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El PRD es un Partido de izquierda, plural y democrático, que desarrolla una crítica del
capitalismo en la perspectiva de lograr una nueva sociedad igualitaria y libertaria que
supere dicho sistema de explotación, dominación y opresión. Declaración de Principios.

La izquierda en México cuenta hoy en día con cinco características principales en las que se basa su fortaleza: a) un partido (el Partido de la Revolución Democrática) electoralmente fuerte y organizado en todo el país, del que millones de mexicanas y mexicanosson simpatizantes y muchos de ellos adeptos; b) cinco gubernaturas que le dan la connotación de izquierda gobernante; c) una instancia que agrupa la más amplia y plural unidad de la izquierda política; d) un movimiento ciudadano amplio, autónomo y diverso, y e) un movimiento social que cuestiona permanentemente la política económica del régimen neoliberal vigente.

Cada una de estas fortalezas cumple su papel en el conjunto, tiene su propia naturaleza y objetivos, obedece a sus propias reglas y actúa según su propia estrategia. Ello exige la construcción de consensos y el tratamiento unitario de los disensos, sobre todo en momentos en que la coyuntura electoral hace que la unidad se convierte en una urgente necesidad.

La decisión de Andrés Manuel López Obrador de transformar la parte del movimiento ciudadano que él encabeza en un partido político contribuye a esclarecer un hecho ya existente:la actuación del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) como otro partido dentro del Frente Amplio Progresista(FAP), primero, y del Diálogo por la Reconstrucción de México (DIA), que fue particularmente notable durante el proceso de decisión de candidaturas del Movimiento Progresista que ellos arrancaron desde octubre de 2011.

Dichos reacomodos dentro de la izquierda no deben ser vistos como rupturas irreconciliables, sino como las necesarias definiciones para mejorar la eficiencia en el desempeño del papel que a cada uno le corresponde jugar en el conjunto de las fuerzas democráticas.

Compartimos un electorado con López Obrador porque su imagen como candidato está indisolublemente ligada al PRD, pero será responsabilidad mutua cuidar que la competencia que se establecerá, debido al marco legal existente, se realice con reglas que privilegien que los partidos de izquierda lleguen unificados a la nueva disputa por la nación emplazada para el 2018.

El PRD fue concebido como la síntesis de la diversidad de las izquierdas en las que confluían diversas expresiones del movimiento ciudadano, político y social. Por ello, de cara a los próximos procesos electorales, nuestro partido debe seguir siendo un ente plural y democrático.

El proceso de refundación del PRD de 2009 demostró que existe una distancia notable entre lo establecido en el estatuto y la aplicación de los mismos. La mayor parte de las normas contenidas en los documentos surgieron del consenso en el marco del debate. No obstante, la actividad organizativa del Partido se desarrolló sobre la base de acuerdos de excepción, que pronto dejaron de lado los acuerdos del Congreso Nacional en materia organizativa.

Por ello resulta indispensable conformar un nuevo pacto de las expresiones y personalidades para la habitabilidad y fortalecimiento del PRD que contribuya al establecimiento de una plataforma confiable de convivencia que le de impulso al partido, sobre la base de reglas renovadas que estimulen el crecimiento y consolidación del principal partido de la izquierda.

La dinámica de los acuerdos debe conducir a un nuevo consenso basado en la conformación de un núcleo de dirección estable, basado en una mayoría responsable a todos los niveles, que le dé certeza al desarrollo del PRD como institución, de las corrientes, y fundamentalmente a los derechos de los perredistas  como individuos, que nos aleje de los vicios del sistema clientelar y de las simulaciones.

Los principios democráticos deben garantizar al mismo tiempo las posibilidades de desarrollo colectivo a las formaciones internas, corrientes y también a los individuos.

Debemos revisar la existencia del porcentaje de dos tercios para la conformación de los órganos y recuperar la representación proporcional como mecanismo de articulación de la diversidad interna. Eliminar del estatuto y de la práctica todo mecanismo de concentración y exclusión tanto en la elección de dirigentes como en la decisión de candidaturas.

Las formas de votación deben corresponder a los propósitos unitarios y de inclusión que auspicien la unidad del partido. No pueden conformarse en la práctica más escenarios en los que la mayoría relativa se sobrerepresente y las minorías sean los que corran los riesgos.

El tema de la afiliación al partido sigue siendo un ámbito desde el cuál se define la correlación de fuerzas interna del Partido y no el espacio de su crecimiento unitario. Debemos revisar la integración de su órgano responsable para garantizar su comportamiento equitativo y su confiabilidad. La afiliación debe abrirse para aprovechar el ambiente generado por la campaña electoral, de otro modo los ciudadanos que deseen participar buscarán otra alternativa.

En el PRD deben dejar de existir espacios delegacionales, municipales o estatales en los que por cualquier razón se suspendan las votaciones y el único parámetro que exista sea la fuerza electoral interna obtenida de un cuestionado proceso del pasado.

El incumplimiento de acuerdos tomados sin un verdadero compromiso- con fines de desactivar presiones o generar mayorías útiles a objetivos particulares en otros casos- ha generado en el PRD un deterioro de la institucionalidad de los órganos y de la confianza mutua entre las expresiones. Luego del incumplimiento de acuerdos no se puede hacer como si éstos no se hubieran tomado.

Por otro lado, el cultivo de dinámicas revanchistas condena a la exclusión a numerosos compañeros y compañeras que teniendo trayectoria y capacidad son satanizados por pertenecer a tal o cual corriente. Seguir pensando que se puede avanzar sobre la base de dinamitar las posibilidades de las otras expresiones sólo nos recudirá en nuestras posibilidades colectivas como Partido.

Debemos estimular el crecimiento y consolidación de cuadros con vocación unitaria en todas las corrientes y rechazar las prácticas que conduzcan a la confrontación interna y al uso de mayorías mecánicas, por la falta de operación política.

Las relaciones entre las instancias del Partido, las corrientes y los militantes debe basarse en un conjunto de reglas que garanticen acuerdos cumplidos, reconocimiento unitario mutuo, corrección de debilidades y construcción de fortalezas, con la mira puesta en el objetivo transformador que nos unifica, rechazando prácticas que puedan desembocar en el deterioro de la unidad o en la degradación de la imagen pública de los partidos o candidatos.

Si como se ha estado consensuando, la siguiente etapa es la conformación en Partido Frente, todos los agrupamientos que compartan los objetivos, aún bajo distintas concepciones, deben tener cabida en dicho proyecto. Pero si no se esclarece el debate y se formula una agenda común, sucederá como con otros conceptos: cada quién le dará su propia interpretación y eso puede conducir al inmovilismo o a decisiones precipitadas que propicien abusos y confrontaciones.

*Integrante de la Comisión Política Nacional del Partido de la Revolución Democrática
*Integrante del VIII Consejo Nacional del Partido de la Revolución Democrática