Si el uno por ciento de las armas nucleares que están listas para utilizarse en un conflicto bélico fuera detonado en grandes ciudades del mundo, devastaría de manera definitiva el medio ambiente, el clima, los ecosistemas y la vida humana. Y una guerra con miles de armas nucleares estratégicas volvería inhabitable la Tierra. Sería, para la especie humana, la guerra del fin del mundo.
No se trata de una visión apocalíptica, producto del alarmismo o la exageración, sino de la amenaza que pende, todos los días, sobre la humanidad y todas las demás formas de vida. Steven Starr, director del Programa de Laboratorio Clínico de Ciencias en la Universidad de Misuri-Columbia, miembro asociado de la Fundación para la Paz en la Era Nuclear (FPEN) y uno de los investigadores científicos más reconocidos en el movimiento para la abolición de las armas nucleares, ha estudiado a fondo sus posibles efectos y repercusiones en un conflicto.
En una guerra nuclear, señala Starr, “inmensas tormentas de fuego en las ciudades en llamas, generarían millones de toneladas de humo radiactivo, espeso y negro. El humo se elevaría más allá de las nubes y rápidamente rodearía y se tragaría a la Tierra entera”. Formaría una capa estratosférica que impediría la llegada de los rayos solares a la superficie del planeta, durante un periodo de alrededor de diez años.
“El humo caliente en la estratósfera”, continúa Starr, “ocasionaría una destrucción masiva de la capa protectora de ozono. Enormes cantidades de dañina luz ultravioleta atravesarían el humo y llegarían a la Tierra. La luz del sol que calienta el planeta, sería bloqueada por la barrera de humo, lo que provocaría un rápido enfriamiento”.
En cuestión de días, las condiciones climatológicas serían las de una era de hielo. Un frío prolongado, con escasas luz solar y lluvias, a la par que incrementos exponenciales de los rayos ultravioleta, acortarían o eliminarían las temporadas de cultivo durante una década o más. La hambruna nuclear se ensañaría en los 800 millones de personas que viven ya en condiciones de hambre y desnutrición.
Una guerra que involucre uno por ciento de las armas nucleares desplegadas y operativas al día de hoy, provocaría la muerte de hasta mil millones de personas por la hambruna nuclear. Una guerra nuclear en gran escala, en la que participen los arsenales de Estados Unidos y Rusia, seguramente aniquilaría a la mayoría de los seres humanos y a muchas otras formas de vida sobre la Tierra.
Un caso regional específico, donde durante años han surgido situaciones de confrontación bélica inminente, puede servir como ejemplo del desastre: una guerra nuclear entre la India y Pakistán podría generar cinco millones de toneladas de humo en la estratósfera y crear una neblina nuclear que bloquearía entre siete y diez por ciento de la luz solar que calienta a la Tierra; los cielos adquirirían una tonalidad grisácea.
Starr nos recuerda que Estados Unidos y Rusia poseen más de dos mil armas nucleares estratégicas en estado de alerta máxima. Dichas armas tienen una potencia entre siete y 85 veces superior a la bomba atómica que destruyó Hiroshima. Están instaladas sobre cientos de misiles que pueden ser lanzados en un lapso de 30 segundos a tres minutos.
Los científicos predicen que las tormentas de fuego urbanas causadas por una guerra nuclear librada con las cuatro mil 400 armas nucleares estratégicas de Estados Unidos y Rusia, podría enviar 170 millones de toneladas de humo a la estratósfera, que bloquearían 35 por ciento de la luz solar en el hemisferio sur y crearían un crepúsculo nuclear sobre la Tierra. En el hemisferio norte, 70% de la luz del sol sería absorbido por la capa estratosférica de humo. Por debajo de ella, surgiría la oscuridad nuclear.
Los arsenales nucleares deben ser eliminados, porque si permanecen intactos, eventualmente los utilizarán. Las armas nucleares deben ser declaradas ilegales, desmanteladas y abolidas. Por eso, la Convención sobre Armas Nucleares, preparada por organizaciones de la sociedad civil y presentada a las Naciones Unidas, debe ser aprobada. La alternativa es la guerra del fin del mundo.

























