Hace algunos meses, Roy Campos, uno de los vanguardistas en materia de encuestas en nuestro país, me explicó, en defensa de sus métodos y a cuestionamiento expreso sobre la incredulidad que me causan estos ejercicios, que para une empresa especializada exhibir estadísticas que, a la hora de la verdad, sean superadas por los hechos mismos y con gran diferencia además, conduce, sin remedio al desprestigio de la misma que basa su fortaleza, sobre todo, en la credibilidad; esto es, se puede equivocar por un margen de hasta tres o cuatro puntos, pero no más porque ello conllevaría la sospecha no sólo por un trabajo mal hecho sino fraudulento, engañoso para la ciudadanía con aviesos fines.
De allí el escozor provocado por la encuesta publicada por el diario Reforma –Norte en Monterrey-, en la que sólo se registra una delantera de cuatro puntos a favor de Peña Nieto y respecto al candidato de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador. Lo extraño, precisamente, es que los demás sondeos sostienen al priísta adelante con un handicap entre dieciocho y veintidós puntos. Una diferencia abismal que obliga a pensar en la falta de escrúpulos de alguno de los grupos contratados ex professo para medir diferencias y simpatías en el terreno electoral.
Si Reforma cayó en el garlito y mintió expresamente ello conllevaría varias consecuencias:
1.- La pérdida de credibilidad del diario y de los encuestadores al servicio del mismo.
2.- El hecho de darle armas a López Obrador, conocido por sus enrabietadas controversias poselectorales, sin salidas laterales y sólo basadas en la idea de contar voto por voto… hasta que él resulte ganador; de no ser así, la protesta continuará bajo la sospecha de la ciudadanía, ya escamada por cuanto sucedió, para vergüenza de la administración anterior, hace seis años cuando, de plano, el desaseo de los escrutinios demostró que el PAN no había ganado.
3.- No estamos seguros de que López Obrador actúe de igual manera, esto es limitándose a un plantón bastante inocente –pese a algunas molestias causadas a los capitalinos-, y a un discurso enfebrecido, virulento, cada vez más radicalizado para negar legitimidad alguna al gobierno de Calderón aun cuando los beneficiarios perredistas de curules y escaños entraran a las Cámaras sin el menor pudor político, esto es desconociendo a un gobierno del que comenzaban a formar parte. Una especie de pretendido autogolpe al estilo de Comonfort.
4.- Las largas incursiones por Oaxaca y Chiapas de Andrés Manuel nos hacen suponer que soswtuvo encuentros con los grupos belicosos abundantes en las llamadas zonas de conflicto. ¿Qué trataron en ellas?¿Cuál fue lo acordado, si lo hubo? El abanderado de la izquierda ignora el tema y considera que tocarlo –como cualquier señalamiento que no sea incondicional-, es parte de una nueva conjura o “complot” en su contra, más ahora que está tan cerca –según dicen quienes asegurar que lo publicado en Reforma es serio-, de alcanzar al “puntero” cuando nos separan de la contienda electoral apenas veinte días.
Desde luego, el segundo debate, como se esperaba, no aportó gran cosa para ampliar el conocimiento sobre la idiosincrasia de cada postulante –aun el incómodo Gabriel Quadri en su doble faceta de supuesto ciudadano encadenado a las faldas de “la maestra” Elba Esther Gordillo-, y su perfil personal antes de subrayar la extensa hoja de méritos impolutos en la vida política. Y no podía ser de otra manera bajo formatos rígidos que sólo posibilitaban algunas insinuaciones viscerales, con escasez de pruebas, sin profundizar en los reproches.
Así ocurrió, recordémoslo, cuando López Obrador, en 2006, en el único encuentro al que asistió porque sentía segura su ventaja, desarmó al panista Felipe Calderón revelando las turbiedades de su cuñado, Hidelbrando Zavala Gómez del Campo, en cuanto a su capacidad para disponer del Padrón, electrónicamente, y manipular con el mismo la propaganda “personal”… de Calderón, naturalmente. Fue una jugada de enorme trascendencia que, sin embargo, fue apenas considerada por los rectores de la contienda porque, según dijeron, no alteraba el resultado de los comicios ni existían “pruebas suficientes” de la intromisión alevosa e ilegal de los tan cercanos familiares del actual mandatario federal, los reyes de la simulación contemporánea. ¡Cuánto le aprendieron al doctor Zedillo!
Alguna de las partes, sin duda alguna, está mintiendo descaradamente, creyéndose con el poder suficiente para alterar la voluntad general, acaso sólo por la soberbia de ser capaza de contrarrestar el peso de las televisoras con coberturas mayores y capacidad de inducción más amplía. Quizá por lo mismo se han dado las batallas mediáticas entre el grupo Reforma, Proceso y las dos grandes cadenas de televisión privada. Nada es coincidencia cuando se trata de dominar el destino del país. Y Reforma también quiere su parcela… como la que le obsequió Manuel Camacho Solís –no lo olvidemos- durante el desempeño de su “regencia” para posibilitar la edificación de su palacete sobre Avenida Universidad. ¿Una factura pendiente o bien correspondida? Porque resulta que ahora, Camacho es uno de los ideólogos más respetados por López Obrador a pesar de ser autor de las alianzas, en 2010, que tanto incomodaron a éste… cuando menos, en apariencia.
Si bien este columnista no cree en las encuestas, por lo descrito y mucho más, también ha propuesto que cese el libertinaje con el que se formulan de cara a los intereses de los contratantes y sin ponerse a deducir sobre las posibles consecuencias; más bien prefieren hacerse de oídos sordos cuando, en realidad, se está jugando con la estabilidad nacional siguiendo el derrotero de las propias ambiciones y caprichos. (No se olvide, en este sentido, que el presidente del Grupo Reforma, Alejandro Junco de la Vega, optó por trasladar a su familia, de Monterrey a Texas, por considerar que estaba en el punto de mira de las bandas de secuestradores y envió una carta descalificando, de hecho, la labor de las autoridades encargadas de la seguridad pública, desde la punta de la pirámide, esto es el titular del Ejecutivo federal. Tal es revelador de su ánimo, claramente revanchista, y de su postura aparente a favor de una izquierda cuya amalgama puede durar poco más de un suspiro… desde su presunta victoria si la alcanza.
La situación, por tanto se tensa. Más después del segundo “intercambio de ideas” que dio lugar a cruces cruzados en los que Josefina Vázquez Mota con Quadri, pasaron a un segundo término, dejando la pelea entre el PRI y el PRD y sus aliados. La noticia del día es que la derecha, de cara a los comicios de julio, está completamente vencida, marginada, inutilizada por los chantajes internos y los enfrentamientos viscerales entre los presidencialistas y una dirigencia partidista francamente acotada. Nunca pudo Josefina Vázquez Mota recuperarse de los golpes de salida cuando la euforia, por la conquista de la candidatura, no le permitió sopesar hasta que punto le habían rodeado e inutilizado sus mezquinos contrarios dentro de su propio instituto político, rebosante de misoginia.
La dama es, desde luego, una víctima de la peculiar manera como entienden la democracia los defensores de la vieja aristocracia de siempre; y López Obrador, por su parte, está metido en la cueva de lobos, la misma a la que tanto señaló como refugio de las mafias, con tal de ganar a zancadas inexplicables la Presidencia. Tal es el verdadero desafío.
Debate
Enrique Peña Nieto, en sus días de gobernador mexiquense, tuvo el cuidado de estar pendiente de todos los ex presidentes:
–Hasta Fox –me dijo, subrayándolo casi con emoción-. Al único al que no veo, porque viene muy poco a México, es a Zedillo.
Luego hablamos de las mafias que arrastra y de que era momento de sumar, insinuando que tendría después la capacidad by autoridad para sacudírselas; a mí me sonó a utopía igual que cuando Vicente Fox, ungido presidente electo en agosto de 2000, me dictó aquella sentencia inexplicable e indefendible:
–Dejemos que las mafias se vayan solas cuando entiendan que ya no tienen cabida en el México democrático.
Una tremenda ingenuidad que, debo confesarlo, no tuve la capacidad de replicar porque sólo entendí la profundidad del aserto cuando llegué a casa yu revisé sus palabras. Reacción tardía que, sin embargo, no fue óbice para entender que el nuevo mandatario llevaba la negociación como parte de su alma política y estaba en disposición de que se reacomodaran cuantos quisieran sumarse a su propio redil. Tal fue el único cambio real de aquella época negra.
El papel de Zedillo es el más incierto. (En la tauromaquia, el toro incierto es aquel que al regatear y “vender” sus acometidas se vuelve el más peligroso poniendo en aprietos a su lidiador). Por una parte, tiene colocados a personajes claves dentro del equipo peñista –Enrique Martínez, ex gobernador de Coahuila, y Liébano Sáenz, su ex secretario privado-, pero no cesa de dar consejos a la casa presidencial acerca de su peculiar visión de la perspectiva política actual. Como tener un pie en cada banda por si acaso… aunque sólo falte que gane quien no tiene nexos con él y ello debilite sus influencias ¡ante el gobierno de Washington.
En ausencia de gobierno –insisto- los “ex” han obtenido la relevancia que antes, de acuerdo a una regla de oro, les era negada.
La Anécdota
Cuando le pregunté a Fox, vencedor, cómo habían actuado los dirigentes panistas durante su campaña presidencial en 2000, me constestó9 textualmente:
–Ellos, en plan de puros pen… no quería que ofreciera ni prometiera nada. ¿Y así como demonios iba a ganar las elecciones?
Y, claro, las ganó porque nos dio vuelo a todos los mexicanos.
























