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Los políticos, y en especial los candidatos a distintos cargos de elección popular, ya no ocultan sus preocupaciones sobre la fuerza intrínseca de las llamadas “redes sociales” sobre las que advertimos, de cara al inicio del proceso sucesorio en el régimen federal, desde 2009. Tres años, nada menos, en los que se tildó de “especulaciones” cada análisis referido al fenómeno cibernético como si éste, por sí, fuese sólo parte del anecdotario sin capacidad real para voltear unos comicios o, sencillamente, paralizarlos, una estrategia que no está muy alejada de la mente de los pro-continuistas a la orden de Los Pinos ante la escasa movilidad de su quejumbrosa candidata, Josefina Vázquez Mota.

En aquellos días, por cierto, una fuente de inteligencia militar me advirtió sobre la cadena de mensajes en mis correos electrónicos en distintos sentidos, esto es de acuerdo a la dirección de los señalamientos sin el visto bueno de ninguna de las dirigencias partidistas; otros colegas, la mayor parte, acostumbran a votar antes de tiempo para inducir a sus lectores; no yo. Me dijo:


–Hemos detectado que el noventa por ciento de este tipo de envíos –con palabras altisonantes y descalificaciones sumarias-, provienen de blockeros reclutados por López Obrador aunque que no sabemos si lo hacen por voluntad propia o guiados por un interés mercenario.

–¿Y el otro diez por ciento, general? –pregunté con aire de ingenuidad-.

–Ya se imaginará usted –respondió perfilando, con señas, la banda presidencial-.

Entre “dios” y el diablo. Más atrás, los priístas reaccionaron con cautela, rebasados, en tiempo y espacio, por sus adversarios. Por eso no cuadran las cuentas y las encuestas: en el mundo cibernético, paralelo a los hechos pero más real y tangible para cuantos están inmersos en el mismo, la ventaja de Peña Nieto se desvanece y las distancias se acortan, de tal manera, que casi se planeta una conflictiva similar a la de 2006 cuando el supuesto “empate técnico” se resolvió con los artilugios de la alquimia más sofisticada de cuantas se han dado y conocido en México. Esta es la verdad. Mientras los jóvenes “hackers” avanzan las convocatorias populares –y los mítines masivos- se diluyen… por suerte de los mensajes que circulan por los twuitter a mayor velocidad que los rumores inducidos desde el poder y transmitidos por el canal de las estrellas que antes daba la única línea reconocida en la información.

Fue esto –debo reconocerlo- lo que avizoró Leopoldo Gómez, subdirector de Noticias de Televisa, cuando me habló, en febrero de 2010, de aquellos instrumentos que serían muy influyentes durante la campaña presidencial y que ni siquiera conocíamos entonces. Y no sólo hablamos de las redes sociales cibernéticas sino de cuantas surgen de los dramas personales como el movimiento encabezado por el poeta Javier Sicilia, quien al perderle el miedo a la muerte, cuando su hijo se fue, ha ganado el privilegio de decir cuanto le pegue la gana sin rendir cuentas de sus actos a nadie. Una especie de libertad encapsulada por el resistente sistema político nuestro. Algo similar ocurre a este columnista y a cuantos claman por un ejercicio democrático que no pase por los filtros de la conveniencia by del establishment.

Por lo anterior se explica, claro, el despegue de Andrés Manuel López Obrador quien, de plano, ya se adueñó del segundo lugar en las preferencias públicas para dolor de los catalanes expertos en marketing de importación. Y es que, claro, quien se asa seis años como caballero andante, hasta por el último rincón de la geografía patria, lleva mucha ventaja acerca de los conocimientos sobre la idiosincrasia nacional; en esta línea los extranjeros quienes se autodefinen como “hacedores de presidentes” en su WEB –Ostos$Sola-, no han logrado esta vez equipararse, como lo hicieron en 2006, con el tenaz, observador e incansable Andrés Manuel quien, ahora sí, alega no tener la misma energía de antes para hacerse de cierta credibilidad en torno a sus nuevas propuestas “amorosas”. De no ganar podría sustituir a Corín Tellado en Vanidades. Es buen momento para avizorar un plan “B”.

El caso es que, pese a las múltiples advertencias, en el PRI, y en menor escala en el PAN y PRD, no se blindaron suficientemente en cuanto a los alcances de las redes sociales en donde algunas estrellas de la farándula tienen más de un millón de seguidores a los que pueden influir sin la menor cortapisa. Por ello, claro, se indignan los expertos en estos menesteres y cuantos juegan a estar en todas sin moverse, salvo las yemas de los dedos claro, abstraídos totalmente de su entorno y sin capacidad para el disfrute de otras sensaciones. He observado, recientemente, a centenares de jóvenes con el celular o el IPOD en sus manos, febrilmente contagiados del furor por entrometerse en las vidas ajenas o convertir las suyas en rehenes permanentes de los cibernautas, aislados de los espectáculos con tal de seguir en línea. Es una adicción que quien sabe cuanto daño puede causar porque, hasta hoy, nadie ha investigado sus efectos síquicos que han modificado incluso las rutinas hogareñas.

¿Qué se está reparando soterradamente? El experimento de #YOSOY132 ha tenido, hasta ahora, un éxito innegable aunque lo minimicen los expertos en logística de cada partido. Pese a ello, otros lo toman muy en cuenta, a tres semanas de los comicios, midiendo las posibilidades de expansión de estos mecanismos en las vísperas y durante la jornada electoral de junio primero y especialmente después del debate programado para el domingo próximo; será entonces, sin lugar a dudas, cuando no pocos políticos vivan su penitencia por la torpe negligencia hacia un tema y un espacio poco explorados por ellos.

Repito, ¿el mundo cibernético no puede ser regulado para perseguir conductas antisociales tales como el terrorismo, de hecho, y el irresponsable actuar de los usuarios que puede traer consecuencias colectivas graves, incluso tragedias personales? Una cosa es la libertad –a la que siempre defenderé- y otra el libertinaje al que se acogen cuantos creen tener el derecho de hacer ruido por conocer ciertos mecanismos vociferantes; lo mismo que los fundamentalistas y los guerrilleros sólo que a través del mundo cibernético. Por ello es tan seria la cuestión y, por la misma causa, la advertimos desde hace años cuando observábamos su crecimiento imparable y los efectos posibles sobre una sociedad poco informado y muy dada a seguir las modas y las inducciones desde el poder. Por desgracia, los mexicanos nos pintamos solos para hacer el caldo gordo.

Pero, ¿hasta dónde serían capaces de llegar los internautas y los twuitteros, para enfatizar su rabia hacia el estado de cosas? Me temo que no tienen límites porque, de alguna manera, se sienten fuera del entorno natural, cooptados por la única realidad que reconocen: la cibernética y la capacidad de comunicarse sin diatribas… supuestamente. Porque, además, el supuesto anonimato es fácilmente recurrido por las redes oficiales que si no actúan es, sencillamente, porque les conviene el desarrollo de los cibernautas, acaso controlado desde los búnkers multimillonarios de la Secretaría de Seguridad Pública, tan atenta de los críticos y de los líderes sociales que van sobre rutas bifurcadas desde hace largo tiempo.

En fin, las redes cada día pescan más adeptos, en la medida en que pierden simpatizantes los candidatos. Un fenómeno digno de estudiarse.

Debate

Hasta el momento han fallado los antídotos contra la manipulación antidemocrática porque los candados que se colocan enseguida son abiertos por los cerrajeros del mal. La alquimia, la hemos llamado así durante décadas, es cada vez más sofisticada y tiene aterrizajes forzosos, insólitos, que sólo se aprecian cuando sorprenden a la multitud poco informada. De allí nuestra preocupación por cuanto pueda suceder el ya cercano día de los comicios federales, con trampas colocadas por doquier y equipos de guerra inexpertos y escasamente conocedores de la compleja y plural geopolítica del país.

Por ejemplo, en 2006, las encuestas pusieron en jaque a un descuidado Lóp0ez Obrador quien pensó que con diez puntos de ventaja podría incluso hacerles desplantes a los dueños de los mayores capitales mexicanos, incluso quien fuera su aliado en principio, Carlos Slim Helú. Y se equivocó, en redondo, en cuanto las casas encuestadoras, por su cuenta y riesgo, dieron el pretendido vuelco para favorecer el continuismo y dejar en la indefensión al primero de los beneficiarios de los tales sondeos, Andrés Manuel, cuya credibilidad también se tambaleó cuando, como plañidera, se quejó de los encuestadores que antes le habían beneficiado. Un golpe a cuatro bandas.

Y en este 2012 son las “redes sociales” las que tienen detenido, y rebasado, al mediático aspirante del PRI quien avanzó en la vanguardia y ahora, de acuerdo a los sondeos diarios, pierden puntos por partida doble sin que suceda ninguna catástrofe. Las inducciones no pueden ser más forzadas. ¿Tendrá margen para detener la tendencia a la baja precisamente después del segundo debate entre postulantes presidenciales? La única manera, creemos, es que pase a la ofensiva ponderada, sin exaltaciones ni exabruptos, sin con documentos probatorios en las manos, para responder cuanto pretendan decir sus opositores –que es mucho-. Nuevamente: como sea, el PRI ya recuperó su capacidad de parecer el partido gobernante sin haberse producido la segunda alternancia. En caballo de hacienda.

La Anécdota

Y a estas alturas, ¿sirve para algo la Fiscalía Especializada en delitos contra la Libertad de Expresión? Debo exponer que me han tratado respetuosa y dignamente pero sin llegar a soluciones de ninguna índole, como siguiendo la consigna: déjenle hablar mientras corre el tiempo. Una estrategia vieja que ha permanecido en el sector público desde que la negligencia y la simulación se instalaron en las instituciones.

En mi caso, conociendo hechos y circunstancias irrefutables, se ha limitado a citar a las contrapartes, una y otra vez, hasta el cansancio. Y de allí no hemos podido pasar. ¿Deberé esperar veinte años… si los vivo.