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Claro, es la hora de los últimos retoques y, entre todos ellos, llama a mi curiosidad un hecho curioso: a la candidata del PAN. Josefina Vázquez Mota, a quien la mayor parte de las encuestas la sitúan en el tercer lugar de la justa presidencial aunque otras la colocan al parejo de Andrés Manuel López Obrador –es un vaivén permanente como el de un péndulo incontrolable-, le han ofrecido dos salidas concretas: sumarse a Andrés Manuel para “evitar el retorno del PRI” –el estribillo antidemocrático-, o sumarse, como sugirió el ex presidente panista Manuel Espino, a Enrique Peña Nieto. Tal demuestra que, con o sin recursos financieros, el problema gordo de Josefina es otro, precisamente sus contaminadas interrelaciones con los operadores de Los Pinos. Para quitarle el sueño a cualquier candidato.

La presunta claudicación de la dama –rumor que cada día cobra mayor fuerza-, vistas su ansiedad y angustia reflejadas en su rostro antes sereno, y la inseguridad de la dirigencia panista que no sabe cómo sacarla del atolladero a menos de un mes de la jornada electoral, es revelación clarísima de que las líneas de apoyo cambiaron desde la sede del titular del Ejecutivo siguiendo las herencias de Ernesto Zedillo en materia de alternancias. Quizá Calderón estima que le será menos complejo enfrentar el futuro negociando, bajo el agua, con los adversarios de su propio partido con la promesa de asegurar una “transición tranquila”.

Por otra parte, también en fase de desesperación –la de mayor peligro-, López Obrador regresa al antiguo tono sarcástico de antaño. De la sentencia aquella de “los quiero desaforadamente” –porque sabía que sería despojado de su fuero, injustamente hay que decirlo, en abril de 2005-, al “vamos a descopetarlos” –en alusión al “copete” de Enrique Peña Nieto-, no existe gran diferencia. Y tal es demostración de que la ecuanimidad dura lo mismo que un medicamento: doce horas, a lo máximo, si el tratamiento es continuo y disciplinado, dos condiciones ajenas al candidato de la izquierda quien no se anima, por ejemplo, a analizar la labor de los grupos subversivos en Oaxaca y Chiapas a los que debió encontrarse durante los cuatro meses que dedicó a recorrer “hasta el último rincón” de sendas entidades. Esto último, de lo que alerté hace dos años, pasó al terreno de lo anecdótico pero ahora revive ante la seguridad del protagonista de llegar a la victoria porque sus simpatizantes ofrecen “votos duros” a diferencia de las inducciones no seguras de Peña Nieto. Y esto sólo porque él lo dice, en una de sus tantas apreciaciones personales sobre las que no admite la menor réplica. Todo nos suena, claro, muy democrático.

Peña Nieto, mientras tanto, agudiza su tendencia a vadear las polémicas con lugares comunes y evitar confrontaciones. Le han dicho que para ser presidente es necesario parecerlo –como los toreros-, y comenzar a hablar como tal, esto es sin entrar en provocaciones ni hacerlas. No explica, por ejemplo, las tormentas dentro de su propio cuarto de guerra, tras la aprehensión de varios generales vinculados con su seguridad personal ni el seguimiento judicial contra el ex gobernador de Tamaulipas, Tomás Yarrington Ruvalcaba, después de haber sido “suspendido de sus derechos” –lo que equivale a una expulsión de forma- dentro del PRI por sospechas sobre haber “lavado dinero” proveniente del narcotráfico. De ser igual la justicia, nadie podría explicarse dos hechos notorios:

1.- Que Manuel Bartlett encabece una campaña por otro partido, de la izquierda por él reprimida en los ochenta, sin renunciar al PRI, a despecho de la historia y de sus antecedentes: jamás ha sido siquiera investigado respecto a los crímenes contra periodistas durante la siniestra administración del ya extinto Miguel de la Madrid, cuando él fungió como secretario de Gobernación, a pesar de haber sido involucrado, directamente, por quien fue director de la célebre Federal de Seguridad, adscrita a Gobernación, José Antonio Zorilla –preso en Santa Marta Acatitla-, en su declaración ministerial –la reina de las pruebas en el argot de los abogados-.

2.- Que Emilio Gamboa, quien fuera secretario privadísimo del mencionado señor De la Madrid, prosiga en campaña, en busca ahora de una senaduría para satisfacción de Manlio Fabio Beltrones, sin siquiera aclarar las acusaciones concretas –dieciocho menciones nada menos-, sobre su presunta participación en la red de abusos sexuales a menores en Cancún. El personaje, amigo de algunos de los protagonistas principales de la deplorable trama, sobre todo de Kamel Nacif, el célebre “rey de la mezclilla” que no se detuvo hasta encarcelar a la periodista Lidia Cacho quien lo denunció. Y hasta ahora no se ha dado justicia alguna para resarcir de los padecimientos sufridos por la colega mencionada ni a la sociedad afrentada por los gravísimos delitos en contra de la moral público y la protección a los niños. Como si nada, el yucateco Gamboa sigue, como perrito faldero, a Peña Nieto y éste no sabe cómo quitárselo de encima para no disgustar al influyente Beltrones quien acaso aspira a la secretaría de Gobernación como compensación por sus servicios claudicantes. El priísmo, por desgracia, es así.

Y no debemos soslayar la pretensión de Gabriel Quadri de la Torre –ya me obligó a aprenderme su nombre completo por su dinámica en crecida-, de exigir el voto del gremio magisterial –muy influyente bajo la conducción de la “maestra” Elba Esther Gordillo-. Ya sabemos ahora quién es el verdadero “Chucky”, aunque no todos los mentores parecen seguros de actuar, esta vez, en bloque, porque cada sección ya hizo sus propios compromisos ante la ausencia de orientación concreta por parte de la poderosa dama quien, por esta vez, optó por dejar que las aguas tomaran su cauce… y hasta ahora no se ha provocado ninguna inundación aunque se prevé que ocurran en los días por venir, esta misma semana acaso.

El inminente debate entre los postulantes tendrá efectos irreversibles pero no definitorios. Ni en caso de una derrota evidente del puntero de la justa, podría estimarse que los más de veinte puntos de ventaja de éste sobre sus seguidores se acorten significativamente cuando falten tres semanas para emitir los votos, salvo que le descubran algún delito o le comprueben una negligencia criminal, como ha sido el propósito de los operadores catalanes al servicio de la señora Vázquez Mota y cuyos errores han repercutido en beneficios para Peña. Esto es: equivocándose pueden presumir de que siguen “haciendo presidentes”. Al rato, con la guía del argentino Messi, propondrán que Cataluña sea el nuevo imperio concentrador de sabios manipuladores en marketing político. Una verdadera potencia que recoge millones de los ingenuos que no conocen suficientemente a su país… como la dama en campaña. Y de allí a incordiar y silbar el Himno Nacional sólo habrá un paso… como ya sucedió en Madrid.

Finalmente, como ya expusimos, siguen aumentando los fenómenos regionales: es posible que el PRI venza en la contienda presidencial, pero pierda todas o casi las gubernaturas en disputa, incluyendo, desde luego, la jefatura del gobierno del Distrito Federal. Un signo no de democracia sino de hastío ciudadano y de pobreza en la clase dirigente.

Mirador

De viejos lastres está llena la perspectiva política del presente. El pretendido “cambio” -¿alguien se acuerda de él?-, no sirvió siquiera para sacudirse a los políticos sinvergüenzas ni para reconstruir la historia patria liberándola de mitos y de matones encumbrados por sus respectivos grupos de influencia. Así, siguen reposando en el Monumento a la Revolución quienes mataron unos a otros o exiliaron unos a otros, en una confusión interminable que tiene su asiento, por desgracia, en la ausencia de voluntad política para hacer valer a los verdaderos héroes de la patria; y por ello, claro, no faltan quienes pidan la repatriación de los restos de Don Porfirio, el dictador, como si los españoles pudieran hacer lo mismo con Franco a quien se piensa retirar de su inmenso mausoleo en el Valle de los Caídos, es decir la línea contraria y razonable.

No puede concebirse que se “suspenda de sus derechos partidistas” a Tomás Yarrington y se permita que Manuel Bartlett, en campaña a favor de López Obrador, diga seguir siendo priísta para vergüenza de quienes se sienten sus correligionarios. ¿No es suficientemente vergonzosa la impunidad histórica sobre uno de los mayores predadores políticos de todos los tiempos?

¿Y qué decir de Gamboa Patrón, el yucateco de las mil caras, mencionado como pederasta nada menos –una especie de Marcial Maciel de la política-, intocable todavía hoy desde los tiempos lejanos del extinto Miguel de la Madrid cuando, todavía joven, integró la célebre cofradía de la mano caída? Intocable, insolente, el patán Gamboa pretende permanecer en el poder… ahora a la sombra de Peña Nieto. ¿Y cómo puede confiarse en éste con la basura que arrastra sin poder desprenderse de ella? Esto es lo que debiera explicar en el debate entre los presidenciables, sobre todo respecto a la figura de Bartlett: ¡sería interesantísimo ver como se desgarran, defendiéndolo, Peña y Andrés Manuel, en la coyuntura entre el pasado y el futuro!¿Tendrá los arrestos para ello, doña Josefina, o de plano deshojará la margarita de la claudicación?

En México se puede casi todo, pero no faltarle el respeto a la inteligencia de los mexicanos con tanta frivolidad.

Por las Alcobas

Caído Tomás Yarrington -¿hace cuánto tiempo este columnista lo señaló?-, había que poner la mirada sobre su célebre antecesor Manuel Cavazos Lerma, el hombre que no se quitaba el sombrero ni para bañarse, protegido por la cúpula priísta desde hace años. El personaje se hizo célebre por “desflorar” –así se dice en el norte cuando se viola a las menores de edad-, hasta a las hijas de sus partidarios como un dictardocito de caricatura; también por enamorar a las alcaldesas jóvenes mientras negociaba con las grandes mafias. Fue, sin duda, el origen del mal en nuestra entrañable Tamaulipas, en donde nací y a donde quiero volver cuando no sea necesario reunirme con descendientes o favorecidos de las viejas mafias. ¿O nos vamos a olvidar igualmente de Eugenio Hernández Flores quien propició, en buena medida con su tolerancia, la resurrección del “cártel del Golfo”?

Por vergüenzas no terminamos.