Desde el primer “boom” del narcotráfico, durante el sexenio del hoy extinto Miguel de la Madrid –1982-88-, se observó cómo las “lavanderías” de capital funcionaban como relojitos hasta llegar a la fase final: el financiamiento de obras tales como hoteles, complejos y agroindustrias que servían de parapeto a la parálisis económica de un gobierno atenaceado por la deuda pública –sobre todo la externa- y casi inmovilizado para servir al país y dotarlo de las plataformas necesarias para el despegue. Una perspectiva, por cierto, bastante parecida a la actual desde la observación de Felipe Calderón quien sostiene ser “el presidente de la infraestructura y la salud”, olvidándose de sus predecesores caracterizados por fundar y dar fortaleza al Instituto Mexicano de Seguro Social –durante la administración del último presidente militar, el general Manuel Ávila Camacho- y las inversiones para obras públicas que aún son útiles –en los casos de Miguel Alemán y Carlos Salinas, aunque se nos retuerza el estómago; no se olviden del programa “Solidaridad” que Santiago Levy convirtió en “Oportunidades” para beneplácito de Calderón-.
En fin, desde la era delamadridiana se marca la crecida de las inversiones con dinero sucio –sin que ello signifique negar cuanto antes sucedía-, que tanto hemos denunciado –no todos los informadores, cabe aclarar, pero este columnista sí-, a través de nuestros espacios independientes, sobre todo para evitar la reincidencia de los males y sancionar a cuantos envenenan a nuestros niños y jóvenes para luego disimular su “decencia” dentro de las empresas más fructíferas del país. ¿Cuántas de las compañías que integran las quinientas con mayores rendimientos en 2011 y 2012 son efectos del segundo “boom” del narcotráfico iniciado con las administraciones de derecha y prolongado hasta la actualidad en ausencia de gobierno? Descubrirlo debiera ser más sencillo para la PGR y la Unidad de Inteligencia Financiera –con actuaciones soterradas hasta el régimen de Ernesto Zedillo cuando resultó imposible ocultarla, sobre todo después de la supuesta “muerte” de Amado Carrillo en 1997-, que las protestas del locuaz Andrés Manuel López Obrador quien, como solía decirse de Luis Echeverría cuando ejercía la titularidad del Ejecutivo federal, despierta con la intención de ganar las “ocho columnas” y no se acuesta hasta tener la convicción de haberlo logrado. Los paralelismos exhiben, de cuerpo entero, a los protagonistas del presente.
El hecho es que, vuelvo a insistir, los legisladores de todos los partidos, lo mismo quien ejerce el poder presidencial sin legitimidad, tuvieron tiempo más que suficiente para intentar frenar las inversiones provenientes de los criminales sobre las campañas políticas. Y no sólo no lo hicieron sino que, con frecuencia, callan al respecto para no entrar en camisa de once varas. También los de izquierda, por supuesto, más interesados en bloquear acuerdos y propuestas provenientes de la casa presidencial que en descubrir métodos y candados para evitar la malsana costumbre de disponer del “dinero sucio” a través de bancos de muy amplia trayectoria.
¿No recordará Vicente Fox que fue él quien fungió como el gran “aval” para la innecesaria venta de Banamex, del muy “socorrido” Roberto Hernández –uno de los maquiavelos de las finanzas mexicanas-, al Citygroup, del que parte el Citibank, célebre precisamente por su capacidad para lavar dinero en el mundo e investigado al respecto sin que hubiese ninguna consecuencia mayor a pesar de los múltiples señalamientos al respecto? Sus padrinos son bastante más poderosos que los acusadores. Y, sin embargo, el tal grupo financiero funciona sin amagos y se desarrolla con toda normalidad, aparte de que adquirió, en paquete, un buen trozo del patrimonio histórico y cultural de México, como los antiguos palacios en donde se asientan algunas de las sucursales de mayor fondeo; y no se diga de las invaluables obras de arte que se legaron a los dueños estadounidenses del poderoso e intocable consorcio.
¿De qué habla entonces Gustavo Madero, dirigente del PAN, si no se atreve a denunciar los hechos consumados como el referido, responsabilidad de los gobiernos emanados de su partido?¿Y acaso el PRD puede lanzar la primera piedra o será antes necesario enumerar a sus patrocinadores ocultos, el primero el grupo CARSO en plena pelea con los emporios de la televisión privada, algunos de los cuales no pueden negar sus nexos inconfesables?
Por lo demás, corroborar la procedencia de tales inversiones proselitistas, sucias a decir de López Obrador, es tanto como poner en jaque al sistema financiero nacional y al político también. De ir al fondo, caerían más cabezas que las guillotinadas a lo largo de la Revolución Francesa. Y no todas pertenecerían a la clase gobernante sino, sobre todo, a los grandes empresarios aliados de los regímenes neoliberales cuyos cauces han seguido, blanditos, los mandatarios panistas. Buena falta hace una explicación al respecto, sobre todo cuando se alega que la infraestructura realizada durante el actual sexenio tiende a beneficiar, precisamente, a los territorios con más dominio de los cárteles, específicamente el de Sinaloa, desde el Puerto Lázaro Cárdenas hasta la frontera norte.
Y dicho esto sin pretender descubrir el hilo negro. Porque cada vez son menos quienes transitan por carretera a excepción de los grandes contenedores, de doble remolque –yo los llamo los asesinos del asfalto-, muchos de los cuales transportan las drogas por donde les indican los grandes contactos foráneos de los cárteles en boga; esto es, desde los Estados Unidos, en pleno control de nuestras rúas y transportes. Las confiscaciones que tanto se exhiben son apenas una ligera hebra de la madeja. Ya hablaremos de ello.
¿Es correcto admitir una denuncia genérica sobre un ilícito grave sin señalar el perfil y origen de los responsables?¿Cómo descubrir a éstos desde un análisis superficial, cargado de elementos facciosos, sin ponerle la cola al gato? Un dirigente político, de la talla de Andrés Manuel López Obrador, no puede permitirse exabruptos bajo la presión política; cada que lo hace va perdiendo jirones de su autoridad moral, ya muy menguada otra vez, en beneficio de sus adversarios. ¿Qué pretende ahora?¿Convocar a una desobediencia civil y al impago de impuestos para truncar y hacer resbalar al próximo gobierno? Y todo ello, cando existen diferencias abismales entre el fraude de 2006 y la cargada de gastos excesivos en 2012 de la que todos los partidos fueron beneficiarios aunque el PRI lo hubiese sido más. Todo ello es tremendo, antidemocrático, falaz. ¿Quién dice que estamos mejor que hace doce años? Por favor. ¿Con ochenta mil víctimas inocentes sobre las espaldas del mandatario saliente?
Eso sí: seguimos ahorrando en reservas mientras la deuda pública triplica lo asegurado. Así es como entienden la economía los sabios al servicio del gobierno que nos han amarrado una cuerda sobre el cuello… sin ser responsables del manejo amoral de los capitales. Máxime que se estima en 38 mil millones de dólares el negocio del narcotráfico, anualmente. Si sumamos el sexenio la cifra asciende a 228 mil millones de pesos, bastante más que las reservas que, al final de junio, sumaban 157 mil 337 millones de dólares. (Recuerdan los amables lectores que sugerimos, desde septiembre pasado, que la intención del gobierno en curso era sumar más de 150 mil millones de dólares en reservas antes del final del sexenio. ¡Misión cumplida! El Fondo Monetario Internacional lo agradece)
Debate
Pese a las previsiones gubernamentales es evidente que las entradas del narcotráfico son bastante más que lo atesorado por el Banco de México como la gran garantía para los acreedores de México, incluyendo, claro, a quienes les encanta comprar barato –como a los españoles- para ganar plusvalías casi automáticas. Así sucedió con la venta, a precios de oferta, de nuestras dos principales instituciones bancarias: Bancomer, primero, que cayó en manos del español BBV-Argentaria, y Banamex, en posesión de la gran lavandería mundial que es el Citygroup. En manos de ellos estamos. ¿Llegarán hasta estas alturas las indagatorias del TRIFE por el llamado del icono de las izquierdas a quien ya quieren abandonar algunas dirigencias partidistas que lo han apoyado? Es momento de dar vuelta a la hoja, antes, naturalmente, de que los veneros que levan hasta el núcleo de la podredumbre los alcancen también.
Finalmente, como no habrá invalidez de las elecciones –no hay manera de que la haya pese a las falsas expectativas de una izquierda en fase, de nuevo, de radicalización-, es de temerse una tremenda, perversa, agitación social de incalculables consecuencias. Qué curioso: durante el proceso electoral nadie habló de los narcos ni éstos hicieron de las suyas. Fue como una especie de tregua que, desde luego, incluyó a todos los protagonistas. Sólo faltó que alguno de los postulantes invitara como orador al “Chapo” Guzmán, visto como uno de los grandes multimillonarios del planeta… pero muy por debajo de Carlos Slim
Quien mejor sabe que no se sentará en Palacio Nacional, donde hace seis años pretendía instalar su vivienda personal –no ha vuelto a mencionarlo-, es precisamente López Obrador. De ser leal con los suyos, sería el momento de no estropear el futuro con alegatos que le rebasan e incluso también le comprometen. Porque, en México, como alguna vez reseñó López Mateos, cada político tiene metida la mano en la bolsa de otro político, sin importar siglas, partidos ni, mucho menos, ideologías. Simplemente así es… y será muy difícil que en esta generación superemos el estigma aunque lo repudiemos. Duele, pero no hay más remedio que acostumbrarse para evitar daños mayores.
La Anécdota
Varias veces se ha pedido perdón a los mexicanos. José López Portillo lo hizo, al finalizar su gestión, con lágrimas en los ojos como tanto acostumbraba. Y Calderón también caminó la misma senda al dirigirse a las víctimas vivas del clima de violencia por él acelerado. Luego, como todos sabemos, detuvo la Ley que era algo así como un alivio para cuantos han sufrido el oprobio de los secuestros o de las vendettas más crueles.
También los mexicanos hemos perdonado infinidad de veces. Recuerdo, en tiempos de Echeverría, el muro de entrada a la Facultad de Derecho de la UNAM con la leyenda precisa:
–Díaz Ordaz regresa, ¡te perdonamos!
¿Perdonamos a Calderón y pedimos el retorno de los Fox, quienes ya andan muy inquietos? Me estremezco de solo pensarlo.
























