo empresarial. Este cambio no va a ser difícil ni rápido. Pero no podemos permitir ponernos apáticos ante la cultura y las instituciones. Parecen unas de las cosas más difíciles de cambiar, y es fácil y a lo mejor cómodo pensar que el individuo no puede hacer nada al respecto. Pero simplemente no es la verdad. La cultura siempre está en procesos de cambio: es más fluido que fijo. Las instituciones reflejan esa cultura. Se pueden cambiar. Pero los cambios necesarios no son cómodos y afectan a todos. ¿Estás listo para la meritocracia? ¿Estás listo para que tus amistades no te puedan echar la mano y al contrario, te puedan perjudicar?
Publicado en la Revista Gurú Político (http://www.gurupolitico.com)  y reproducido con la autorización de su Director.
Maestra en Desarrollo Social de la Universidad de Cambridge, Inglaterra. Investigando temas de desarrollo social, drogas ilícitas, el régimen de prohibición y la guerra contra las drogas, crimen organizado, violencia y migración. Investigadora con varias instituciones a nivel internacional, en México, Inglaterra, y Tailandia con la ONU, la Universidad de Cambridge y el gobierno de Tailandia. Pasaporte noruego, mentalidad internacional, corazón mexicano. Correo electrónico: [email protected] Twitter: @kari_jacobsen