Así lo describió Reuters, una de las más importantes agencias noticiosas internacionales, que funciona en realidad ya más bien como consorcio internacional multimedios: “Las facciones armoniosas, juveniles y nítidas, el cabello peinado impecablemente con una raya a la izquierda, las camisas blancas, inmaculadas, lograron romper el hechizo que arrojó del poder al antiguo partido gobernante de México.
“Sólo un toque de gris en las sienes denota el paso del tiempo en Enrique Peña Nieto, el hombre que trajo al PRI de regreso. Ganador de las elecciones presidenciales del domingo, es la cara nueva y triunfante de su partido”. Reuters, como en general los medios internacionales que he monitoreado desde fines de marzo, no omiten los aspectos controvertibles o negativos: por ejemplo, que se le acusa de ser un maniquí hueco, de servir como instrumento de otros.
Pero la noción de que Peña Nieto es el “cachorro” de alguien, resulta absurda, asegura Domitilo Posadas, conocido y reconocido militante del PRD, quien fue legislador de oposición en el Congreso del Estado de México. Como gobernador, ha comentado Posadas, Peña Nieto trató a la oposición con respeto y siempre cumplió su palabra. “Si gana, el Peña Nieto que me gustaría ver como Presidente, es el que conocimos en el Estado de México: abierto al diálogo, tolerante y dispuesto a aceptar propuestas de otros”.
Al candidato presidencial triunfante –conforme al PREP–, le rodea un equipo de colaboradores preparado capaz, entre quienes destaca Luis Videgaray, su coordinador de campaña. Al respecto, Peña Nieto comentó este lunes: “Como lo afirmé durante la conferencia de prensa que ofrecí esta tarde, en los próximos días conformaré un equipo de transición. Estará integrado por expertos en políticas públicas, que prepararán la reforma hacendaria, energética, laboral y de seguridad social”.
El virtual ganador de las elecciones presidenciales pidió púbicamente al candidato del llamado Movimiento Progresista, Andrés Manuel López Obrador, “respeto y civilidad” ante la decisión tomada por los mexicanos el domingo en las urnas. “Debería darse una actitud de respeto y civilidad que llevara al reconocimiento de la decisión de la mayoría de los mexicanos”, dijo Peña Nieto en un encuentro con un grupo reducido de corresponsales extranjeros.
Hasta el momento, la respuesta de López Obrador –y de sus seguidores más radicales—ha sido una catarata de insultos y descalificaciones, más el anuncio de que impugnará el proceso electoral debido a las irregularidades que según él fueron cometidas sistemáticamente en todo el país. Tomará las decisiones correspondientes, dijo, una vez que se lleve a cabo el cómputo distrital.
En un posible panorama de tensiones, enfrentamientos, movilizaciones y acciones desestabilizadoras, el movimiento originalmente estudiantil #YoSoy132, que ha sumado alianzas con los bajos fondos de la protesta profesional, como la CNTE y el SME, amenaza con impedir la toma de posesión de Peña Nieto como Presidente de la República, así como con tomar las instalaciones del IFE.
Las tendencias registradas por el PREP hasta el momento de escribir esta columna, con el 98.79% de las actas de casillas capturado, el candidato del PRI sumaba el 38.14% de los votos, seguido por López Obrador, con el 31.65%; y en tercer lugar, Josefina Vázquez Mota, con el 25.41%. En número de sufragios, la diferencia entre Peña Nieto y López Obrador era de más de tres millones: 18 millones 710 mil 525 para el primero y 15 millones 527 mil 749 para el segundo.
Las encuestas de opinión previas a las elecciones, asignaban al candidato del PRI una diferencia de entre 11 y 20 puntos porcentuales sobre López Obrador. El margen ha sido menor, de alrededor de siete puntos, pero más que suficiente para que no hubiese duda sobre los resultados. Los medios internacionales consideran que aun así, se trata de una diferencia significativa.
La participación de la ciudadanía fue del 63%, la más alta de la historia de México en una jornada electoral que transcurrió virtualmente sin problemas. Hubo un millar y medio de denuncias, que están siendo investigadas por la Fepade; más las consabidas acusaciones de clientelismo y compra de votos, magnificadas en el caso del PRI, al tiempo que se omite que los partidos que apoyan a López Obrador, así como el PAN, recurrieron al mismo esquema, por lo demás generalizado en virtualmente todo el mundo.
Peña Nieto declaró que hay que dejar atrás las tensiones y diferencias y “propiciar y alentar la reconciliación nacional”. Hizo un reconocimiento a los demás candidatos, por su aportación al desarrollo de la democracia; destacó la importancia de poner fin a la violencia que afecta a la ciudadanía, crear riqueza para distribuirla con sentido social, llevar a cabo reformas estructurales urgentes e improrrogables y gobernar para todos, para quienes votaron por él o contra él, para los jóvenes inconformes, cuyas demandas entienda y reivindica; y reafirmó que no hay marcha atrás, porque este PRI es el del siglo XXI.
El país espera que demuestre que su partido ha cambiado de manera fundamental; que abata la violencia y la pobreza, impulse el crecimiento económico con sentido social y logre la aprobación de reformas importantes en los sectores educativo, energético, laboral y fiscal.
Subsiste por lo demás la preocupación estadunidense, insidiosa forma de presión, de que el nuevo gobierno pueda ser tolerante con los cárteles del narcotráfico. Peña Nieto rechazó tajantemente toda posibilidad de tolerancia o negociación con el crimen organizado, pero fue claro también en cuanto a sus prioridades en este sentido: ocuparse de la seguridad y la tranquilidad de los mexicanos, antes que de las necesidades de otros países.
El colofón esperado: el PAN fue expulsado del poder con severidad. Gerardo Albarrán de Alba escribió para el diario argentino Página|12: “En realidad fue repudiado, al extremo de caer al tercer lugar en la elección presidencial… La debacle del PAN se reflejó también en las seis elecciones locales para gobernador, en las que habría perdido Jalisco a manos del PRI”. Jalisco ha sido gobernado por panistas durante 18 años. La victoria del PRI fue el más duro golpe al panismo, que vivió literalmente una catástrofe, anunciada y merecida.
Publicado en la Revista Gurú Político (http://www.gurupolitico.com) y reproducido con la autorización de su Director.
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