Por Héctor Luna de la Vega
Las políticas públicas en educación difieren en conceptos y varían a partir del énfasis deseado (proceso de enseñanza, investigación científica y tecnológica, producción e innovación, etc.), dándose el mayor empuje cuando se suman voluntades políticas y sociales, para otorgar la mayor relevancia a una línea de acción pública, correlacionándose con el mediano y largo plazos.
El espectro relativo a Educación Superior (ES), Ciencia (C), Tecnología (T) e Innovación (I), deben ser contempladas como una Política de Estado, integradora y de mayor alcance, al sumar políticas públicas específicas y relevantes. El criterio planteado en el caso de ES+C+T+I debe contemplar el referente a una inversión mínima del 1% del PIB anual con recursos públicos, privados y sociales y no el 0.43% como sucede actualmente; sujeta a un programa de 10 años.
Para fortalecer la conducción presupuestal pública, se requiere de la correlación con los estímulos fiscales y una redefinición de los fondos contemplados en la Ley de Ciencia y Tecnología. Además es necesario robustecer la articulación ES+C+T+I, contemplándose desde la Ley Fundamental, su Reglamento y el Estatuto Orgánico del CONACyT.
Las estrategias y programas derivados, deben considerar el desempeño uniforme del Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología, y la creación de un Sistema Nacional de Innovación en específico. La articulación entre la Educación Superior y los sistemas de C+T+I exige recalcar los roles de los actores y su cohesión.
Es básico puntualizar los roles de las secretarías, instancias y dependencias públicas, de los proyectos y esfuerzos empresariales en la materia, de la Conferencia y el Foro Consultivo, de los centros de investigación, de los consejos estatales y los planes de los gobiernos locales, de la ANUIES, de las instituciones públicas y privadas de Educación Superior, en fin, de todos quienes participan.
Es fundamental establecer las vertientes de la Sociedad del Conocimiento (con educación científica) y de la Economía del Conocimiento (con innovación y tecnologías), para lograr las metas de competitividad del país, con impulso al crecimiento y el fomento a la creación de empleo.
En posteriores colaboraciones destacaré a detalle los procesos sobre Innovación propiciados por la OCDE. Sólo apuntaré como en 2009 se desarrollaron los congresos de Innovación para el Desarrollo: Conversión del Conocimiento en Valor, con el copatrocinio de la UNESCO y el de Innovación como Medio para salir de la Pobreza, los cuales generaron evaluaciones específicas y estudios con un enfoque transversal. Asimismo, en 2010 se publicó “La Medición de la Innovación: Una nueva Perspectiva” como Estrategia de Innovación de la OCDE.
México se encuentra en un proceso de cambio gubernamental y de nuevas metas educativas, por ello, es fundamental la realización de aportaciones en la construcción de esquemas viables, y factibles de progreso, donde el motor de la transformación social se encuentre precisamente en los planes, programas y proyectos nacionales de ES+C+T+I, articulados con los esfuerzos locales y empresariales.
Debemos robustecer las estrategias en educación a partir de la asimilación del conocimiento mundial y su adaptación. En específico considero muy importante el énfasis en la Innovación, para otorgarle sistematización, normatividad y proyección, la cual es vinculante con el crecimiento productivo y la competitividad, asimismo es fundamental la inversión en activos intangibles como los capitales humano e intelectual y los reordenamientos organizacionales, para el nuevo impulso educativo en México.
























