La Canciller, Patricia Espinosa Cantellano, tuvo a bien, con la solemnidad del caso, sumarse a la protesta internacional convocada por la ONU sobre la matanza de cien civiles en Houla, Siria, el pasado 25 de mayo. Seguramente hará lo mismo con la tragedia de Qatar –en donde trece niños murieron en un centro comercial de lujo, quemados-, o con los demás dramas de civiles en las regiones sin control o bajo un dominio territorial del crimen organizado… como México.
¿Recordará la señora Espinosa, tal atildada e inútil, que en nuestro país las organizaciones civiles registran entre sesenta y ochenta mil víctimas inocentes de la guerra de Calderón supuestamente contra el narcotráfico; y que las estadísticas oficiales lindan los 45 mil muertos con los recortes acostumbrados para bajar los decibeles del escándalo? Lo más grave de esta perspectiva, vuelvo a insistir sobre ello, es que los sacrificios no han servido para nada: no disminuye el tráfico de estupefacientes hacia el norte, de acuerdo a las estadísticas del Departamento de Seguridad Interna de los Estados Unidos, con lo cual cada cruz ha sido colocada en la zona prohibida de la impunidad a donde sólo tienen acceso los grandes personajes de la vida nacional, con los ex presidentes en primer plano incluso aquellos beneficiados por su ancianidad, como es el caso de Luis Echeverría quien debió permanecer en arraigo poco más de dos años; tal ha sido el peor bochorno para un ex mandatario mexicano. En otras naciones, la aprehensión de personajes de similar talla ha vindicado las acciones democráticas; en cambio, en México, la injusticia sostenida las denigra. ¿Será lo mismo a partir de diciembre de 2012 como parte de los acuerdos de una posible segunda alternancia?
Dicen que los mexicanos son los peores propagandistas de nuestro país. Es cierto: no ocultamos, hipócritamente, cuanto sentimos en la conciencia. Si los españoles tienen capacidad para olvidarse de Franco y sus horrores, y hasta de la latente amenaza del ETA que parece dispuesta a volver a las andadas, a cambio de hablarnos de las bondades del azafrán y del llanto alegre del flamenco, los mexicanos, en cambio, llamamos a las cosas por su nombre y clamamos por una estabilidad que sea consecuencia de acuerdos sustantivos para el futuro sin dependencias de por medio. ¿O será acaso que los grandes inversionistas internacionales, en plan d comprar barato, nos hayan convertido a todos en plañideras de nuestras desgracias? El hecho es que no podemos dejar de conmovernos con las dantescas imágenes, cotidianas además, de cadáveres colgantes y ejecutados “en caliente”, además de los desaparecidos en manos de los grupos criminales más aviesos, porque sencillamente las percibimos muy de cerca y no son referente lejano… como lo sucedido en Siria.
En México, la operatividad de la justicia es al revés. Cuando visité Hermosillo, hace unos meses, no pudo substraerme de una inmensa inquietud interior, dolor diría mejor, al observar los retratos de los 49 niñas y niños quemados en la guardería ABC, mientras los responsables, por negligencia, siguen en funciones de operadores políticos al servicio del PAN. No se olvide que, además, el recuento de 79 pequeños lesionados es suficiente para señalar con dureza a Juan Molinar Horcasitas, ex director del IMSS, y al ex gobernador Eduardo Bours, quienes gozan de libertad ni siquiera condicionada. Un panista y un priísta pueden negociarse entre ellos; un trueque, digamos, bastante infortunado para la ley.
La diferencia en la actitud de los funcionarios dl gabinete calderonista es patológica. Se conmueven por la tragedia de trece niños en Siria –un hecho conmovedor, sin duda-, pero se cruzan de brazos ante lo sucedido en Hermosillo bajo el flagelo de la política: no se olvide que la conflagración devastadora comenzó en los depósitos aledaños cuando algunos esbirros se apuraban quemando papeles delicados de la administración Bours. ¿No es esto suficiente para perseguir y confinar al ex mandatario que, con esta acción, prohijó la victoria del PAN en la entidad? Francamente, este columnista se sentiría avergonzado de conquistar el poder por esta ruta de ignominia.
Pero hay bastante más: dos padres de las víctimas infantiles de Sonora fueron aprehendidos por pintar leyendas frente al Tribunal Superior de Justicia en la capital de la entidad; es decir, quienes no han recibido justicia fueron condenados a la injusticia carcelaria por no olvidar a sus niños muertos. Me parece atroz, en cualquier civilización moderna, un comportamiento judicial como éste cuando, además, las mafias dominan el ámbito y las interrelaciones con ciertos gobernadores, por sendos litorales mexicanos, confirman el grado profundo de contaminación existente y que ya rebasó a los mandos castrenses.
Esto es: cuando a las cárceles van las víctimas y no los victimarios, el estado fascista impone las reglas y destruye la moral política. ¿Cómo no expresarlo en la campaña presidencial en la que los postulantes sólo buscan la manera de cubrirse las espaldas eludiendo los temas más sensibles, las heridas abiertas de una sociedad en estado de indefensión?¿Se atreverán, en Guadalajara, a señalar a los políticos de uno y otro partido, presuntos culpables de las mayores atrocidades? Así, como el genocidio de Tlatelolco –que hace llorar a López Obrador cuarenta y tres años después de consumarse-, se aplica la medicina del tiempo para hacernos olvidar y convertir a los hechos ominosos en lejanos referentes históricos… para soltar lágrimas sobre las tumbas infamadas por la impunidad.
En México se ha extraviado a tal punto el concepto de justicia que no extraña la potencialidad de las mafias ni la inutilidad de la “guerra de Calderón” que convirtió al sexenio en curso en el de la violencia. Por ello insisto en que sufragar por la continuidad política es moralmente imposible, como diría el Benemérito. Y tal se produce en el escaso juego de Josefina Vázquez Mota quien ahora se queja de la falta de presupuesto. ¿No se habrá dado cuenta de que están usando su decencia –la de ella, sólo la de ella-, para medrar detrás de bambalinas? Mucho temía que tal fuera a pasar y así lo examinamos en su oportunidad; ahora, a unos días del segundo debate entre postulantes presidenciales, ya es poco lo que puede revertirse.
No creo, en fin, que tal encuentro, programado para el domingo 10, cambie las tendencias. Es costumbre vieja, además, que quienes ganan los debates no triunfan en las urnas… desde que Diego Fernández de Cevallos se impuso a su rival Ernesto Zedillo en el primer ejercicio de esta naturaleza efectuado en el país… apenas dos meses después del asesinato de Colosio y con el país inmerso en una de sus grandes depresiones sociales y políticas. Como sucede con los seres humanos, las naciones también enferman; y aquella vez, de manera irreversible, el virus del miedo nos contagió a todos en condiciones peores a la lamentable “influenza” que dañó sensiblemente la imagen de México como si se hubiese convertido en un moderno Valle de los Leprosos. Otra de las grandes aportaciones de Calderón y sus sabios, entre ellos el doctor José Ángel Córdoba Villalobos, incapaz de frenar el cacicazgo del “Yunque” en Guanajuato y compensado por ello con la Secretaría de Educación… para entretener a la poderosa maestra Elba Esther Gordillo mientras pasa el temporal electoral. ¿Democracia?
Debate
Enrique Peña Nieto, a finales de 2009, se confesó y admitió ser padre de dos hijos fuera de matrimonio, uno de ellos con vida –“2012: La Sucesión”, Océano-; y ahora, casi res años después, Josefina Vázquez Mota, pide perdón por las “omisiones y faltas cometidos por nuestros gobiernos” –esto es por las administraciones panistas desde 2000, con doce años de errores sin interrupción-, ante una sociedad agraviada por las víctimas inocentes y, sobre todo, la ausencia de explicaciones específicas y de seguimiento a los casos criminales: sólo se investiga el cinco por ciento de los asesinatos a mansalva; los demás, acaso, forman parte de los acuerdos soterrados entre el régimen ominoso y las mafias con dominio territorial.
Recuérdese que una de las condiciones para que u8n estado sea declarado “fallido” es la pérdida de lo que se denomina “monopolio de la violencia”, esto es de la capacidad de fuego de los gobiernos para someter a los hampones y proteger a la ciudadanía. Cuando esto ya no es así, entonces toda la estructura del poder político se viene abajo. ¿Es esto lo que están esperando, elecciones de por medio, los grandes “capos”… o prefieren el continuismo porque con éste sólo les hacen cosquillas sin modificarse rutas ni aterrizajes seguros en la Unión Americana? Valga la interrogante para meditar con seriedad cuáles son los verdaderos intereses en los que se asienta la falsa solidez de la administración federal en curso. Pobre de Calderón si no lo entiende.
Menos mal que Josefina se muestra humilde; triste, para ella, que tenga la obligación partidista de dar la cara por los enormes fallos de sus gobiernos, como los nombró, para justificarse un poco ante algunas de las víctimas más señaladas, no quienes lucraron con sus dramas personales en pos de candidaturas sino de quienes mantienen su movimiento evitando contaminaciones partidistas… hasta ahora. Lamentablemente, el perdón de la señora Vázquez Mota es sesgado y no tiene la fuerza de la denuncia; es apenas un esbozo de autocrítica. Pero vale, al fin y al cabo, para entender al presente.
La Anécdota
Los altos funcionarios de Televisa, entre ellos Leopoldo Gómez González-Blanco, sostuvieron que su empresa no gobernaría los comicios y que debía tomarse muy en cuenta la fuerza de las redes sociales. Así me lo confió el citado cuando cerraba los trabajos de “2012: La Sucesión”, un libro que merece una nueva lectura al calor de los últimos acontecimientos. Le pido a los amables seguidores de esta columna que lo hagan si cuentan con alguno de los ejemplares que pudieron circular.
Ahora, el gran heredero del emporio, el inteligente y calculador Emilio Azcárraga Jean, como si se tratara de un rey hablando a sus súbditos cautivos, anunció solemne:
–Televisa sí transmitirá el debate entre aspirantes presidenciales del 10 de junio en su canal estelar…
¡Eureka!¡Llegó la democracia! Dicen…
























