Continuando con el tema del Islam tratado en la entrega pasada, ahora expongo algunos datos con los cuales intento dar un panorama sencillo de un problema muy complejo.

Es una realidad, el mexicano poco lee; el grueso de la información que tiene un ciudadano promedio viene de los medios masivos de comunicación, básicamente televisión y radio, en menos proporción los medios impresos, periódicos y en menor número revistas especializadas. El resto de la información proviene de pláticas y comentarios con personas del medio familiar, fobias y filias de los padres, de algunos maestros en las escuelas y el resto viene de pláticas con amigos y conocidos.

Van algunos antecedentes para entender la violencia del Islam fundamentalista: Después de la Primera Guerra Mundial los grandes imperios coloniales (Inglaterra, Francia y el Imperio Otomano) desaparecen, se crean diversos estados de fronteras inestables que nunca estuvieron totalmente en paz; después de la Segunda Guerra Mundial , con la victoria de los Aliados, en el Oriente Próximo ( Medio Oriente para los EUA) aparece el nacionalismo árabe y luego el fundamentalismo islámico que empeora con la creación del Estado de Israel. Surge la riqueza petrolera y los países árabes entran en una dinámica de guerras con el recién creado Israel, siendo la más desastrosa (para los árabes) la llamada “Guerra de los 6 días”, donde perdieron de todo, todo. Desde entonces los conflictos entre Israel y Palestina, además de otros países árabes, han entrado en una espiral de violencia progresiva. Para colmo, la “Guerra del Golfo” en 1991 y la invasión a Irak han dejado un severo problema de humillación y resentimiento. El Islam es una civilización que se considera a sí misma superior moral y culturalmente a Occidente, pero que vive dolorosamente obsesionada por la inferioridad de su tecnología y poder.

El problema con el Islam ha empeorado con la aparición del fundamentalismo de origen wahabita, corriente sunnita originada en Arabia Saudí. Esta variante, que de origen era relativamente tranquila, ha sufrido una notoria radicalización y reclama una interpretación purista del Corán y por lo tanto la aplicación de la Sharia a todos los aspectos de la vida. Por si esto no fuera suficiente, ha reaparecido un brote del Salafismo, variante aún más radical del Islam.

Para entender su manera de pensar es obligado recordar que los musulmanes consideran el Corán como la palabra de Dios, revelada, en vivo y en directo, a un arriero de camellos analfabeta, Mahoma, por medio del arcángel Gabriel, y dado que el mismísimo Dios en persona es al autor, el texto es por lo tanto absolutamente infalible. El problema es que en uno de sus textos, el Corán nos avisa de la existencia de un juicio para las naciones “corrompidas” por la riqueza, el poder y el orgullo, y claramente señala que si no se reforman serán castigadas con la destrucción o serán sojuzgadas por los pueblos más virtuosos. No hace falta aclarar que los pueblos corruptos son Occidente, concretamente Estados Unidos, Francia y sus aliados, y obviamente los pueblos virtuosos son ellos.

En los años reciente han aparecido varios grupos fundamentalistas islámicos, siendo el más conocido el denominado Al Qaeda, liderado por Osama Bin Laden, cuya acción más visible fue el atentado a las torres gemelas. Posterior a Al Qaeda aparece el “Estado Islámico”, ultraviolento y sanguinario grupo terrorista de naturaleza fundamentalista, wahabita, autoproclamado califato, y asentado en un amplio territorio de Irak y Siria El grupo es controlado por Abu Bakr al Baghdadi, autoproclamado Califa de todos los musulmanes y cuyo (des)propósito es instaurar un califato mundial bajo la ley de la Sharia

El asunto no es sencillo; intervienen pobreza, ignorancia, ambición, fanatismo, violencia y resentimientos ancestrales. No hay soluciones sencillas, los bombardeos a las posiciones yihaidistas en Siria e Irak pueden ayudar, pero si se desea acabar de raíz con ISIS inevitablemente se tendrá que invadir y ocupar físicamente el territorio controlado por los fanáticos. Mal asunto.

Alejandro Vázquez Cárdenas
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