.

Quiere Guillermo Vázquez (Ciudad de México, 1967) que Cruz Azul juegue como los ángeles, que haga todo de una manera muy natural, sobre todo en el ataque, y sean veloces en el traslado del balón, porque tres años se han pasado jugando a un ritmo lento, herencia de Enrique Meza, por lo que hoy está obligado a trabajar a marchas forzadas.

Nueva era y una muchedumbre clama otra vez por el campeonato. Vuelve el torbellino, algo que Vázquez tiene muy presente. “Me juego mucho; el equipo también porque tiene 14 años sin título, pero estoy poniendo en la mesa lo poco o mucho de prestigio que tengo”, señala Vázquez. “Estoy consciente de que si no salen las cosas, el principal responsable, pero también el afectado en todo esto seré yo. Para tranquilidad de la gente, que sepan que me juego tanto como la institución”, dice.

Su padre, del mismo nombre y amante fiel de los Pumas de la UNAM, se entristeció cuando Vázquez junior salió del club universitario, pero al mismo tiempo reconoció que una oferta como la de Cruz Azul es imposible rechazarla. “Ya no platicaremos de las cosas de Pumas que los dos bien conociamos”, dice Memo Vázquez, quien terminó por recibir el apoyo de su progenitor.

“En Pumas quizá tenían pocas expectativas; hoy aquí llego con más responsabilidades. Sin embargo, me gusta afrontar los retos por más difíciles que sean. Mi vida siempre ha sido de tomar decisiones complicadas y he aprendido de eso. Nunca podrás estar seguro en el momento de si es correcto lo que haces, pero sé que no debo claudicar”, comenta en La Noria, después de un largo día de repetir constantemente la táctica de pasar con más rapidez de la zona baja al ataque.

Se limpia la frente perlada por el sudor y reconoce que lo que más le han preguntado desde que llegó a Cruz Azul es por la ausencia de un campeonato. “Han estado cerca, siempre forman buenos equipos y no se puede achacar la culpa a alguno, sino que a veces las cosas no pasan como se desea”, reflexiona.

Hace no mucho, Guillermo Vázquez contribuyó a la agonía cementera. Siendo entrenador de Pumas en su primera temporada, calificó a su equipo como octavo de la tabla y eliminó al superlíder Cruz Azul. Ahora el destino azaroso, sobre todo en cosas de futbol, lo sitúa en la trinchera contraria, con una imagen que tiene poco que ver con el prototipo que sueñan los aficionados cementeros.

“¡Cómo son las cosas! Así se presentó, pero no creo que la gente me guarde rencor. Es la prueba de que en ese momento trabajé profesionalmente con mi equipo, que hizo lo necesario para avanzar. De igual forma vengo hoy aquí, es parte de mi trabajo que ahora le entrego a Cruz Azul.”

Una de las mejores etapas de Guillermo Vázquez como futbolista fue cuando precisamente lo dirigió Enrique Meza en Toros de Ciudad Neza. Ahí aprendió a convertir un vestidor de futbol, en una cofradía. Sin embargo, lo que le dejó su sucesor y anterior técnico en Cruz Azul es un pelotón de capa caída.

“Voy a ser muy respetuoso en cuanto a lo que hizo Meza, porque después de todo dejó buenas bases. Lo que es un hecho es que el estilo que estoy imponiendo será totalmente diferente y en eso trabajamos a paso apurado, porque nos hemos atorado un poco”, concluye el técnico de Cruz Azul, que hoy debuta ante el Morelia.

Un adiós necesario

No siente que haya equivocado su salida de los Pumas de la UNAM por un ataque de ansiedad cuando pidió refuerzos y no se los dieron. Ciertamente, Guillermo Vázquez negoció con el otrora presidente Víctor Mahbub, que le negó las opciones que pretendió y por eso se fue cuando Cruz Azul lo invitó a su proyecto.

“Fue todo muy rápido, ni siquiera existió una oferta del Toluca, como muchos me ligaron”, asevera, siendo muy cuidadoso en no ocupar el nombre de Mahbub
cuando toca el tema. Prefiere referirse a él como “el otro presidente”, puesto que la llegada de Alberto García Aspe al mando del equipo universitario trajo consigo una consecuencia de buenas contrataciones.

“Soy feliz en Cruz Azul, me
dieron lo que pretendía y he armado un gran equipo que intentará pelear”, asegura sin quejarse de que los universitarios se reforzaron en cada renglón con pizcas de experiencia y juventud.

¿No le intimida Pumas?

No, ¿por qué habría de hacerlo?

Por los refuerzos que trajeron y que quizá hubiera usted querido.

Ellos están en todo su derecho de contratar a quien quieran. En su momento puse una lista de jugadores que quería y no lo hicie-
ron porque era otra directiva, por eso siento que me salí en el momento justo, para no enfrentarme con nadie ni que quedaran malos recuerdos. Muy temprano nos vamos a enfrentar y es cosa del futbol, ahora vivo para Cruz Azul.

No me lo imagino viendo a Miguel Marín, Javier Kalimán Guzmán o Fernando Bustos en el Estadio Azteca.

Iba muy niño pero sí me acuerdo de ellos, eran un gran equipo que logró muchos títulos.

Se lo digo porque tiene más imagen de puma que de cementero, ¿no cree que eso será un lastre con su propia afición?

Totalmente de acuerdo, sobre todo porque hay otros que marcaron una época y quizá deberían estar aquí, pero mi trabajo es convencer día con día al aficionado que crea que por estigma tengo que relacionarme con Pumas, eso ya es pasado.