Ya viene el debate y sería ocioso negar que existe cierto interés morboso. En su desesperación, los candidatos que no van en punta se atreverán a sacar los trapos sucios de Enrique Peña con el riesgo de que éste responsa en similares términos? La prudencia de los operadores priístas detiene al aspirante porque, insisten, caer en provocaciones podría suscitar polémicas innecesarias en la fase final de la carrera. No estamos de acuerdo con este criterio; precisamente, la ciudadanía tiene derecho a conocer los perfiles verdaderos de los postulantes y actuar con conocimiento de causa y no como los jamelgos de los picadores en las plazas de toros, con los ojos vendados ante el peligro inminente de la devastación política.
El hecho incontrovertible es que cada uno de los candidatos llega desgastado, profundamente, a este segundo encuentro oficial, bajo los auspicios de la nueva fiscalía electoral, el IFE, traspasadas las funciones del organismo por los caprichos de sus consejeros. Al rato van a exigir lavabos junto a las casillas para que la votación fluya armoniosa y saludable; o que se le corte un dedo a cada elector en vez de pintarlo con la célebre tint6a indeleble a la que ya se encontró antídoto. Más tardan en ponerse de acuerdo que en encontrar la pillería. El IFE acusa al señor Calderón por haber distribuido cartas de agradecimiento por los resultados –dice- del FOVISSSTE; es una buena fórmula para distraer la atención de lo verdaderamente grave: el financiamiento malsano de los expertos en marketing político, importados desde Cataluña –que no de España porque reniegan de ella-, puestos al servicio de Josefina Vázquez Mota cuando se suponía que ella debía ganar a como diera lugar; después las perspectivas cambiaron ante la imposibilidad, hasta el momento, de alcanzar al vanguardista de la justa, Peña Nieto. Dieciséis puntos de ventaja siguen siendo una barbaridad si se pretende remontarlos en veintidós días. Pero, desde luego, las sorpresas se dan con enorme frecuencia por gracia de los sabios alquimistas mexicanos, los mejores del mundo, unidos a los catalanes que se jactan de ser “hacedores de presidentes” por el mundo como si con ello crearan un nuevo mundo conquistado desde Barcelona; cuando menos, en la FIFA, una de las mafias más poderosas del planeta, ya mandan. Cuidado.
La decente Josefina –cualidad que retomará cuando pase el temporal proselitista, sin duda alguna-, insiste, en su desesperación, en que ella sí capturará al “Chapo” Guzmán, quien figura entre las mayores multimillonarios del planeta, desde las incomodidades de sus refugios serranos en el norte del país. Si tal es su propósito y convencimiento, ¿por qué no le exige al actual mandatario, su correligionario Calderón, que actúe en este sentido con toda la fuerza del poder público?¿Por qué arriesgarse a perder la elección y que sus palabras se las lleve el viento? Además, para producir una oferta de esta magnitud se requiere de cierta información. ¿La tiene ella gracias a la intervención de la firma Ostos&Solá o como consecuencia de las filtraciones de Genaro García Luna en el último intento de darle oxígeno a quien tanto ha caído en las encuestas? Ya ni siquiera Calderón se atreve a mostrar sus números al respecto para presumir que “ya está muy cerca de Peña” como hizo hace mes y medio. El fracaso se avizora cercano y rotundo. ¿Y “El Chapo”? Debe estar feliz por servir a la propaganda oficial.
Son tantos los pecados distribuidos entre todos los partidos postulantes -¡hay quiénes creen en la independencia de Gabriel Quadri, entenado de la maestra Gordillo por donde quiera vérsele!-, que difícilmente puedan concitar a favor de alguno de ellos la voluntad de los llamados “indecisos” mientras aumenta la posibilidad respecto a que éstos sean la primera fuerza por encima del ganador de los comicios federales, reducido al sufragio de menos de la mitad de los votantes. Otra vez, la primera minoría sin segunda vuelta posible. ¿Es ésta la manera de construir la democracia o la demostración de que la negligencia sobre el particular tiene el sello del verdadero poder para prolongar el sistema aún si se produce una segunda alternancia? La respuesta, amables lectores, es bastante obvia.
No, francamente no creemos que el segundo debate modifique los momios ni sea determinante. Ya sabemos, por las experiencias anteriores, que quienes ganan discutiendo pierden en las urnas en una extraña configuración política que se aleja de cuanto sucede en el llamado “primer mundo”. En México, no lo olvidemos, el prestigio de la víctima se eleva cuando se convierte en el blanco de todos los embates y eso, precisamente, pudiera ser el sustento de la estrategia de Peña Nieto quien, desde luego, pretende aparecer ponderado, lejano a las críticas reiterativas y con la convicción de que sus números le cobijan. Y, como sería conveniente, cambia de estrategia y se va a la carga, también podrá obtener mejores números. Ya no habrá tiempo para más… salvo, insisto, si se produce una catástrofe y nos cae encima otro meteorito como el de Chicxulub.
Lo que es verdaderamente interesante es la controversia por el segundo sitio; esto es, si Andrés Manuel, con sus incongruencias respecto a cuanto hizo y dijo hace seis años, logra rebasar a la derecha y la deja en un tercer sitio con una apretada cuota de legisladores que no podrían influir gran cosa en las iniciativas a tomar desde el primero de diciembre próximo. Es obvio que muy maltrecha, la derecha, lenta como es, tardaría otras siete décadas en asimilar la lección. Me apenan sus partidarios, de verdad, sobre todo aquellos convencidos de que esta corriente es la que podría llevarnos a la democracia aunque en doce años, como ya explicamos, retrocedimos; y las huellas están muy a la vista.
Desde luego, aún es tiempo para las claudicaciones no descartables: esos tres o cuatro puntos que ha levantado Quadri acaso le resulten indispensables a la causa peñista mediante una negociación soterrada con la “dueña” del PANAL, la abeja madre Elba Esther; y no puede eliminarse la posibilidad, si bien más remota, de que ceda el PAN a favor de quien negó legitimidad alguna al gobierno de Calderón, porque lo contrario, conociendo el carácter de López Obrador, no cuadra ni en las mentes más febriles. En cambio, las mujeres dolidas siempre saben expulsar sus rencores de la peor manera imaginable. De allí nuestra duda sobre cómo se comportará la inteligente dama quien tanto aborrece “la mezquindad”.
Nunca, en la historia reciente –digamos desde aquel primer debate entre presidenciables de mayo de 1994, sobre la sangre política derramada-, ls candidatos habían llegado a la final del más corto proceso electoral con tanto desgaste y cargando con el hastío –y hasta el asqueo- de la mayor parte de los mexicanos. Jamás había brotado tanta desconfianza entre unos y otros y, sobre todo, entre los electores e incluso el “primer mandatario” quien, ansioso, busca asegurar su porvenir para vivir fuera de México bajo el cobijo de la impunidad. Como siempre. Sólo que ahora el conglomerado ha madurado un poco más y los partidos no están tan desamparados como antes cuando todos los controles los ejercía el Ejecutivo federal. Siquiera esto hemos ganado los mexicanos pero no como concesión gratuita desde el poder sino por la indignación de un conglomerado que requiere, primero, vivir en paz; y después, comenzar de nuevo.
De nuevo, la encrucijada es tremenda; otra vez, estamos en el filo de la navaja mientras los políticos juegan a la retórica y no se atreven a mostrar pruebas.
Debate
Josefina Vázquez Mota, reina de corazones, no sabe qué está pasando. Su impresionante escalada dentro del PAN, imponiéndose a las corrientes presidenciales, le animó a considerarse ganadora; y ahora no quiere ni ver las encuestas porque no encuentra resquicio para su paz interior. Me da la impresión de que ha regresado a su perfil de funcionaria ansiosa, dubitativa, preocupada por defender un proyecto cuyas aristas ella conoce perfectamente. Imagínese: perder por intentar rescatar la figura de quien más daño le ha hecho, Calderón precisamente. Una disyuntiva tremenda.
Llevará al debate todas estas dudas, que acaso ya son sospechas, mientras sus adversarios se preparan para contender verbalmente entre ellos, marginándola, como si se diera por hecho que está fuera de la contie4nda tal y como sucedió con Roberto Madrazo en 2006 aunque éste fuera de la parafernalia oficial. Es muy posible, dadas estas circunstancias, que los nervios vuelvan a traicionarla y con ello se pondría fin eventual a sus aspiraciones cada vez más lejanas. Para evitarlo requeriría presentar pruebas y denuncias formales contra sus adversarios pero éstos pueden responderle. ¿Se atreverá?
Mientras tanto, Peña y López Obrador alistan sus recursos, los retóricos sobre todo, para comprometer a su7 rival. Peña poco ha coincidido con López Obrador –salvo en el primer debate-, y Andrés Manuel no ha dejado de considerarlo un aspirante “mediático”, e4l personaje telenovelero fuerte de las grandes empresas privadas de televisión. Pero, sea como fuese, es quien llega con amplia ventaja a tres semanas de los comicios; y tal será muy complejo revertir… y después explicarlo y justificarlo en los barullos poselectorales. De nueva cuenta estamos frente al riesgo de la parálisis si alguno no cree en el desenlace final. Estamos atorados en el mismo punto, por la negligencia del Legislativo, desde hace tres sexenios. No es poca cosa, desde luego.
La Anécdota
A López Obrador hace falta que alguien le haga la pregunta incómoda: este comunista lo ha inte4ntado pero el personaje no quiere correr riesgos. Igual que el subcomandante Marcos quien aceptó una entrevista con Scherer siempre que fuera muy, pero muy “light”. Y así se hizo.
Va la interrogante:
¿Durante su largo recorrido por Chipas ny Opaxaca –cuatro meses en cada entidad-, nunca se encontró con los subversivos que di8cen estar allí? Cualquier cosa que responda es de enorme interés: si no se aparecieron, ello supondría una tremenda simulación; y sí se vieron las caras, ¿qué plantearon entre ellos ante el postulante de la izquierda? Esperamos, con ansia, esta respuesta.
























