Una de las investigaciones más importantes realizadas por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) es la que se lleva a cabo en la zona de Tingambato, Michoacán.
En 1979 el arqueólogo Román Piña Chan halló una tumba funeraria que se denominó simplemente: Tumba I Tingambato; ahora los esfuerzos llevados a cabo por investigadores del INAH rinden nuevos frutos, dando la oportunidad de conocer más acerca de la cultura mesoamericana de occidente con el hallazgo de una segunda cámara funeraria.
Entre los datos relevantes que la cámara funeraria ha arrojado hasta el momento, se sabe que debió pertenecer a un alto jerarca del periodo clásico (200 a 900 d.C) en la cultura mesoamericana y que su antigüedad es de aproximadamente mil años.
El hecho de que en su interior se hayan encontrado 19 mil restos de osamenta, piedras, conchas y huesos proporciona una clara idea de los rituales funerarios del periodo clásico. A su vez, el hallazgo de conchas indica que los habitantes de dicha región tuvieron trato comercial con pueblos asentados en la costa, probablemente hacia el rumbo de Pátzcuaro.
Los trabajos de rescate en la zona arqueológica ubicada a 29 kilómetros de la ciudad de Uruapan estuvieron a cargo del arqueólogo Melchor Cruz. La tumba fue hallada cuando el pie de un trabajador se hundió en un hoyo realizado por una tuza y luego de las excavaciones, se encontró la cámara a 2.70 metros de profundidad.
“El acomodo del entierro fue toda una parafernalia: hasta arriba encontramos cientos de cuentas talladas en formas rectangulares y cuadrangulares, caracoles de dos a ocho milímetros de tamaño; algunos de estos materiales probablemente formaron collares, cubrían la osamenta humana a la altura del tórax y los brazos; debajo de los restos del individuo encontramos una cama de lajas colocadas sobre el piso de la cámara funeraria”, dijo el arqueólogo Cruz.
Según estudios de Melchor Cruz, las tumbas I y II fueron construidas antes de la nivelación del terreno para edificar la gran plataforma de Tingambato, que data de alrededor de 450 d.C.
De resultar verídica la hipótesis, “el sitio sería más antiguo de lo que se ha propuesto hasta el momento, su ocupación podría haber comenzado en el año 200 d.C.”.
Paralelamente al hallazgo de la tuma se encontro un patio de considerables proporciones:
“Es el segundo que se halla en este sitio arqueológico, aunque no ha sido posible atribuir su construcción a un grupo indígena específico”, explicó.
A partir de las recientes investigaciones el arqueólogo propone que los dos patios hundidos de Tingambato pudieran dar referencias de la arquitectura de sitios del Bajío, como Plazuelas y Peralta, en Guanajuato, tomando como base las investigaciones del arqueólogo Efraín Cárdenas, quien plantea la edificación de los patios hundidos para el periodo de 350 a 750 d.C.
“Aún faltan muchas investigaciones para definir con claridad los primeros grupos culturales que habitaron Tingambato. Durante más de 30 años no hubo exploraciones arqueológicas por lo tanto no tenemos suficiente información”, concluyó Melcor Cruz.

























