El encuentro organizado la noche de ayer por el IFE ratificó que en la recta final rumbo a las elecciones del 1 de julio la pelea será entre Andrés Manuel López Obrador y Enrique Peña Nieto, y que en lo que resta de la campaña los oponentes del candidato de las izquierdas endurecerán la guerra sucia en su contra y recurrirán a cualquier estrategia para privarlo de un nuevo triunfo electoral, como quedó demostrado con los ataques que le dirigieron tanto el priista como Josefina Vázquez Mota y Gabriel Quadri.
Es claro que para la derecha representada por los abanderados del PRI, del PAN y del PANAL López Obrador es el enemigo a vencer, pues con su triunfo se acabarán los privilegios fiscales de los grandes grupos económicos, se pondrá en marcha una verdadera revolución educativa que desterrará el poder que concentra el sindicato de Elba Esther Gordillo y se atacará de raíz el desorden administrativo que hace posible que el 3% de los altos funcionarios obtenga el 26% de la billonaria nómina gubernamental que actualmente maneja el gobierno calderonista.
Estamos seguros que luego de su participación en el debate Andrés Manuel López Obrador obtendrá la simpatía de la mayoría de los millones de votantes indecisos, pues fue el único de los aspirantes que hizo planteamientos claros y precisos para sacar del estancamiento económico y social a nuestro país y brindar un verdadero clima de paz y tranquilidad a millones de ciudadanos que han sido víctimas de la violencia generada por la guerra contra el narcotráfico encabezada por el PAN.
A diferencia de sus oponentes, quienes durante el encuentro antepusieron las difamaciones y las mentiras a las ideas, el candidato de las izquierdas definió de manera precisa que el proyecto que encabeza es el único que puede brindar verdadera justicia a los más de 60 millones de mexicanos y mexicanos pobres a quienes prometió que el dinero que se obtenga del combate a la corrupción se utilizará para impulsar a quienes trabajan en el campo y para bajar el precio de los energéticos que lapidan el poder adquisitivo de las familias.
Como lo dijo el líder el Movimiento Progresista, en un México gobernado por la izquierda todos los ciudadanos y ciudadanas van a tener garantizados sus derechos: se respetarán las creencias religiosas de la sociedad, las preferencias sexuales de sus integrantes y la diversidad de opiniones que prevalece en los gobiernos de izquierda. Asimismo, las mujeres podrán ejercer su sexualidad con libertad, y a diferencia de lo que sucede en los estados gobernados por el PRI y por el PAN, de ninguna manera se les tratará como criminales por decidir de manera soberana sobre su cuerpo.
Con Andrés Manuel en la presidencia, se atenderá de manera prioritaria a los jóvenes para evitar que tomen el camino de las conductas antisociales, quienes actualmente son rechazados de las escuelas públicas tendrán garantizado un lugar en el sistema de enseñanza pública, y gracias a una reforma laboral que privilegiará a dicho sector se acabará con los millones de hombres y mujeres a los que se les niegan oportunidades de trabajo por falta de experiencia.
El llamado de Andrés Manuel López Obrador a la unidad es clave para evitar que la guerra sucia y las campañas de miedo eviten que los ciudadanos salgan a las urnas. Por eso hoy más que nunca el candidato de las izquierdas debe abonar en su discurso a la tranquilidad en todos los sectores productivos y políticos del país. Por ello es importante su declaración anticipada de que no habrá en su gobierno venganzas políticas ni cacería de brujas, pues desde ahora la apuesta es a que la transformación del país se haga de manera ordenada y sin conflictos.

























