Felipe Calderón ha sido derrotado, dos veces, en su inútil “guerra“ contra el crimen organizado –en realidad, supuestamente, contra los grandes cárteles-. Veamos:
–El Departamento de Seguridad Interior de los Estados Unidos declaró, como expusimos en su oportunidad, que pese a los publicitados empeños de la administración federal mexicana, no habían disminuido las “exportaciones“ ilegales de drogas hacia la potencia del norte. Ni las aduanas ni los radares ni la Border Patrol, además del ejército mexicano y la marina nuestra entrometida en acciones sobre tierra, han sido capaces de reducir la internación y, lo que es peor, la distribución de los estupefacientes en las doscientas ciudades estadounidenses de mayor importancia e influencia económica. Al respecto cabe preguntar, ¿cómo pueden transitar, a sus anchas, por las amplias autovías del vecino que nos asfixia, los conteineres cargados de cocaína y marigüana? Para aceptar las presiones del gobierno de Washington, moralmente tienen la obligación de explicar este renglón a todas luces minimizado.
2.- Recientemente, nos ha llegado información cotejable sobre que los principales “capos” aprehendidos en México en los últimos tres años, comenzando con el célebre Edgar Valdés “La Barbie” –capturado en agosto de 2010-, quien posiblemente ya esté operando en México con otra personalidad después de una negociación estimada en cincuenta millones de dólares. En circunstancia parecida podría situarse a Sergio Villarreal, “El Grande”, asegurado en septiembre del mismo año en Puebla y cuyas declaraciones fueron específicamente claves para la detención y arraigo del general Tomás Ángeles Dauahare, quien podría todavía, desde su situación actual, ser señalado como uno de los prospectos para ocupar la Secretaría de la Defensa Nacional cuando Enrique Peña asuma la Presidencia de la República en diciembre próximo.
No sólo eso: el propio Calderón, con las manos vacías pese a su descomunal campaña publicitaria –parece estar desquitándose de la “veda electoral”, inflando datos y presentando hasta yacimientos arqueológicos como si él los hubiera realizado o descubierto-, parece dispuesto a negociar la captura y extradición de los dos grandes “capos” del “cártel de Sinaloa” a cuenta de que serán considerados, en el país vecino, como “testigos protegidos”, involucrándose así a nuevas figuras del PRI en la hora decisiva. De ser cierto, ello confirmaría la “promesa” de la torpe secretaria de Estado de la Unión Americana cuando, sintiéndose muy segura, declaró que tendrían que pasar sobre ella para que se diera una victoria del PRI en las elecciones federales. Parece ser que no son pocos quienes están siguiendo el guión, sobre todo entre las izquierdas, supuestamente las más separadas de la influencia de la Casa Blanca. Insisto, en apariencia porque, no pocas veces, de allí se nutren sus recursos misteriosos amén de las “pruebas” que llegan a sus manos “de milagro” como alguna vez declaró Andrés Manuel López Obrador para justificar la “aparición” de las “cajas de la infamia” con las que protestó ante la pírrica victoria de Roberto Madrazo, en Tabasco, en 1995. Y así, hasta ahora.
También López Obrador se enfrenta a una guerra perdida. ¿Hacia dónde va a caminar su “movimiento” cuando, después del dictamen del Tribunal Electoral del Poder Judicial Federal, inatacable en sus resoluciones por ley –esto es no hay instancia superior, ni siquiera la Suprema Corte, que pueda establecer otra ruta-, no le otorgue la esperada invalidez de los comicios con el alegato de que las impugnaciones presentadas –trescientos sesenta-, no ofrecieron las suficientes pruebas ni dan lugar a la sanción señalada porque, sencillamente, adolecen de certeza plena?¿Continuará en su actitud pacifista –siempre fugaz- o asumirá una conducta más belicosa con apoyo de los violentos de Chiapas y Oaxaca?¿Es tal lo que pretende en un arrojo de oscuridad mental suponiéndose un nuevo redentor tras sus batallas contra algunas sucursales de Soriana, los nuevos “cerros de las cruces”?
Y menciono al episodio histórico porque fue éste el que fue cuestionado, severamente, por Porfirio Muñoz Ledo en 1988, cuando él ganó una senaduría que aceptó sin chistar a cambio del fraude grosero contra el ingeniero Cuauthémoc Cárdenas quien optó por negarse a “tomar el Palacio Nacional”, como si se tratase de una asonada, para no desperdiciar la oportunidad como hizo Hidalgo, esperando en la montaña, a unos cuantos kilómetros de la capital virreinal. Cárdenas actuó con prudencia y optó por fundar un nuevo partido avizorando el futuro prometedor… y los “golpistas” en cierne callaron. Lo mismo ahora con casi los mismos nombres.
Da la impresión de que los actores políticos, comenzando con Enrique Peña Nieto, le tienen miedo, así de plano, a López Obrador. Lo mismo que Felipe Calderón y hasta Vicente Fox –aquel que se comprometió con el PRI a aprehender al líder y jefe de gobierno del Distrito Federal entonces, después de ser sometido a un inducido juicio de procedencia que le quitó el fuero constitucional en abril de 2005-, quien detuvo las pesquisas contra su adversario, el temido Andrés, sopesando la posibilidad de una revuelta civil de inimaginables consecuencias.
Pocos saben que López Obrador cuenta, para su seguridad, con un reconocido general proveniente del Estado Mayor Presidencial y tabasqueño como él, Audomaro Martínez Zapata, quien fue solicitado por el propio Andrés Manuel al secretario Genaro Clemente Ricardo Vega García, desde el sexenio anterior. Ello confirma no sólo la división en el ejército sino igualmente su partidismo cuando aún los militares tienen límites inescrutables para poder acceder a la titularidad del Ejecutivo federal desde hace ya setenta años –los mismos que gobernó el PRI interrumpidamente hasta 2000-.
Tal es otro de los factores respecto a la pugna interior en pos de la Secretaría de la Defensa Nacional que, para colmo, ya se cobró la vida de un general, Mario Acosta Chaparro, y mantiene a otro en un arraigo insostenible: sólo está allí por una declaración, acaso sacada con ciertas condiciones, de un delincuente mayor, precisamente “El Grande”, muy protegido por las autoridades de los Estados Unidos. Sería tremendo una reivindicación del general Dauahare cuyo único gran pecado fue haber fungido como secretario particular de Enrique Cervantes Aguirre, en el sexenio zedillista, sobre quien hay varios expedientes abiertos en la DEA. Si a alguien debe perseguirse es al ex secretario para que explique, si puede, la vendetta contra el desaforado y encarcelado general Jesús Gutiérrez Rebollo a unos cuantos meses de haberse hecho cargo de la lucha contra los narcos con la bendición del Pentágono incluida. Un verdadero galimatías fundado en la realidad; además, claro, de sus contactos con el célebre Amado Carrillo Fuentes de quien los más dudan que esté muerto. Y lo mismo se dice de Ignacio Coronel Villarreal, ajusticiado en Zapopan de acuerdo a la versión oficial, pero cuyo ADN –es decir el del cadáver- no es coincidente con el que se tenía resguardado oficialmente. O no sirven los bancos de sangre o hemos sido víctimas de una nueva, monumental parodia.
De este tamaño son las guerras perdidas. Y faltan algunas por sumar dentro del sexenio de la violencia, como será recordado el de Felipe Calderón Hinojosa.
Debate
Me comentó, hace unas horas, un general amigo, que la única salida para el largo conflicto electoral es muy sencilla:
–Sólo hacen falta cojones…
–¿Me imagino que algo más que eso, general?
–¿Ya revisó lo que dice el Código Penal sobre el desacato? –replicó, enseguida-.
El artículo 173 tipifica el desacato de la siguiente manera:
A).- El delito de desacato se comete menoscabando la autoridad de los funcionarios “por medio de ofensas reales, escritas o verbales, ejecutadas en presencia del funcionario o en el lugar en donde éste ejerciere sus funciones, o fuera del lugar y de la presencia del mismo, pero en estos dos últimos casos con motivo o causa de la función”. El delito tiene una coerción entre tres y dieciocho meses de prisión. (Por lo que el inculpado podría salir bajo fianza si bien con antecedentes penales).
B).- En el caso de Andrés Manuel es obvia su actitud ante los órganos electorales, negándoles imparcialidad y equidad durante el proceso electoral, y azuzando con ello las protestas públicas sin aceptar los resultados ni dictámenes que no le favorezcan.
Pero, además, desde 2005, quedó abierta la causa, por desacato también, aunque la autoridad se desistiera de la acción penal. Aún así quedó la “mancha” –injusta o no- que debió prevalecer como una de las condicionantes negativas a la hora de su registro como candidato.
–Ya le dije –insiste el general-, lo que falta para poner el punto final. Porque, además podría exigirse por esta razón el retiro del registro de los partidos que hubie3ran incurrido en delitos. El del PRD, Jesús Zambrano, sería el primero en correr; y detrás de él, Cuauhtémoc Cárdenas, Juan Ramón de la Fuente y gran parte de la cauda de López Obrador. Lo apuesto.
Ni hablar. La salida existe. ¿Pero sería para bien o detonaría más polvorines? Se los dejo de tarea.
La Anécdota
Edgar Valdés “La Barbie”, sujeto singular, se mostró seguro y tranquilo, incluso sonriente, cuando fue aprehendido en agosto de 2010 en un operativo en el Estado de México con intervención, claro, de los marineros de agua dulce. Su sarcasmo fue muy comentado, al grado de que se publicaron varios ensayos sobre la “risa” del personaje.
El hecho es que de confirmarse lo apuntado líneas arriba, el señor Valdés tiene no pocos motivos para carcajearse del gobierno y la sociedad mexicana. Y con él algunos de los “capos” por cuya captura se puso tan feliz el pequeño mandatario de Los Pinos, inexorablemente condenado por la historia. Desde ahora.
























