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Es casi imposible ser totalmente objetivo y, sin embargo, siempre he sostenido que la objetividad es pilar del periodismo serio. Con esta convicción procuro, cada que me siento ante el ordenador –nosotros le llamamos computadora pero me gusta el término hispano-, procuro honrar la moral de los informadores sobre las tendencias personales. Por eso me resisto a cooptar lectores para que voten en el mismo sentido que yo lo hago; la postura contraria, la de quienes inciden en la voluntad de sus lectores, radioescuchas o televidentes, me parece pueril y absolutamente falta de ética. Dicha tal aclaración, ante la perspectiva actual, paso a comentar algunos encuentros y conversaciones sostenidas en los días más recientes, con personajes de distinta ideología y posición.

Un gran amigo de esta columna, el abogado Mario Rosales Betancourt, académico de la Universidad Autónoma Metropolitana y de la UNAM desde hace treinta y siete años -¡cómo se va la vida!, le comenté al reencontrarnos-, realizó con sus alumnos, partidarios del “antipeñismo”, una especie de ejercicio para interactuar con ellos con relación a los comicios federales recientes cuyas conclusiones están apenas afinándose. El maestro, en principio, resumió los posibles escenarios de darse un vuelco en cuanto a la elección presidencial:


1.- La nulidad de los comicios –que solicitan algunos extremistas del ya célebre grupo “#Yo soy 132”, o impostores adherentes sin el menor control de la asociación estudiantil, daría lugar a nuevas elecciones –con costo similar a las pasadas y la consiguiente sangría para el erario… y los mexicanos-, sin dejar de considerar que en las ocasiones en que se ha procedido a ello han resultado vencedores ¡los mismos que habían ganado en la primera instancia! Recientemente ocurrió en Morelia, donde el PRI obtuvo mayor margen de victoria sobre el PAN y un casi desaparecido PRD.

2.- “Limpiar los comicios”, esto es sancionando con método fast track los excesos de gastos de campaña –más los del PRI aun cuando sus demandantes adversarios, del PRD, también obtuvieron grandes bocanadas de dinero procedentes de una de las empresas del mayor multimillonario del planeta-, sólo daría lugar, de comprobarse las inversiones ilegales por rebasar los límites instituidos, a una multa severa por parte del Instituto Federal Electoral sin que pudiera exigirse cárcel o inhabilitación para ejercer los cargos de elección popular obtenidos.

3.- Instalar a López Obrador en la Presidencia, sobre la evidencia de que fue superado voto por voto –ya se contaron dos veces y no hubo sino ligeros errores en la contabilidad de algunas casillas sin modificarse el resultado de los escrutinios-, sería tanto como una asonada porque no se daría por la vía democrática –la de las urnas-, y con ello se posibilitaría una radicalización que instalara una autocracia de Estado capaz de desconocer al Congreso a golpes de manifestaciones callejeras o cerrar medios de comunicación no afines como sucede en las peores dictaduras.

–¿Cuál de estos escenarios –preguntó el maestro Rosales-, es por el que luchan ustedes?

Los muchachos, claro, balbucearon respuestas, sin gran convencimiento, y los más duros optaron por callar aun cuando no dejaran de ir a la gran manifestación por el Paseo de la Reforma con consignas tales como:

–¡Fuera Peña!¡Muera el PRI!

Por más odioso que nos parezca un partido, no habría imposición mayor, en ninguna circunstancia, que atropellar los derechos cívicos de quienes creen en cualquiera de las opciones partidistas. Suprimir, por presiones de unos cuantos –una parte mínima de los mexicanos aunque parezcan muchos juntos-, a un organismo político porque ven en éste todos los acumulados vicios del establishment –sin considerar que otros han seguido los mismos pasos-, sería el acto más antidemocrático de cuantos pueden realizarse al calor del fascismo, todavía vivo en las cenizas de las hogueras de la intransigencia. Si la mayoría, de verdad, quiere terminar con el PRI –lo que no sería deseable por cuanto dejaría de haber una opción para los electores-, el único camino posible es el de los votos. Y en el caso actual, no se olvide que el gobierno central, la Presidencia, no está en manos de este partido sino del PAN y, en cualquier caso, no es poca cosa haber pasado sobre una derecha incongruente, torpe y absolutamente inútil en el quehacer gubernativo. Las pruebas d todo ello están muy a la vista.

En otra mesa, encabezada por el tabasqueño Humberto Hernández Haddad, ex diplomático y ex legislador priísta pero con capacidad de convocatoria para dialogar con elementos de izquierda muy definidos, tratamos el peor de los escenarios posibles: el estado fallido que devendría de una situación anárquica, incontrolable para un gobierno derrotado –de aquí hasta diciembre- y con la sombra de una nueva crisis financiera sobrevo9lando la residencia oficial. Allí se dijo:

–No es viable una hipotética intervención de los Estados Unidos porque, para ellos, es mucho mejor que en el lapso de transición, y específicamente en septiembre cuando comience la próxima Legislatura, se apruebe, con el combinado PRI-PAN, la reforma energética que signifique la entrega de nuestro petróleo a los del norte. Es éste quizá el último baluarte de nuestra soberanía.

Me estremecí al escucharlo por cuanto se ha dicho al respecto desde que Miguel Alemán Valdéz legara en sus memoria –El Petróleo en México-, la trascendencia de conservar nuestra riqueza energética en manos de los mexicanos. Por desgracia, los pasos están dándose en sentido contrario y no es poco probable que, ante la amenaza del estado fallido –significado por las protestas callejeras sin otro sentido que el rencor hacia el PRI por parte de recalcitrantes incondicionales del PRD, Andrés Manuel o incluso el PAN de la ultraderecha-, los poderosos del norte condicionen su no ingerencia en los asuntos políticos de México a cambio del oro negro para aumentar sus reservas y dominar el mercado a sus anchas, controlados ya los yacimientos de Medio Oriente. Un ciclo casi cerrado con aires bélicos y amenazas soterradas. ¿Será por este mismo motivo que los últimos embajadores de Estados Unidos en México son expertos, precisamente, en el tratamiento de los llamados “estados fallidos” en donde los gobiernos pierden el “monopolio” de la violencia ante grupúsculos criminales que lo acorralan?

Esta es la gran cuestión a resolver mientras la intransigencia domina al “gran misionero” de las izquierdas, un líder excepcional –debe considerársele así-, capaz de lograr concentraciones populares históricas y levantarse para reencauzar a sus propias banderas en el apretado lapso de noventa días. Una hazaña extraordinaria que debiera revalorar antes de comenzar a perder, como en 2006 –en esa ocasión con razón dado lo burdo de la trama electoral-, cuanto atesoró como capital político hacia el futuro de la izquierda. ¿Hasta dónde lo dejarán llegar quienes están llamados a to9mar la batuta?¿Y cómo podrán convencerlo de que su momento pasó y debe sentirse orgullo por lo aportado como lo está el ingeniero Cuahtémoc Cárdenas quien, sin llegar a ser presidente, será recordado en sitio más preponderante en la historia que el asignado a sus supuestos vencedores?

México es bastante más que la “estela de luz”, siempre pasajera.

Debate

Entre personajes muy ilustrados sobre la política mexicana corre, sin remedio, un rumor aterrador. Comentan, y a parecer del columnista no es improbable dados los antecedentes –aquellas “alianzas” de 2010 y 2011-, que Felipe Calderón, debajo del agua, no observa con malos ojos las manifestaciones callejeras “anti-Peña” porque con ellas puede presionar al Tribunal Electoral Federal a declarar la nulidad del proceso electoral en beneficio de una presidencia interina, con un panista en la cima, destinado a convocar a nuevas elecciones. Con ello podría diluirse la fuerza del PRI aunque la experiencia siempre ha sido favorable a quienes ganaron en la primera vuelta.

La intención de fondo del señor Calderón sería parapetarse detrás de un correligionario alejándose de las cuentas sucias en materia de seguridad pública… y financiera. Desde luego, el “interino” tendría que lidiar con la emergencia económica retrasando el llamado a las urnas, tal y como sucediera en Guanajuato, en 1995, cuando asumió la gubernatura interina Carlos Medina Plascencia y se quedó en ella cuatro años hasta que las condiciones fueron totalmente favorables psra Vicente Fox y sus amigos. El pasado siempre ilustra.

Para el PRD, y sus ciegos operadores, tal saldría una salida con sabor a triunfo y con la posibilidad de prolongar el liderazgo de Andrés Manuel aun sin medir las consecuencias de darle un periodo de gracia a la derecha para recomponer cuanto ha sido catastrófico e intentar enfrentar la crisis financiera que se nos viene encima con las fórmulas legadas por el neoliberalismo… priísta. Como estamos rodeados de tuertos y ambiciosos –quienes están listos a tomar posiciones de sus cargos legislativos sin someterse a una nueva jornada electoral que pretenden sea sólo para dirimir la Presidencia (otro de los grandes absurdos conceptuales)-, el acecho crece sobre Enrique peña Nieto y sus obsesionados operadores quienes, al temer el repunte de la izquierda, se pusieron a gastar dinero como la célebre “maestra” Elba Esther en las tiendas de Polanco. Los resultados, está muy a la vista.

La Anécdota

Por último me encontré con una viejecita vecina de Xochimilco. Le pregunté por quién había votado y, orgullosa, me contestó:

–¿Por quién más?¡Por “El Peje”!

–¿Y cuál fue la razón por la que decidió hacerlo por él?

–Es el único que nos ha ayudado. Nos dio bonos y pensiones gracias a los cuales puedo tener un desahogo. Y, ¿sabe usted? Yo soy agradecida.

Como la mayor parte de los mexicanos: mientras más humildes, más generosos. Medité al respecto: ¿tal no es también una fórmula de “comprar” sufragios como la que señalan los perredistas para comprometer al PRI? Porque ni con las tarjetas de débito distribuidas puede asegurarse el voto en las urnas, salvo que cada uno de los “comprados” lleve un vigilante hasta las mamparas donde se ejerce la soberanía popular. ¿Acaso no fue Andrés Manuel quien sugirió: “tomen lo que les ofrezcan y luego voten libremente”?¿Dudan que lo hayan hecho millones de mexicanos?¿Todos los que no sufragaron por él son corruptos?