El mundo está entrando, ya de lleno, en una de esas etapas de locura que nadie entiende pero cuyos efectos suelen ser devastadores. De vez en cuando, bien lo sabemos, surgen personajes como Napoleón y Hitler –profetizados por Nostradamus acaso porque era un buen psicólogo de masas-, al estilo de Hugo Chávez, Fidel en su decrepitud y Arturo Mas, el presidente de la llamada Generalitat de Cataluña en donde se sienten más vanguardistas que Gaudí por el sólo hecho de haber nacido en la misma tierra. Pobrecillos de quienes, sin argumentos válidos, salen a las calles a clamar lo que son incapaces de explicar y demostrar; o se infiltran, como en México y Madrid, para desvirtuar los movimientos multitudinarios fundamentados en el dolor cívico y en la incapacidad por producir los satisfactores básicos.
En Venezuela, el enfermo –de cáncer y de la cabeza, como sabemos, hace tiempo-, Hugo Chávez, quien dice ser, nada menos, “el corazón” de su patria –en México hay falsos visionarios que también se lo creen pero son más pudorosos hasta ahora-, advirtió sobre una “guerra civil” si perdía las elecciones porque sólo así podría defender la “revolución bolivariana”; esto es la democracia comienza y termina donde fija el jefe de Estado con sus afanes reeleccionistas y sin importar los serios niveles del mal que no revierte con todo y las intervenciones de los médicos cubanos al servicio de la Corona, perdón, del gobierno de los Castro. ¿Cuál es la diferencia, llegados a este punto, entre la derecha y la izquierda extremas?
Una muestra más. En Cataluña, en donde los aficionados a los toros viajan a Nimes, Francia, para contemplar las corridas que en su “autonomía” les prohíben como si fueran entenados de una autocracia arrogante, sólo el ocho por ciento de los ciudadanos apoyó a la monarquía en una encuesta en la que el cuarenta y ocho por ciento aseguró estar dispuesto a votar por la independencia mientras el señor Mas –debiera ser menos por sus alcances descocados-, comienza a mencionar que “España no podrá utilizar las armas” en su diferendo casi personal con enorme cauda de chantaje: sólo si le entrega más dinero el presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, el traga-palabras, desistirá de sus empeños secesionistas. En la misma línea que la absurda censura a las corridas de toros, por su origen hispano y no para proteger a los animales como supusieron los ignorantes y algunas bestias de dos pies que sólo conocen el insulto sin posibilidad de hilar dos razonamientos; por ello, naturalmente, forman parte de los seres irracionales: no es una ofensa sino un diagnóstico. Ellos mismos se exhiben.
Chávez no se tienta el corazón cuando se trata de defender su feudo y no la democracia. ¿Quién puede creer en él después de protagonizar, entre quimioterapias, la amenaza y el acecho contra sus adversarios sembrando la muerte y pretendiéndose lavar las manos? Y, sin embargo, alguna vez escribí que, pese a sus delirios in extremis, cuando menos el mandatario de Venezuela no permitía ofensa alguna contra su país y alzaba la voz contra las potencias y los países con los que hace frontera el suyo, cada vez que ha sido necesario ante los abusos del exterior. ¿Nos olvidamos ya que llamó “cachorro del Imperio” a Fox cuando el incidente de Monterrey obligó a Fidel Castro a salir rápidamente de la Cumbre Iberoamericana antes de que pudiera siquiera “cruzarse” con Bush junior?¿Tenía o no razón?
Pasado el tiempo, Fox tuvo un momento de lucidez, cuando evitó apoyar a la Casa Blanca en la invasión a Irak, presidiendo nuestra delegación entonces el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, pero después fue penoso el semblanteo diplomático en demanda de “disculpas” al amigo George luego de los insolentes regaños del entonces embajador “Tony” Garza quien acabó casándose con la millonaria empresaria María Asunción Aramburuzavala, la mujer más rica del país; y se divorció de ella cuando le convino económicamente. Muy hombre y muy provocador el sujeto ése. Garza llegó a decir que los amigos lo eran siempre y que México no se había mostrado como tal en un momento crucial para los Estados Unidos; es decir, complementando la sentencia bushiana: es enemigo quien no es amigo. Y todo quedó en esta andanada con los diplomáticos mexicanos cabizbajos de manera vergonzosa, igual que cuando Chávez le dijo, en voz muy alta a Fox:
“Eres como una espinita
que en la ruta campea;
le doy aliento al que pasa
y espino al que me menea”
Y todos tan calladitos, con las cabezas enterradas en la tierra igual que los avestruces. ¿Cómo pretender, con tales actitudes, que México conservara su liderazgo en el entorno latinoamericano? Ahora, el mandatario electo, Enrique Peña Nieto, pretende recuperarlo: a ver cuántos sexenios –y no sé si sólo del PRI- se lleva la reconstrucción, si se realiza.
En el caso de los catalanes la situación se agrava por las manifestaciones independentistas en una hora, además, en la que los casi seis millones de desocupados, ya cerca del treinta por ciento de la población productiva –España tiene cuarenta y siete millones de habitantes-, son azuzados por fuerzas extrañas para violentarse, sin que tal sea el motivo central de las protestas, y ser alentados a “tomar el Congreso de los Diputados”, en el corazón de la zona turística madrileña y a unos cuantos metros del emblemático Museo del Prado, pero sin saber para qué. ¿Cuál sería el propósito?¿Lanzar consignas durante horas ante los sitios vacíos de los diputados y el del presidente del gobierno? No se olvide el 23 de febrero de 1981 cuando un Guardia Civil, el teniente Antonio Tejero Molina, quien vive en su casa de Málaga luego de cumplir un reducido periodo de prisión, animado por algunos generales franquistas –y acaso monárquicos-, disparó ante Adolfo Suárez y los congresistas tres tiros y secuestró a los miembros de la Cámara durante varias horas hasta que abortó, por intervención del Rey –muy preparado para dar el salto de un lado a otro-, sin mayores consecuencias para los jefes militares de alto grado. Una vergüenza que, para muchos, fue el inicio de la democracia española.
De allí partieron las autonomías que en México llamamos estados soberanos aplicando mal el término. Porque la soberanía, insisto, es el poder que no reconoce a ningún otro y los estados de la República están regidos por la Carta Magna federal y las constituciones locales no prevalecen sobre ésta. La corrección sería necesaria para evitar, ahora cuando la contaminación avanza, querellas tan inútiles como costosas en estos días de desenfreno y locura que presagian mayores tempestades.
Es la hora de razonar, de argumentar, en fin, de intercambiar ideas con seriedad; no de aprobar reformas al vapor que destruyan las banderas sociales de una lucha armada, la Revolución, que sembró dos millones de muertos. La guerra de Calderón, sin ningún objetivo cumplido salvo el propagandístico –por la aprehensión de capos que van conociéndose en la medida en la que son puestos a buen recaudo-, ya lleva ochenta mil cadáveres por toda la nación, la mayor parte de ellos de inocentes que cayeron en el fuego cruzado. ¿Nadie va a responder por esta tremenda locura?
Debate
Los defensores de Calderón asumen que éste no tiene responsabilidad alguna en el derramamiento de sangre que marcó al sexenio de la violencia. Se equivocan, de par en par. Es culpable por varias razones:
1.- En un principio, acaso para alcanzar una legitimidad a la que nunca llegó, fraguó la unión de los cárteles para negociar con sólo uno, el de Joaquín “El Chapo” Guzmán. El encargado para ello fue Juan Camilo Mouriño Terrazo, el joven delfín de origen gallego y nacido en Madrid, cuya unión con México se consumó al morir en la capital del país luego de la sospechosa caída del Jet Lear que le conducía desde San Luis Potosí en noviembre de 2008. No hubo mayores indagatorias y el entonces secretario de Comunicaciones, Luis Téllez Kuenzler, pidió a Calderón… que no interviniera la PGR para evitar el escándalo.
2.- Luego de este incidente, aconsejado por su incondicional, Genaro García Luna –el mismo que prohijó los escándalos judiciales de mayor nivel, como el de la francesa Florence Cassez que enturbió nuestras relaciones con el país galo-, comenzó abiertamente “la guerra” contra los capos y cárteles con los saldos ya conocidos: ochenta mil víctimas, la mayor parte inocentes de acuerdo a la lista de las organizaciones no gubernamentales, aun cuando la superioridad “sólo” reconoce sesenta mil.
3.- Los esfuerzos bélicos de Calderón no sirvieron para maldita la cosa: de acuerdo a las cifras del Departamento de Seguridad de los Estados Unidos, a la fecha, no ha disminuido, en un solo gramo, las “exportaciones” de droga desde nuestro país al norte. Esto es, ¿para qué entonces tanta sangre derramada, en proporciones mucho mayores a los genocidios de Tlateloco y el Jueves de Corpus en 1971? Ni en los círculos oficiales se atreven a responder a este cuestionamiento.
4.- Fue evidente que a trueque de combatir a un sector del narcotráfico se protegió a otro, precisamente el comandado por “El Chapo” Guzmán quien se da el lujo de figurar entre los grandes multimillonarios del planeta en la revista especializada Forbes.
5.- Y lo peor: los mandos castrenses se fracturaron al ponerse bajo las órdenes del civil García Luna, secretario de Seguridad Pública, y en competencia con el Almirantazgo por las sospechas del propio mandatario sobre la infiltración de las mafias en el seno de los militares de alto rango.
No puede cambiarse la historia.
La Anécdota
Entre ls colaboradores del presidente electo destaca el doctor Luis Videgaray Caso, nacido en agosto de 1968 –curiosamente dos meses antes del genocidio de la Plaza de las Tres Culturas-, quien es el primero… entre los segundos, esto es detrás de Peña Nieto, se entiende.
Para él va un recordatorio en paralelismo a una sentencia del dictador argentino Juan Domingo Perón:
–Siempre debe permanecerse en segunda fila cuando los cambios llegan; a los primeros los matan siempre y los segundos son quienes alcanzan la gloria del poder.
Sería bueno reflexionar sobre ello cuando nadie, en este momento álgido, tiene la vida comprada. Locuras de nuestro tiempo.
























