Campañas negativas; son ejercicios de comunicación, publicidad, proselitismo y persuasión política usados por candidatos y partidos, articulados con base a la vulnerabilidad y errores de los opositores, exponiendo ante la opinión pública los aspectos, hechos y acciones más desfavorables y cuestionables de la historia de los contrincantes (Martínez y Salcedo,1997, Lau y Pomper, 2001). Como parte de estas campañas negativas se resaltan los defectos, reales o inventados, del oponente, presentándolos como un peligro o amenaza para los votantes (Mark, 2004).
Guerra sucia; es el uso indebido, inmoral, carente de escrúpulos de la mentira, la infamia y la calumnia en política.
La diferencias entre campañas políticas negativas y la guerra sucia, es sutil limitada por una tenue, o amplia franja de acuerdo a la calidad moral y principios de los contendientes políticos.
Quienes buscan ganar a cualquier precio una elección, la cruzan, muchas veces azuzados por los malos resultados de sus propias campañas y/o por “asesores” que esperan con ello un cambio súbito en las tendencias que les son desfavorables.
Este tipo de estrategias de campaña, siempre han existido, es lamentable que se hayan evidenciado y ampliado su utilización a partir de las elecciones realizadas en el año 2006, en esos proceso se documentaron casos emblemáticos de sus efectos, que lamentablemente las validaron en el arsenal de los políticos.
Su utilización en Jalisco permitió al final, tumbar al puntero de la campaña, el abogado y notario público Arturo Zamora, ex presidente municipal de Zapopan, para que ganara Emilio González Márquez del PAN. En paralelo, en el contexto federal la utilización del eslogan; “AMLO, Un peligro para México” fue la punta del iceberg de una campaña total, en todos los medios, para evitar que Andrés Manuel López Obrador, ganara esa elección.
Para estos trabajos el PAN importo de España a José Sola, un “talento” experto en lides electorales ligado al Partido Popular y a Aznar, a quien en diciembre del 2006, le otorgo la carta de naturalización nacionalidad mexicana, seguramente “por servicios prestados” para que Calderón fuera Presidente.
Sin embargo los resultados obtenidos en ese año se convirtieron en fracasos en el 2007, cuando en Yucatan el candidato panista Xavier Abreu Sierra, acepto los servicios de Sola y la estrategia “negativa”, que finalmente le llevo a la derrota.
Hoy este turbio personaje, está detrás de la campaña “Peña no cumple sus compromisos, es un mentiroso” y de otras acciones que el PAN llama “campaña negativa”, pero que han cruzado la franja ética y moral para llegar sin rubor a la arena de la “guerra sucia”, el estercolero sin más.
Lamentablemente, hoy quien en el 2006 fue víctima de la campaña “AMLO, Un peligro para México”, hoy hace uso y abuso de estas estrategias, buscando alcanzar al puntero Enrique Peña Nieto.
En los últimos días han surgido nuevos escollos para él y su proyecto. Es un contexto anunciado de tiempo atrás; el enjuiciamiento a Tomas Yarrington en Texas; el inminente proceso contra ex servidores públicos de Coahuila subalternos de Humberto Moreira y, probablemente de Mario Marín antes de la elección; a los que hay que agregar la aparición aparentemente espontanea del movimiento “Yo soy 132” caracterizado por su anti priismo, y agregarle el estreno del film “Colosio”, programado para la próxima semana antes del segundo debate.
Estos hechos (y los que están por ocurrir) sin duda, han afectado las intenciones de voto. Desde la perspectiva estadística de la encuesta diaria de Milenio; GEA –ISA, entre el 15 y el 31 de mayo, la preferencia bruta (descontando a los indecisos) de Enrique Peña Nieto bajo 1%, al pasar del 43.7% al 42.8%; en el mismo periodo Andrés Manuel López Obrador se posiciona del segundo lugar al pasar del 24.7% al 27.4%, un aumento de 2.7% (10%), mientras que Josefina Vázquez Mota fue relegada al tercer lugar a pesar de que aumento en el periodo 1.6% la preferencia al pasar de 25.1% a 26.7%.
En este contexto, a un mes de la elección solo cabe recordar que en el año 2000, Francisco Labastida había sido alcanzado por Vicente Fox en las intenciones de voto y que en el 2006, Felipe calderón estaba a un punto de hacer lo propio con Andrés Manuel López Obrador, la apuesta a la guerra sucia para la última etapa de la campaña, es un precio muy costoso para nuestra sociedad y para la democracia.
Lo aquí señalado no permite esperar de los actores políticos, candidatos, partidos y correligionarios altura de miras y comportamiento ético, las secuelas de la elección las pagaremos todos.
























