Desde hace tiempo, la Universidad Michoacana ha sido rehén de diversos grupos políticos, tanto del gobierno estatal como de “cartuchos quemados” y grupos y sindicales. El motivo es simple; poder, dinero y diversas canonjias, ente las cuales se dice que una de las más redituables de la venta de plazas y el acomodo a diversos recomendados.
Desde hace decenios la Universidad Michoacana ha entrado en un declive progresivo. Esto es una realidad verificable. En lo personal, puedo afirmar que es particularmente cierto en las carreras de Leyes y Medicina, si bien en las demás el problema se percibe igual.
En los días pasados, puntualmente como todos los años, fuimos testigos una vez mas de los atropellos y desmanes que invariablemente se presentan usando como carne de cañón a los fracasados aspirantes a ingresar a la Universidad. Diversas organizaciones y estructuras, destacando la cavernaria CUL, se dedican a reclutar a los aspirantes reprobados -que no rechazados- y, según algunos afirman, previo acuerdo económico o alguno otro parecido, los enlistan en un paquete para negociar su ingreso a determinada Facultad.
Para no variar, las H. Autoridades, tanto universitarias como las estatales y municipales, se han concretado a mirar como se destruye a la Universidad. Ha sido necesaria la acción de la ciudadanía para rescatar los espacios universitarios ante la evidente y vergonzosa cobardía (extrema cobardía) de las mediocres autoridades.
Y hablando de mediocridades, ¿Qué tiene que ver la CUL , ese agresivo grupo de fósiles a sueldo, oportunistas incrustados en las mal llamadas “casas de estudiante”, imponiendo sus criterios de admisión en la Universidad?. ¿Que justificación académica tienen las autoridades universitarias para tolerar esa absurda intromisión? ¿A que le tienen miedo las apocadas autoridades universitarias?
Todos podemos estar de acuerdo en que la educación es una necesidad básica, pero también es una realidad que no todos los que desean ser médicos o abogados o ingenieros tienen la vocación y sobre todo la capacidad para serlo. Suena duro pero debe seleccionarse a los más aptos. Los incompetentes y los limitados intelectuales no tienen cabida en una Universidad.
El problema de las Universidades tiene múltiples aristas, algunas obvias y otras no tanto, algunas que pueden tener eventual corrección en corto plazo y otras que requieren cambios profundos en la estructura educativa del país.
La eficiencia terminal es muy baja, de acuerdo con datos de la ANUIES y la Dirección General de Profesiones de la SEP vemos que de un promedio nacional, de 100 alumnos que ingresan a licenciatura, 60 terminan las materias del plan de estudios cinco años después y de éstos, solo 20 se reciben.
Otro problema lo tenemos en el nocivo centralismo. Resulta que tres entidades, el DF, Puebla y el Estado de México concentran ellos solos a la mayoría de las Universidades y en el otro extremo se encuentran estados como Nayarit, Baja California Sur y Colima con una mínima presencia de centros de educación superior. Esto se traduce en migración forzada de estudiantes de un estado de la República a otro.
Otro problema, el gigantismo, lo podemos observar comparando la población estudiantil entre universidades de reconocida categoría y las nuestras. La UNAM tiene reportada una población de alumnos superior a los 260 mil, si la comparamos con Harvard con sus escasos 7 mil alumnos la diferencia es abismal. La U. de Guadalajara tiene casi 150 mil, la de Yale menos de 6 mil. De las diferencias en calidad mejor no hablamos.
Otra tragedia: Actualmente en las universidades públicas mexicanas estudian un millón y medio de alumnos y, de ellos, sólo la mitad logra colocarse en el mercado de trabajo; las carreras tradicionales están sobresaturadas, por lo tanto los egresados terminan en trabajos que nada tienen que ver con sus estudios, o están en el desempleo abierto.
Nuestra “gloriosa” Universidad Michoacana es una universidad menos que mediocre, donde año con año vemos salir comaladas de asnos, pero eso sí, con un impresionante título. No importa que si son médicos escriban útero con H, que no sepan bien a bien si el bazo está en tórax o en abdomen; si son abogados que digan “haiga” y “huesamenta”. Facultades como Historia y Filosofía solo generan “grillos”, parásitos y desempleados, en ese orden; ninguno de ellos capaces de ver mas allá de su ombligo. Todos emblemáticos productos de una educación “científica y popular” etc. y etc.
El tema da para más. Pero es demasiado deprimente.

























