La Unión Europea (UE) busca afanosamente una salida lo más estable posible de su larga crisis económica y lo hace buscando inspiración en la inversión extranjera directa, el turismo, las desregulaciones y sobre todo el comercio internacional.
El comercio ése mismo que China y Estados Unidos controlan a sus anchas constituye la disputa en ciernes entre las potencias y las economías emergentes, porque simplemente es un motor para la producción, fuente potencial de divisas y dínamo para el empleo.
Hay economías que acuden con mucho tiento a participar y competir en el comercio mundial lo hacen porque tienen una base proteccionista consideran a los productores locales su piedra angular entonces los protegen y los privilegian por encima de los productores internacionales.
Cuando iniciaron las negociaciones entre la UE y Estados Unidos por el TTIP (un mercado potencial con más de 800 millones de consumidores) lo primero que se puso en la mesa es que sería un duelo de titanes entre dos tercos y obcecados proteccionistas hablando de un magno acuerdo de libre comercio.
El resultado, a la fecha, es que el presidente Barack Obama en menos de dos meses estará fuera de la Casa Blanca y el TTIP quedará en la cola del atolladero porque ni Europa ni Estados Unidos tuvieron, verdaderamente, ánimo para sacarlo avante.
En Europa es vox pópuli que si el candidato Donald Trump conquista el triunfo para erigirse en presidente de Estados Unidos, las relaciones con Europa serán muy complicadas y sobre todo Trump buscará entenderse con unos países pero no con todo el bloque en su conjunto; lo que implica que, como ya lo ha manifestado, no tiene interés en el TTIP.
Para la UE harto angustiada en amacizar su endeble recuperación necesitan una salida hacia el exterior vía el comercio, y si no lo pueden hacer con un acuerdo comercial de primera línea ahora buscan presionar para lograrlo vía el Mercosur.
Un tratado Mercosur-UE tampoco es cosa sencilla y no porque sean dos titanes enfrentándose sino porque llevan 20 años (oficialmente 15 años) intentando entenderse aún no se casan y tienen el diálogo fracturado es una especie de pareja condenada al rotundo fracaso.
Pero en el cortejo, la UE no ha dado un paso hacia atrás, al contrario en un acto de valentía se mantiene dispuesta a consensuar las diferencias con los socios del Mercosur formado por Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y Venezuela.
Aunque Venezuela es miembro del Mercosur no está participando directamente en las negociaciones con la UE figura como observador una situación muy compleja porque uno de los miembros de peso del club sudamericano se mantiene reticente a lograr un acuerdo con los europeos.
A COLACIÓN
Quizá la UE se equivoque en su empecinamiento y la filosofía más acorde debería ser abrir las manos soltar al Mercosur y dejar que el bloque se entienda con otros países. Dejar que se vaya…
Pero es que las economías sudamericanas con todo y sus múltiples problemas tienen un potencial mercado de clase media que desata el apetito voraz de los productores industriales europeos.
Y allí están las asimetrías peligrosas: si el TTIP aportaba en su conjunto más de 800 millones (sumando a los de Estados Unidos) de consumidores, con el Mercosur se habla del 80% del PIB de la región y de 250 millones de consumidores que sumados a los 500 de la UE significarían 750 millones de potenciales consumidores.
Claro con sus sinergias, sus asimetrías y sus diferencias de clases porque para la UE no es lo mismo acceder a un mercado más homogéneo como el estadounidense respecto de la heterogeneidad del sudamericano.
Aquí la lucha es desigual aunque algunos dicen que América del Sur podría aprovechar sus ventajas comparativas y competitivas en los bienes primarios de la producción; el problema es que el nivel de industrialización y de uso tecnológico es más avanzado en la UE.
Dicen que ahora sí va en serio, al menos desde el Parlamento Europeo, que cifra sus esperanzas en el nuevo panorama político de Argentina con Mauricio Macri después de que el kirchnerismo se convirtió en el principal dique en contra de las negociaciones del Mercosur para un libre comercio con la UE. Dicen que se ve una luz al final del túnel que bien podría ser para 2017 aunque Venezuela sea un fantasma en las negociaciones.























