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Quien me haya leído en años anteriores, digamos durante la hegemonía priísta –“Los Escándalos”, 1999, o “Presidente Interino”, en 1993, por ejemplo-, sabrá muy bien sobre las severas críticas que dirigí al “partido casi único” rebosante de tecnócratas desconocedores de la geopolítica nacional. No me arrepiento ni un ápice por ello; al contrario, al paso del tiempo, algunos de las denuncias periodísticas que fueron consideradas “irresponsables” o “descocadas” por parte de la clase política de entonces, fueron confirmados por los hechos mismos, paso a paso, golpe a golpe. Luego se me quiso tildar de adivino o nigromante –guardando proporciones, claro, respecto a Ignacio Ramírez-, sugiriendo que había yo gozado de información privilegiada, esto es como si los críticos no pudieran pensar por sí mismos y fueran rehenes de la manipulación desde el poder. Absurdo.

La aclaración anterior viene al caso porque, de otra manera, podrían confundirse las intenciones de esta columna, al denunciar, públicamente, las malas artes del PAN y su candidata –considerando que este partido mantiene aún el usufructo del poder presidencial y sus derivados sobre los mandos de fuerza pública-, al considerar “u8n deber” de los mexicanos, “salir a las calles” a protestar contra la posibilidad de que el aspirante de la “oligarquía priísta” gane las elecciones de julio. Jamás creí que la descomposición que causa el ejercicio del gobierno carcomiera de tal forma las entrañas de un instituto, el PAN, cuna de no pocos tribunos que exaltaron la democracia como faro ideológico durante décadas. No lo entiendo y, la verdad, me repele.


Las frases de Josefina Vázquez Mota, señaladas líneas arriba, conforman parte de la estrategia ideada por el equipo del catalán Antonio Solá -¿se creerá con derechos a modificar el destino d México, manipulando a los ingenuos, por el hecho de que un coterráneo suyo, Jaime Nunó, es autor de la música de nuestro Himno Nacional, cuando en España nadie ha sido capaz de ponerle letra a la Marcha Real?-, para descalificar, denostar y derruir las campañas de los adversarios y ante la desesperación de que, a falta de unas cuantas semanas –poco más de un mes-, los momios no se han movido como ellos especularon al principio y la campaña oficialista de la señora Vázquez Mota sencillamente no despega.

Los exabruptos de Josefina, cada vez más ansiosa y angustiada, no sólo denotan el handicap tremendo que sostiene sobre sus hombros –consecuencia, sobre todo, por el pésimo desempeño social y político de Calderón y no por efecto de su perfil de dama decente-, sino su incapacidad ara avanzar lo necesario hasta obtener el triunfo comicial llegado el momento; y, por supuesto, no se percata que su llamado pudiera ser interpretado como una especie de asonada subversiva –llenando plazas y rúas para “evitar” que se vote por Peña-, porque no pueden superar, con razonamientos y propuestas, los números de Enrique Peña Nieto. Esto es: la democracia termina cuando comienzan los intereses de la cúpula de la derecha. Ya sabíamos que tal era el proceder de los conservadores de todos los tiempos pero no pensé que llegarían a tanto.

¿Y después que sucederá? Esto es, si no funcionan las marchas y los plantones contra el candidato Peña, doña Josefina exigirá la instalación de barricadas para impedir que los votantes priístas se acerquen a las urnas y retorne la oligarquía al poder presidencial? Todo ello, ¿con auxilio del ejército que antes llamaba reaccionarios a los panistas y ahora han encontrado una gran mina en explotación gracias a los vínculos non santos de algunos mandos castrenses comprometidos con la casa presidencial? Porque, sin duda, tal es el meollo de la álgida cuestión. ¿Llegarán las tropas a blindar las casillas con tal de que no gane el PRI de ninguna manera?¿No son capaces, los panistas y sus promotores y defensores, de convencer a la comunidad nacional con argumentos sólidos y acciones concretas?¿De verdad se creerán que Peña es únicamente obra de los medios masivos de comunicación si permitirse la menor autocrítica sobre el derrotero de las administraciones panistas y los saldos sangrientos –entre sesenta y ochenta mil víctimas- de la inútil guerra de Calderón: no ha disminuido en un solo gramo la exportación de drogas hacia los Estados Unidos de acuerdo al Departamento de Seguridad Nacional de la nación vecina. ¿A quién responsabilizamos de ello?

Esta es la razón, sobre todo, y no otras, por la cual la posibilidad de que el PRI cante victoria es muy alto, después de doc años en los que el PAN ni siquiera fue capaz de desarrollarse estructuralmente, esto es de crecer en entidades en donde todavía caree de presencia suficiente, concentrándose en algunas entidades del norte y Yucatán, en el sur. Ni siquiera en la ciudad de México, sede de los poderes federales, ha podido levantar cabeza contando con arribistas como doña Isabel Miranda –la admiro a pesar de su equivocado proselitismo-, que utilizan su drama personal para fincar liderazgos políticos inexistentes, ni ha podido retener algunas gubernaturas claves para ellos, entre ellas Nuevo León, Chihuahua, San Luis, Yucatán, Tlaxcala… y sólo ha vencido en alianza o cooptando a candidatos de otros partidos como sucedió en Baja California Sur. Ni modo que se suponga que tal es culpa dl PRI.

¿Por qué tienen tanto tiempo al retorno del PRI si, a través de doce años, el propio PAN requirió de los más célebres hijos de este partido para poder andar sobre los veneros del poder?¿No ha sido acaso Ernesto Zedillo, el recurrente consejero de Calderón y no fue lo mismo Salinas ante los Fox?¿Acaso buena parte del gabinete de ambos no tenía como procedencia común al PRI y optaron por darle continuidad a sus proyectos, haciéndolos propios by reconociendo, como lo hizo Vicente en 2000, que no tenía “suficiente informacióin” sobre los programas exitosos del priísmo, hablando específicamente del área educativa para atraerse a la poderosa maestra Elba Esther Gordillo? Qué no nos sigan llamando amnésicos para manipularnos, amigos lectores; pensemos y observemos un poco a nuestro alrededor antes de lanzar piedras sin destino.

Peña puede ser un mal candidato, entre otras cosas, sí, porque no ha podido desprenderse de algunas mafias –como tampoco lo han hecho la señora Vázquez Mota e incluso Andrés Manuel, rodeado de salinistas y ahora abrigo ¡de Manuel Bartlett!-, pero no por ello vamos a concebir una asonada callejera para detenerlo en ausencia de razones de peso para contrarrestar su ventaja. Porque si hay pruebas de su negligencia durante el episodio de la muerte de su primera esposa, ¿cómo es que el PAN, con la parafernalia presidencial, no ha sido capaz de reunir las pruebas necesarias para iniciar la correspondiente denuncia? Y así en todo lo demás.

Recordémosles a los panistas y en especial a doña Josefina –quien tan bien me cae-, que las elecciones se ganan con votos y si éstos favorecen al adversario, la peor postura, antinacionalista, es descalificarlo, cercarlo, infamarlo. No es moral, desde la política de alturas, clamar porque salgamos a las calles a detener a Peña Nieto por el hecho de que sigue llevando veinte puntos de ventaja. ¿Y si Peña convoca una marcha contra Calderón y Josefina?¿Creen ustedes que no encontraría eco o por lo contrario? Y lo mismo va para Andrés Manuel, siempre más cerca del PRI –fue miembro d este partido- que del PAN –la “iglesia” como él lo llama-, el mayor experto en concentraciones callejeras que no impidieron la usurpación de 2006. Vale la pena tomarlo en cuenta.

Debate

La democracia jamás puede ser sectaria, esto es erradicando a una fuerza política porque se le observe “peligrosa”, como en 2006 ocurrió contra la izquierda, o se considere nefasto el retorno de un partido por representar a la oligarquía –el PRI- cuando, desde el gobierno de Calderón, panista, se han prohijado algunas de las mayores fortunas del planeta en alianzas con un gobierno que olvidó las banderas sociales. ¿Cuál ha sido más aristócrata en el desempeño del poder? Y la aristocracia, no lo olvidemos, según la definición aristotélica, es la antítesis de la democracia.

Suponer que sólo es válida la expresión popular cuando avala al PAN y a la derecha es una auténtica perogrullada, sin sostenimiento alguno. Yo no voté por Fox pero siempre consideré que su elección había sido limpia, no fue impugnada y además histórica en cuanto rompió setenta años de hegemonía política. Creímos en el parteaguas y no llegó. A partir de entonces, supuestamente bajo criterios democráticos, han sido más violentas las acciones contra los periodistas y los personajes incómodos, esto es aquellos que revelan las corruptelas y nexos de los infiltrados por la delincuencia organizada. No puede hablarse, entonces, dee manera alguna, de avance.

Peor todavía: los gritos estentóreos de Josefina Vázquez Mota solicitando “salir a las calles” para protestar contra la ventaja de Peña Nieto es casi como una conjura destinada a un golpe de estado, precisamente contra la democracia. ¿Es éste el cambio que anunció Fox en 2000 para luego convertirse en adalid del fraude sofisticado de 2006? Sólo los tuertos no lo ven.

Bien dijo Juárez que “el triunfo de la reacción es moralmente imposible”; en los mismos términos, la continuidad del PAN en el poder no sería razonable ni moral ni históricamente correcta… a pesar de que los otros aspirantes arrastren un saco de inmundicias detrás de ellos.

La Anécdota

Solía preguntar:

–¿En qué se parecen López Obrador, Salinas y Juan Carlos de Borbón, rey de España?

La respuesta está en “Destapes” –Océano, 2004:

–Los tres, de manera imprudencial, mataron durante su juventud.

Ahora, ¿en qué se parecen Salinas y Calderón? Muy simple: los dos usurparon el poder –en 1988 y 2006- y ninguno pudo, a partir de este hecho, remontar la historia. La memoria, amigos lectores, es indispensable para no creer ni caer en monsergas.