opinion

Ha terminado ya la elección  para elegir al nuevo Presidente de México, ha finalizado ya el recuento de aquellas casillas que por alguna circunstancia fueron señaladas, unas por inconsistencias y otras por cumplir alguno de los requisitos que marca la ley electoral para ser revisadas. Ha terminado, y bien,  la importante tarea del IFE

Gano el que previsiblemente iba a ganar, perdieron los que previsiblemente iban a perder; pero eso sí, las encuestas  no salieron bien libradas, la gran ventaja que le adjudicaban al candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, simplemente no existió. Ganó Peña, sí, con un amplio margen, también; pero la diferencia no fue la de los 15 puntos que pronosticaban algunas encuestadoras. ¿Mintieron deliberadamente? No lo sé, ¿Su metodología no fue la adecuada?, Puede ser. ¿El mexicano es tan desconfiado que les miente a los encuestadores manifestando una preferencia que no es la real?, Puede ser. La verdad considero que nunca la sabremos y este lamentable episodio de las encuestas mentirosas solo servirá para abonar la ancestral desconfianza del mexicano.

Pero veamos los datos duros; las elecciones fueron tranquilas, la votación copiosa,  el funcionamiento del IFE fue bueno,  los resultados del PREP  veraces y oportunos. La dolosa afirmación por parte de algunos de que pudo haber existido un  fraude “cibernético” o “a la antiguita” sencillamente  no se sostiene. Los múltiples reclamos por parte del señor AMLO y sus corifeos parten simplemente de su congénita incapacidad para reconocer que, sencillamente perdieron; y si bien su votación fue buena, unos 15 millones, fueron mucho más de 32 millones los que dijimos NO a la opción de AMLO.

Ahora bien, ante la imposibilidad de cuestionar el funcionamiento del registro y conteo de votos, el Sr. López, sus vasallos y sus amanuenses, incapaces de entender que la mayoría del pueblo mexicano no los quiere,  se desviven inventando diversas fábulas para justificar su derrota. Sin conexión neuronal alguna no se cansan de rebuznar: “Todo mundo sabe la elección fue inequitativa, viciada, comprada” etc. Viven en otra dimensión y continúan con su necedad de pensar que ellos y solo ellos representan la voluntad del pueblo, los demás, los que no votamos por López, somos unos corruptos, masoquistas o de plano ni existimos.

No podemos llamarnos a engaño,  López sigue siendo el mismo intolerante, mentiroso y resentido del 2006. No ha cambiado… ni puede cambiar; estructuralmente está imposibilitado para ello. Recordemos la relativamente reciente reunión de López Obrador con el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad que se realizó en el alcázar de Chapultepec; cuando Javier Sicilia le reclamó a López su desempeño y hasta la inclusión a su proyecto de personajes como Manuel Bartlett. Con su habitual valor y sinceridad Sicilia señaló al Sr. López como un individuo autoritario, intolerante, mesiánico, incongruente y hasta omiso con los más de 60 mil muertos que ha arrojado la guerra contra el crimen organizado.

Para muchos, señaló Sicilia,  López Obrador significa “la red de componendas locales con dirigentes que años atrás reprimieron a quienes buscaban un camino democrático. El señor (Manuel) Bartlett, es toda una punta del iceberg”.

Y por si lo anterior no fuera suficiente agregó:  “Ud. significa la intolerancia, la sordera, la confrontación en contra de lo que pregona su república amorosa en aquellos que no se le parecen o comparten sus opiniones”. Para otros más, dijo, también “significa el resentimiento político, la revancha sin matices”.

Y remata Sicilia afirmando que AMLO representa el “mesianismo”, la incapacidad autocrítica para señalar y castigar la corrupción de muchos miembros de su partido “Si hablamos de hostigamiento y amor, quiero enseñarle lo que he sido hostigado por sus correligionarios; es a fuerza con ustedes o a fuerza”.

La derrota de AMLO  debe verse, si es que existe alguna mente sensata en el PRD, como  la oportunidad de abandonar el populismo y la demagogia estilo Echeverría, abrazar los principios  de las izquierdas modernas estilo Lagos, Bachelet,  Lula etc. y aplicarlas al caso mexicano. Hay que cerrar, ya, esa  vergonzosa  página en la historia de la izquierda mexicana, pues gente como  Manuel Bartlett, Ricardo Monreal, Manuel Camacho, López Obrador etc. solo son siniestras piezas de un museo del horror;  personajes creados y  modelados en el peor y más corrupto priísmo. Ellos no pueden ni deben ser ejemplos de nada.

Y no debemos olvidar una lección de historia; no hay sujeto más peligroso para la sociedad que quien esta seguro de tener no solo la razón, sino toda la razón.