yosoy

En días pasados apareció en El País una nota de Luis Prados sobre el movimiento #Yosoy132, en el que el autor intentó ofrecer un panorama general de la movilización estudiantil en boga en la ciudad de México —y ya en otras partes del país. Allí incluyó percepciones de distintos actores en cierto sentido informados al respecto, o que por la posición que tienen como “intelectuales” podrían aportar ciertos comentarios relevantes para que el público del diario español comprendiera al movimiento.
Bien decía José Woldenberg que lo que ocurre en las universidades no necesariamente tiene efecto en el resto de los jóvenes, en tanto la educación universitaria en este país es casi un privilegio. También señaló que la focalización del movimiento en la ciudad de México complicaba sus alcances, pues el DF no es representativo del país entero, y tiene razón. Otro de los entrevistados fue Jorge Zepeda, quien apuntó la importancia de que la movilización fuera de la clase media alta.

Dos elementos del movimiento han surgido como respuesta a estos planteamientos. El primero es que la movilización se ha propagado hacia las provincias mexicanas, incluso parece que empieza a establecerse colaboración y coordinación entre el movimiento en la ciudad de México y en las demás entidades federativas. El segundo tiene que ver con la percepción de Jorge Zepeda; finalmente, la movilización no es sólo de estudiantes de universidades privadas. La participación de los estudiantes de la UNAM y el Politécnico, así como de otras importantes universidades públicas como la UAM y la UACM es activa. Si bien no podría hablarse ya sólo de un movimiento de clase media alta, como señaló Zepeda, sí se puede hablar de un movimiento estudiantil universitario —cualidad a la que muy pocos en el país tienen acceso— que busca la inclusión de jóvenes que no necesariamente son universitarios, proceso que es complicado mas no imposible.
Otro de los entrevistados por Prados fue Federico Reyes-Heroles, quien anotó dos frases lapidarias: que la protesta [estudiantil] es “un arma política del Partido de la Revolución Democrática (PRD)” y que “se está cumpliendo la profecía que advertía que si AMLO no remontaba con su república del amor se radicalizaría” [asumiendo enteramente que los estudiantes universitarios hacen las veces de testaferros de AMLO]. Señala, además, Prados, “y añade con sorna: “La confusión política no es privativa de las universidades públicas”.
El jueves 24 de mayo, después de la marcha del 23, dos días después de la publicación del artículo de Prados, en El Colegio de México se ofreció un ágape fraterno dedicado a don Jesús Reyes Heroles. Esa convivencia inició después de la presentación de un libro de homenaje a él, que se adorna con dos artículos esenciales: el de David Pantoja Morán y el de Alberto Arnaut. (Homenaje a Jesús Reyes Heroles, México, El Colegio de México, 2011).
Ahí, a la sala Alfonso Reyes, llegó Federico, hijo de don Jesús. Alguien le preguntó cuál eran sus bases empíricas para las afirmaciones que había vertido en El País. Y la respuesta fue clara: en la primera marcha estuvieron los del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) y los de Atenco (“que son unos salvajes”), y además preguntó “¿qué hay más perredista que eso?”.
Y quizás tenga razón Federico Reyes-Heroles para sostener eso, aunque la evidencia que proporciona es demasiado débil. Por un lado, que esos dos contingentes hayan participado en la primera de las movilizaciones, no implica que detrás de todo el movimiento, que no es mínimo, esté el PRD o, mejor dicho, López Obrador. Por otro, ambos contingentes participaron, no fueron organizadores, ni fueron líderes de la marcha; simplemente se sumaron.
Y un movimiento que se asume amplio y tolerante, que tiene como fin último el ejercicio del voto informado, no podía exigir, en esa primera movilización, a los contingentes del SME y de Atenco que se fueran. Mucho menos cuando esos contingentes se unen casi a cualquier movilización, que es algo que debería saber Federico Reyes-Heroles. Amén que en la efervescencia de la movilización ya no es posible, o lo es arriesgándose mucho —incluso físicamente, impedir que se sumen algunos grupos, cosa que los estudiantes no estaban en posibilidad de hacer, además, insisto, dada la pluralidad y apertura que asume el movimiento.
De tal suerte que la posición de Federico Reyes-Heroles más parece el interés por que una fantasía se convierta en realidad, que por describir a la realidad misma. Bien lo dijo Álvaro Cueva en su artículo del 27 de mayo en Milenio: “o su objetivo es el de confundir a la sociedad, o el de trivializar algo que sí es importante”, refiriéndose a los “opinadores” que, según dice, tratan de desprestigiar al movimiento. Probablemente sea posible diferir de Cueva en este último punto. Quizá no todos buscan desprestigiar. Habrá algunos, como Federico Reyes-Heroles, que creen verdaderamente en lo que dicen, que lo hacen porque esa es su idea genuina de la movilización estudiantil. Porque yo dudo que, tan sólo por la memoria del insigne hombre que tuvo por padre, Federico Reyes-Heroles mienta de forma flagrante. Más bien lo que hizo, en este caso, fue sacar una conclusión de premisas insuficientes para fundarla.
Publicado en la Revista Gurú Político (http://www.gurupolitico.com)  y reproducido con la autorización de su Director.

Tesista de licenciatura Política y Administración Pública en El Colegio de México. Comentarios: [email protected] Twitter: @jhcolorado