Desde hace varios lustros –acaso desde el surgimiento del EZLN en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, en el amanecer de 1994, el año de la barbarie-, se ha podido ilustrar, de sobra, la coincidencia entre el mapa del narcotráfico y el de los grupos subversivos con ínfulas de luchadores sociales. En México, no todas las células armadas tienen un discurso nacionalista; por ejemplo, las bandas de secuestradores –cuyo banco de voces es el único adelanto real que aportó la ahora extinta Secretaría de Seguridad Pública-, sólo torturan a sus víctimas –a los rehenes y sus familiares- en busca de rescates onerosos o exprés. En cambio, quienes alientan voces con la idea de “tomar al gobierno“, como se dijo inmediatamente después del célebre “¡Ya Basta!“ del subcomandante Marcos, se extienden, en la mayoría de las ocasiones por vaguadas inhóspitas y sierras escarpadas, tratando de salvaguardar sus discursos, mensajes y hasta poemas.
No es extraño, dicen, encontrarse a Marcos, sin pasamontañas, desayunando en uno de los locales del señor Carlos Slim Helú en la Plaza de Coyoacán o el Centro Comercial del mismo nombre, enfrente de donde se encuentra una radiodifusora que presume de tener a todos quienes forman opinión pública en el país; los desterrados, como este columnista, debemos servir bien poco aun cuando, en mi caso, mi paso por esta estación fue tan breve como rápida la censura aplicada por unas declaraciones altisonantes del entonces senador Porfirio Muñoz Ledo que no vienen al caso. Pero es evidente que quien declaró la “guerra” al ejército mexicano fue luego custodiado por éste en aquel singular y extraño periplo por la República, en 2001, que culminó con la participación de los neozapatistas en la tribuna de la Cámara de Diputados sin la menor restricción. Doce años después, seguimos exactamente en las mismas sin voluntades políticas, de uno y otro lado, dispuestas a destrabar el absurdo de la única “guerrilla pacifista” sobre la faz de la tierra. Mejor que sea así, desde luego, aunque otros sublevados no sean tan apacibles, digamos, por ejemplo, los del EPR señalados como secuestradores con ayuda de los mandos policíacos federales. Lo saben hasta las piedras.
No entiendo como la administración federal, doce años detenida por las divagaciones de la derecha, no aplica, de una vez por todas, la información que este columnista conoce al respecto, porque fue invitado al búnker construido cerca de la Avenida Constituyentes, y que los mandos de gendarmería y del ejército conocen como si se tratara del mapa del tesoro. Allí podrán encontrar los perversos vínculos de un sector de la clase política con el narcotráfico y de éste con los mandos de los “corporativos” multinacionales de la mafia. La triangulación nace de manera automática, sin rasgar demasiado los entretelones de la política ni las cortinas de humo elevadas ex professo; sólo se requiere verdadera voluntad política.
Pese a ello se sigue jugando al gato y el ratón en el norte de Durango como expresó el Arzobispo de esta Arquidiócesis, Héctor González Martínez, al señalar que en la ruta de Guanacevi pueden hallarse los escondrijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera. Fíjense: lo señaló desde el 16 de abril de 2009 –ya van a cumplirse cuatro años- sin que reaccionaran las autoridades, específicamente las del gobierno federal anterior, encabezadas por calderón –minúsculas-, el mandatario con carilla de monaguillo regañado y con ademán de peregrino con tilma, y ni siquiera se han dado operativos serios para encontrarlo en la región. Es más, se dice que Durango es seguro salvo por esa extensión norteña a donde nadie se atreve a llegar y ni siquiera cruzar por la vía aérea, como si se tratara de una isla autónoma dentro de la entidad. Es increíble.
También es evidente que “El Chapo” cruza la franja norte del país a sus anchas. Ha sido visto por cientos de comensales, sobre todo en Tamaulipas y Nuevo León, quienes se llevan tremendo susto cuando los sicarios de la vanguardia les recogen celulares y les solicitan silencio, que luego convierten en descomunal alegría cuando se enteran que por órdenes del “capo” sus cuentas han sido pagadas. De otra forma, la “liquidación” habría sido humana con el consiguiente sembradero de cadáveres. Mejor comer con miedo y vivir con la cartera llena, debiera ser el nuevo mandamiento civil sobre los restos de la aniquilada moral pública. Por supuesto, todo esto se dice en voz muy baja y con la súplica del anonimato porque sólo los periodistas deben correr los riesgos por contarlo; uno menos no hace siquiera número en las estadísticas brutales de los colegas “desaparecidos”, perseguidos y amenazados.
Lo he dicho en otras ocasiones pero, al parecer, la denuncia no llega a sus destinatarios: quienes afrentan y matan a los periodistas no son precisamente los “capos”, a quienes les encanta la fama porque ello permite que les dediquen “corridos” con los cuales presuman a las suripantas deslumbradas, sino cuantos, desde el poder, temen que sus enlaces sean descubiertos con el consiguiente freno a sus carreras políticas impregnadas con el dinero sucio recibido como parte del lavado y sus alianzas con media docena de bancos –el último descubierto fue el HSBC aun cuando su expansión clientelar en México se viera poco afectada y ninguna indagatoria se abriera por parte de la PGR, especialista en “darle forma” a las consignas, malas o buenas, del titular del Ejecutivo-, comenzando con el Citibank y los bancos “mexicanos” de reciente apertura beneficiados por la derecha. Ojo con ello porque, con ello, les estoy dando una clave que no será vista por los canales de las redes privadas de una de las empresas televisoras de alcance nacional y otrora en poder del Estado. Más claridad ni en el agua.
¿Cómo explicar que las remesas de los infelices indocumentados tengan que pasar por ciertas “tiendas de raya” para hacerse efectivas mediante enseres que son menos importantes que la supervivencia misma?¿Y que sólo un grupo, foxista en esencia pero acomodaticio, se beneficiara y beneficie de las comisiones cobradas por cambiar los cheques en dólares hasta de los beneficiarios más aislados, la mayoría de los cuales desconoce hasta los tipos de cambio y son atrapados por los coyotes al servicio de los superiores?¿Acaso algo tan evidente puede escapar de la visión de las “honorables” autoridades judiciales que alegan, con el presidente Peña, la inexistencia de “intocables” en México? Por favor, de ser cierto, más de un Obispo, como el jubilado de Ecatepec, estaría detrás de las rejas… al lado de todos los ex mandatarios vivos de la República. Los otros, claro, ya forman parte del basurero de la historia.
Es curioso: en otras naciones, como la Papal Argentina –sólo les faltaba esto para sentirse en la gloria total-, cuando se impuso al dictador Jorge Rafael Videla una pena de cincuenta años de prisión, apenas en 2012, ninguna estructura política se rompió; en cambio, en México se teme perseguir, con las leyes en la mano, y querellarse contra calderón –minúsculas- y sus secuaces, el último de los grandes predadores que han surcado por Los Pinos. ¿A qué le teme el presidente Peña Nieto?¿Más incluso que a la otrora todopoderosa “maestra” Elba Esther?¿Cuál es el mar de fondo para seguir protegiendo a Genaro García Luna o a Luis Cárdenas Palomino, autores del vergonzoso montaje respecto a la banda de “Los Zodiacos” de Israel Vallarte, el novio despechado de Florence Cassez?¿Para cuánto estrenamos la película, señores de Televisa? Las fuentes de ingresos están perfectamente garantizadas.
Pero, mientras, en Colombia, las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FARC), insisten, en plena negociación con el gobierno, que nada tienen que ver con el narcotráfico ni tuvieron ninguna intervención con el aniquilamiento aparente de los célebres cárteles de Medellín y Cali, preámbulo de lo que soportaríamos en México desde un lustro después de la ejecución de Pablo escobar Gaviria en 1993, cuatro meses antes del magnicidio de Luis Donaldo Colosio, por si alguien quiere sopesar los desequilibrios y las coincidencias. Dice el refrán: aclaración no pedida, culpabilidad manifiesta. Y es evidente que la dirigencia de la FARC tenía muchas ganas de tirar lastre para ir bastante más ligeros a las mesas de negociación… veinte años después de la muerte del mayor criminal de las mafias del narco.
Debate
Allá por Durango, no hace muchos meses, me confiaron algunas de las penalidades de quienes viajan hacia allá por carretera y deben pasar por el retén cercano a Fresnillo, Zacatecas, dominio absoluto de los hermanos Monreal Ávila, corazones de MORENA el nuevo grupo incondicional de Andrés Manuel López Obrador. Estando de visita en la capital, uno de mis anfitriones recibió el telefonema de su mujer quien, alarmada le contó lo que había sucedido con una pareja amiga:
–¡Los asaltaron a dos kilómetros de la caseta! Se llevaron la camioneta, todo. Y ellos se quedaron, de rodillas, viendo hacia otro lado durante cinco minutos hasta que se despejó la ruta y pudieron andar.
Pero eso no fue todo: en la casilla de marras, un retén militar les obligó a abrir maleteros y puertas. Y se percataron que en un pequeño baúl había joyas de bisutería que la señora llevaba consigo. Cuando, finalmente, los facinerosos les alcanzaron lo primero que les exigieron fue:
–¡No se hagan!¿Dónde están las joyas?
Y al observar que eran falsas, enfurecidos, se levaron todo lo demás, incluyendo el vehículo en el que se transportaban para una boda. Más allá del susto, las humillaciones recibidas fueron lacerantes como cuando se está en un calabozo sin haber cometido falta alguna. No se olvidan jamás y se convierten en pesadillas traumáticas que acaso acompañan por siempre las noches de insomnio frecuentes. Así es, sin remedio; y, no obstante, pareciera que ello importa muy poco a quienes están a cargo de poner en orden a las interrelaciones entre aduaneros, caseteros, soldados y mafiosos, todos en coordinación perfecta en un radio no mayor a dos kilómetros para que no quepa la menor duda de sus actuaciones bajo la más completa impunidad. Es esto lo que, de verdad, desprestigia y abarata a México para beneficio de los financieros del extranjero que compran muy económicamente lo que les rendirá tremendas plusvalías. La reconquista en todo su esplendor con una diferencia: ahora, ni siquiera tenemos lanzas para defendernos.

























