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Entre el poderío del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación y las fallas sistémicas de las instituciones responsables, se ha perdido el foco de atención en los problemas que aquejan verdaderamente la calidad en la educación en México. La situación actual del sistema educativo mexicano ha sido objeto en la realización del documental ¡De Panzazo! que, en el tiempo que lleva de proyección, no ha logrado atraer el tema a la agenda pública de manera considerable.

Últimamente, los temas más controversiales y de mayor discusión parecen ser un excelente motivo para el rodaje de documentales llevados a la pantalla grande. En las últimas semanas, se proyectó en las principales salas de cine el documental ¡De Panzazo!, codirigido por el periodista Carlos Loret de Mola y el cineasta Juan Carlos Rulfo. El documental, a pesar de contar con una intensa difusión en los medios (por obvias razones) no ha alcanzado cobertura total en el territorio nacional. ¿Consecuencia?, ¿Desinterés?… creo que quienes hemos tenido la (póngale el adjetivo que quiera) experiencia de acudir a ver dicho documental no aventajamos por mucho a quienes, por otras fuentes, se involucran en el conocimiento y estudio de la situación de sistema educativo mexicano.

¿Quién se aventuraría a señalar que la corrupción dentro del gremio magisterial y la falta de diseño en el sistema educativo no determinan el desarrollo de una sociedad? En México, más que enfrentar problemas coyunturales, se adolece de un mal crónico dentro del aparato de enseñanza que educa a nuestra juventud.

Parece ser que de la mano con la primavera, llegan las amenazantes movilizaciones de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de le Educación (CNTE). Inseguridad o miedo, lo que sea que motive a los profesores a oponerse a medidas como la evaluación universal es simplemente un síntoma de un equivocado sentimiento de infranqueabilidad. Decir que tal medida es un acto de provocación denota la falta de profesionalismo de los catedráticos. Aún más injustificada resulta la oposición a una evaluación universal cuando -de entre los datos que presenta el mencionado documental- se sabe que una cuarta parte de los maestros con 10 años o menos de servicio obtuvo su plaza por herencia o por medio del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE).

En contraste con el bullicio mediático que representa la quejumbre de los responsables de la educación en México, existen comunidades que, por mucho gasto público que aparentemente se destine a la educación, aun no tienen una cobertura educativa de calidad. A la par, la  oferta y distribución de profesores en México no obedece a la necesidad de proveer de educación al total de la población. Entre tanto, los profesores van creciendo en su llamada Carrera Magisterial, procurándose una mejor condición laboral de acuerdo a lo planteado en el propio programa. No se objeta el punto, pero eso nos lleva a pensar en el olvido en el que quedan las zonas rurales e indígenas con alto rezago y marginación social, donde los maestros con una carrera más longeva prescinden enseñar. Vale la pena cuestionar, entonces, si una mejor preparación como maestro permite discriminar entre cuáles ciudades, comunidades y escuelas se prefiere trabajar. Como resultado, la población de las zonas más pobres dependen, en parte, del voluntariado para la función de enseñanza y no tanto de la vocación de los normalistas.

Los programas del Consejo Nacional de Fomento Educativo representan el esfuerzo por acercar la educación a la población mexicana de bajo nivel socioeconómico. Sin embargo, por más que se tome en cuenta y estemos conscientes de la condición de exclusión y rezago en la que se encuentra la población objetivo de tales programas, toda política será insuficiente en tanto no se identifique una verdadera vocación de servicio en la profesión de nuestros maestros. Calidad e igualdad en oportunidades deberían ser dos de las características a considerar en la educación de toda persona que ingrese al sistema educativo mexicano. Por un lado, contando con calidad en la educación en las escuelas mediante personas con verdaderas aptitudes para enseñar y una infraestructura a la altura de las capacidades del gobierno mexicano; por otro lado, garantizando el acceso a la educación independientemente del lugar de residencia del alumnado potencial.

Ahora bien, ¿qué papeles pueden jugar los gobiernos locales cuando las máximas atribuciones sobre educación corresponden al gobierno federal? No muchos, por tanto, la educación es un tema que exige coordinación entre niveles de gobierno para su mejor funcionamiento. Y aquí cabe preguntarse si el diseño en los métodos pedagógicos contempla la diversidad cultural en todo el territorio nacional. Estamos lejos de poder implementar en México un sistema de administración de la educación basado en la escuela, en el que se descentraliza la autoridad hasta el nivel de escuela y, de esa manera, tomar mejor en cuenta las problemáticas locales referentes a la educación.  Si bien algunos gobiernos municipales han podido emprender algunas acciones para mejorar las condiciones de la educación en sus territorios, éstas obedecen más a asuntos como el otorgamiento de becas o a la rehabilitación de la infraestructura escolar; es decir, el papel de las autoridades locales se ha mantenido al margen de las modificación o adiciones a los mapas curriculares y del diseño de contenidos relacionados al entorno de cada localidad.

Estamos en un punto en el que habremos de pensar en reformar la manera en que se provee de educación a la niñez y juventud mexicana; en el que consideremos incluir cada vez más al tercer sector para cubrir los huecos aún existentes que no permiten un desarrollo social de la mano de una educación de calidad, y en el que hace falta ver más allá de la nariz de un sindicato que más que procurar mejores condiciones laborales de sus agremiados, hospeda las más claras muestras de ineficiencia organizacional. Podrán proyectarse cualquier cantidad de documentales y la fotografía será muy similar: corrupción delante de los intereses colectivos. Permitir una reforma de fondo en el sistema educativo mexicano implica reflexiones profundas más allá de preguntarle cara a cara a la lideresa del SNTE cuántos maestros hay en México.

Creo que reportar no es lo mismo que investigar, pero tampoco es lo mismo que hacer un documental. Lo cierto es que un documental y un reportaje exigen mínimos de información que en el caso del trabajo de Loret de Mola hacen falta. Básicamente se presentan resultados de distintos reportes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico y algunos datos sobre el SNTE. Si la intención con ¡De Panzazo! era exhibir de modo patético al Sindicato, el filme quedó corto; si la intención era reflexionar sobre la actual situación del sistema educativo mexicano, tampoco se logró, pues se enfocó más en la labor de los maestros. El engendro resultó una especie de vicio fílmico que no encuentra razón ni objetivo, solamente un intento por jugar a la Michael Moore con una mal manejada actitud insidiosa por parte del realizador. Una experiencia previa en la realización de documentales en México es el polémico Presunto Culpable que, a diferencia de ¡De Panzazo!, presentaba una propuesta concreta respecto de la reforma del sistema de justicia penal, con la incorporación de los juicios orales. La ligera propuesta del documental de Loret de Mola es la aplicación de la Evaluación Universal (primera prueba obligatoria que deberán presentar los maestros de educación básica en México) cuyo origen se enmarca en la Alianza por la Calidad de la Educación, mas no en la iniciativa del periodista.

Con la primavera, los documentales y movilizaciones, y con éstos la polémica, pero con lecciones a pesar de la manera poco objetiva en que el documental nos informa. ¿Dónde quedaron los comparativos entre estados del norte y sur del país? ¿La información que se nos presenta de la educación en el Valle de México es representativa de otras regiones del país? La intención no es tanto criticar el trabajo materializado en un documental, sino enfatizar que la profundidad del tema de la calidad y la igualdad en la educación exige una depuración  que quizá nos ocupe un largo tiempo antes de poder equipararnos a países del primer mundo. Cada quién podrá juzgar a su parecer la situación en la que se encuentra la educación y sus instituciones en México, pero habrá que hacernos la pregunta si como mínimo para garantizar una buena enseñanza primero es conveniente garantizar maestros competentes. Sí, México está abandonado en sus aulas, pero no por sus alumnos, sino por sus profesores. Se sugiere fácil la cadena: si no hay maestros de calidad, es poca la enseñanza; a poca enseñanza, malos alumnos con malos resultados. ¿Qué fue primero? ¿el burro o el maestro?