España no sabe todavía quién la gobernará y no se descarta ninguna sorpresa como la de volver a las urnas en 2016 si el canibalismo político-partidista impide la formación de Gobierno.
Los resultados de la jornada electoral de las Generales del 20 de diciembre desnudan el fin del bipartidismo de toma y daca, acomodaticio y acostumbrado a repartirse el pastel.
Asimismo revelan un nuevo rostro pluripartidista cuya fragmentación y dramática pulverización obligarán a una minuciosa tarea de lobbys a fin de lograr que prosperen en el Congreso las iniciativas de ley y las propuestas de reformas. De no lograrse, la ingobernabilidad será una constante así como el empantanamiento legislativo.
Con mucho Melox se van digiriendo los primeros efectos postelectorales, si bien las encuestas siempre dieron la victoria al PP del presidente Mariano Rajoy también avizoraron pactos para formar Gobierno dándole a Ciudadanos, el partido del candidato Albert Rivera, un segundo sitio que nunca obtuvo y que en la quimera le confería el picaporte para La Moncloa.
En la realidad, el PP se dejó en el camino 3.6 millones de votos en comparación con su resultado de 2011 obteniendo con ello un triunfo amargo de mínimos con 123 escaños.
Cabe señalar que del total de los 350 diputados del Congreso, se requiere una mayoría absoluta de 176 para elegir presidente en la primera votación lo que obliga a buscar sendos convenios.
Por eso el ambiente está que arde porque no sale la aritmética para que Rajoy sea investido, al probable pacto entre PP y Ciudadanos que algunos analistas preveían en los sondeos y las tertulias políticas le hacen falta varios números y es que Ciudadanos no sólo no quedó segundo sino que lo hizo en cuarto sitio.
La suma de PP (123) más Ciudadanos (40) juega la misma baza maldita que la matemática hipotética del PSOE (90) con Podemos (69). El primero sumaría 163 escaños y el segundo bloque 159, ninguno llegaría al número imprescindible de 176 diputados lo que les podría llevar a un coqueteo con los grupos nacionalistas vascos y catalanes.
A COLACIÓN
El 2016 apunta a un escenario político incierto en España que bien podría terminar pasándole factura en la tenue recuperación económica urgida de amacizarse. El Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé un PIB para la economía ibérica del 2.5% luego de anticipar un cierre en 2015 del 3.1% y ensalzarla como ejemplo modélico de la recuperación de la Unión Europea (UE).
Todo pende de la capacidad política de sus actores para anteponer la visión de España a sus propias prioridades de vasallaje, el tono lo marcará el Congreso que deberá quedar constituido el próximo 13 de enero.
Para entonces, el presidente Rajoy deberá saber si ya cuenta con algún aliado para formar Gobierno, de no hacerlo podría intentarlo en una segunda votación en el Congreso apelando a su victoria como minoría y cruzando los dedos porque los legisladores del PSOE, Podemos o Ciudadanos no se manifiesten en contra optando por abstenerse.
Ciudadanos afirma en voz de Rivera que dejarán formar Gobierno a Rajoy y el PSOE ha dicho que no lo apoyarán. La incógnita es Podemos, el partido que verdaderamente ha resultado más beneficiado en estas elecciones tras obtener 5 millones 142 mil 075 de sufragios a su favor, traducidos en 69 parlamentarios constantes y sonantes.
La marca morada ha trasvasado para sí muchos votos tanto del PP como del PSOE, entre Podemos y Ciudadanos, le han atizado un hachazo de 109 votos al bipartidismo convirtiéndose además en una real alternativa izquierdista para todos los desencantados del PSOE.
Iglesias va respondiendo al viento de los pactos de investidura que no rechazaría en determinado momento apoyar al PSOE para formar Gobierno siempre y cuando, condiciona el líder político, “se reconozca la plurinacionalidad de España”.
En el solsticio postelectoral lo peor que puede venir es que Rajoy se quede sin viabilidad para gobernar y el rey Felipe VI disuelva la Cámara, convocando elecciones con base a lo estipulado en la Ley Orgánica del Régimen Electoral General, una vez publicado en el Boletín Oficial del Estado, se tienen 54 días para volver a las urnas.
No hay que soslayar la presión internacional, ni la que provendrá desde Bruselas, el seno de la UE que en 2015 se tragó el bocadillo de izquierda radical de Syriza en Grecia y el más reciente tentempié de coaliciones izquierdistas que tumbaron del poder a Pedro Passos Coelho en Portugal. Un Mediterráneo en rojo.
La agencia Fitch aventura la contingencia de otra ronda electoral en 2016 -para mayo o junio-, y aunque si bien el presidente Rajoy tuvo la prudencia de dejar aprobado el presupuesto del próximo año la propia calificadora advierte del daño que la incertidumbre provocará en la economía española.























