El reciente atentado en Niza, con un saldo superior a los 84 muertos, pone nuevamente en primera plana el grave problema del terrorismo. Criminal acto que ha enlutado nuevamente a Francia, castigada por varios atentados recientes; el de la revista Charlie Hebdo, la escuela en Toulosse, el de Paris en noviembre de 2015 y ahora en Niza, mismos que han provocado la condena y repulsa de todo el mundo civilizado. Estos atentados, podemos verlo, nos muestran en todo su horror las características de los terroristas, violencia, crueldad e intolerancia; entes que exhiben como único argumento el asesinato, aun al precio de la autoinmolación.
Los ataques, todos reivindicados por esa criminal estructura autodenominada “Estado islámico” EI o ISIS, ((Islamic State of Iraq and Syria) o como se le conoce actualmente, DAESH, nombre que a los militantes islámicos les cae como patada en la entrepierna pues se trata de una transliteración del acrónimo árabe formada por las mismas palabras que componen ISIS y dependiendo de cómo se conjugue, esta palabra puede significar “algo que aplastar o pisotear”, “intolerante” o “el que siembra la discordia”, por lo que irrita enormemente a los militantes del grupo por tener connotaciones negativas. Tanto es así que según reportes, el EI ha amenazado con cortarle la lengua a cualquiera que utilice esta palabra.
¿Y qué es el EI o DAESH? es un grupo extremista que busca instaurar un califato, es decir, un sistema de gobierno basado en la ley islámica, y que opera principalmente en Irak y Siria desencadenando un salvaje terrorismo apuntalado en un extremo fanatismo. El origen de él radica en otro grupo surgido en 2003 para combatir la invasión estadunidense en Irak. Se calcula que la organización tiene más de 10 mil combatientes en sus filas, entre ellos muchos musulmanes sunitas del norte de África y de los estados del Golfo, así como conversos de Europa y Estados Unidos.
Pero hablemos de terrorismo y fanatismo. ¿Qué es un terrorista? Una definición breve es el de una persona que busca dominar por el terror, pretende destruir el orden establecido, crear un clima de temor e inseguridad e intimidar a la población en general. Se distingue por el uso de víctimas inocentes para alcanzar su objetivo.
Para entender los atentados recientes, tanto en Francia como en los EUA hay que recordar dos aspectos básicos que determinan el actuar de un terrorista con motivaciones religiosas, uno es el Fundamentalismo, que es el caso de una persona o grupo que adopta una versión exclusiva de la verdad, que hace ver al mundo, fuera de su círculo, como enemigo. El fundamentalismo se manifiesta esencialmente como una intolerancia e intransigencia a la opinión, modo de vida o cultura de los demás; el fundamentalista no razona, no dialoga, no evalúa. Exige sumisión a “su verdad”.
El otro aspecto básico en es el Fanatismo; entendemos al fanático como una persona obsesionada por un pensamiento concreto, por un objetivo que trata de hacer realidad a toda costa. El fanático piensa que solo él y los que son como él han visto la “Verdad”.
Es típico del fanático la obstinación, el descartar el diálogo por considerarlo un elemento inútil. Su discurso público se apoya sobre lemas y no sobre razones.
La violencia terrorista es diferente a las otras formas de violencia por cuanto su objetivo final es provocar el miedo, el terror, el aturdimiento de un sector de la población. El objetivo del acto terrorista no es tanto la víctima como el entorno social, a quien quiere hacer llegar la proyección del impacto emocional doloroso correspondiente.
El terrorista está poseído por un fanatismo ciego y una serenidad pasmosa, que le conduce a ejecutar su crimen sin tener remordimiento alguno. Dispone de las vidas humanas para impresionar y aterrorizar a los forzados espectadores. Ni siquiera tiene la excusa de los violentos, pues no actúan por impulso, sino fría y calculadamente.
En México, hasta el momento, no hemos padecido directamente los horrores del terrorismo a gran escala, pero eso no quiere decir que estamos totalmente a salvo. Tenemos el fanatismo de muchos seguidores de AMLO y la impune violencia de la CNTE, al momento hemos corrido con suerte, pero la suerte no es eterna.
























