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Wembley está preparado, adornado con los aros olímpicos, guardadas las medallas en una caja fuerte. Brasil y México se enfrentan buscando el oro, final inédita, final especialmente emotiva para Brasil. No sólo quiere el oro la selección brasileña, ese oro que nunca colgó del cuello de un futbolista brasileño, quiere además recuperar el prestigio perdido los últimos Mundiales. Nunca estuvo Brasil tan baja en la clasificación de la FIFA de mejores selecciones. Ocupa actualmente el puesto número 13, un número que quieren desterrar por superstición y porque les hace daño.

“Si ganamos el oro daremos un primer paso para acercarnos a España con su ciclo triunfal, en los últimos años nos quedamos bastante atrás…”, decía Menezes. No sería un pequeño paso, sería mucho más, sería destrozar viejos fantasmas, hacer historia. Ese es el cometido de Neymar, el futbolista más espectacular de futuro en el panorama mundial. Esta es la selección de Neymar, aunque Óscar sea un genio, aunque Damiao lidere la clasificación de máximos goleadores.

México llega sin su jugador más habilidoso, sin Giovani dos Santos. Invicta en el torneo, la ‘Tri’ sufrió para pasar los cuartos de final ante Senegal cuando tuvo que recurrir a la prórroga (4-2) y después ganó por veteranía a la sensacional selección de Japón. Giovani es difícil de sustituir. Con tres goles y dos asistencias era el faro de México, tanto en fútbol como con esa actitud de ganador que no se arruga. Miguel Ponce podría sustituirlo.