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El presidente Barack Obama, candidato a la reelección en los comicios del 6 de noviembre, arañó dos valiosos puntos al republicano, Mitt Romney y pasó de un empate (45 a 45) a cerrar la semana pasada con un 47 por ciento de apoyo frente a su rival, que cayó al 43 por ciento en la intención de voto.

El sondeo publicado por Reuters/Ipsos refleja que el mandatario ha sabido aprovechar mejor la Convención Nacional Demócrata de Charlotte, donde aceptó la candidatura, que la celebrada por los republicanos en Tampa hace dos semanas.

Obama logró incluso superar el decepcionante dato de su subida de empleo en agosto, que fue publicado el viernes y no hizo mella en su popularidad.

“Están con buen pie”. Julia Clark, de Ipsos interpretó esta ventaja de cuatro puntos Obama —a menos de dos meses para que se celebren las elecciones (58 días)—,  señalando que los demócratas “están con buen pie de cara al resto de la elección”.

 “El desafío ahora [para Obama] es cómo mantener esta ventaja”, advirtió la analista en referencia a que quedan 58 días para la jornada electoral. “Aún estamos muy lejos de la votación”, advirtió.

“Muy mal lugar”. La campaña de Romney rechazó la idea de que deberían entrar en pánico después de que varios sondeos mostraron que el ex gobernador de Massachusetts está perdiendo en varios estados clave, diciendo que tales resultados reflejan la reciente convención demócrata y no la carrera presidencial.

“Un presidente en funciones que está bajo el 50 por ciento en los sondeos está es un muy mal lugar”, dijo un asesor de Romney, quien aseguró que “Mitt está perfectamente ubicado en el tema de la economía con los votantes decisivos, quienes están muy decepcionados con el rendimiento del presidente Obama en el cargo”.

Romney se modera. Mientras el equipo de Romney se apresuraba a desmentir que las encuestas desfavorables eran a causa del giro de extrema derecha que ha tomado el Partido Republicano (Gallup otorgó el sábado también cuatro puntos de ventaja de Obama, 47 a 43), el propio candidato presidencial hizo ayer un sorpresivo gesto de moderación en su discurso, al anunciar que mantendrá partes de la reforma sanitaria que impulsa el presidente Obama.

En el programa de la NBC “Meet the Press” Romney mostró un tono más condescendiente y aseguró: “no me desharé de todas las parte de la reforma sanitaria”.

Romney dijo que impondría su propia reforma de salud, pero conservaría la obligación de que las compañías aseguradoras cubran condiciones preexistentes, y que se asegure que el mercado otorgue pólizas que cubran a todos los miembros de una familia independientemente de la edad.