El asalto a la razón
Servicios periciales de vergüenza
Carlos Marín
El robo del cuerpo es tan grave como la muerte misma del Z-3, El Lazca o El Verdugo, como se le apodaba a uno de los 37 capos mexicanos más buscados.
Que un “comando armado”, dijo el procurador de Coahuila (sabedor quizá de la existencia de algún “comando desarmado”), pudiera hurtar de una funeraria el cadáver de alguien abatido por la Marina sin su paso de rigor por algún servicio forense, revela tanto la pobreza de recursos técnicos y humanos como que ninguna autoridad tenía, sino hasta después de saberse de la sustracción, la menor idea sobre la identidad del personaje.
La probabilidad de que a El Verdugo se le siguiera dando por vivo es grande: murió hacia el mediodía del domingo; robaron su cuerpo a la una de la mañana del lunes y fue hasta pasadas otras siete horas cuando se empezaron a cruzar las huellas y fotos para saber quién era. Se despejó la duda… ¡32 horas después! de muerto el segundo criminal que, solo detrás de Joaquín El Chapo Guzmán Loera, fue el principal objetivo de las policías del mundo.
Bien pudo quedar como otro “desconocido” que acabara… en una fosa común.
La historia en breve
La muerte de El Lazca, la muerte del parte de guerra
Ciro Gómez Leyva
La Marina tenía prisa por ganar la nota. No le importó hacerlo con un trascendido, con un “existen fuertes indicios” de que el criminal más sanguinario en la historia de México estaba muerto.
¿No tenía la Marina el lunes en la noche las fotos y huellas que presentó la mañana del martes? Si las tenía, ¿por qué no las presentó? Si no las tenía, ¿por qué la urgencia de estar en el prime time televisivo el lunes y no el del martes?
¿La Marina optó por el trascendido, por el “existen fuertes indicios”, porque requería que la Procuraduría de Justicia de Coahuila (autoridad competente) corroborara que el muerto sí era Heriberto Lazcano, El Lazca, líder histórico de Los Zetas? Si fue así, ¿por qué no salieron a dar la noticia juntos?
Es cierto que hay un antecedente en esta forma de difundir una noticia. El del entonces vocero de Seguridad Nacional, Alejandro Poiré, cuando anunció en diciembre de 2010 que “diversos elementos de información coinciden en señalar que cayó abatido Nazario Moreno González, principal líder y uno de los fundadores de la organización criminal de La Familia michoacana”.
Los hechos terminaron verificando aquellos “diversos elementos” de Poiré y rompieron la leyenda que se expandía de que El Chayo Nazario estaba vivo.
Felicidades, en fin, a la Marina por el golpe. Felicidades, pese al extraño método de comunicación que eligieron. Porque, para efectos, la muerte de El Lazca viene a ser también la muerte del parte militar, ese informe conciso y sólido de las operaciones que manejan las fuerzas armadas.
Caben ahora los adelantos. Los trascendidos a verificar.
Trascendió
Trascendió
:Que a la Secretaría de Marina le tienen sin cuidado las presuntas diferencias con la Agencia Antidrogas Estadunidense (DEA) sobre las características particulares del líder del cártel de Los Zetas, Heriberto Lazcano Lazcano, abatido el domingo en Coahuila durante un enfrentamiento con elementos de la Armada.
Los centímetros de diferencia en la estatura se van generando con los años, dicen en la Semar, y la fecha de nacimiento correcta es la del acta en poder de la dependencia. Pero en lo que no hay ninguna duda es en las huellas digitales, por lo que sostiene que la acreditación de la identidad es 100 por ciento segura.
:Que hay un fuerte debate en el equipo de Enrique Peña Nieto sobre el rediseño de la administración federal, en especial en las áreas de gobierno y seguridad. Específicamente, sobre si habrá una suerte de ministerio del interior que concentre las relaciones con los poderes de la unión, los partidos y los estados, y tenga además el control de los órganos de inteligencia y seguridad pública.
O si las relaciones políticas las concentra la Oficina de la Presidencia y se impulsa el fortalecimiento de la Secretaría de Seguridad Pública. En esas andan. Como sea, algo importante ocurrirá con la Secretaría de Gobernación.
:Que la comitiva que viaja con el presidente electo a Europa es prácticamente la misma que fue a Centroamérica.
Su esposa Angélica Rivera, Luis Videgaray, Emilio Lozoya, David López y Roberto Miranda, del Estado Mayor.
:Que, por cierto, si François Hollande, presidente de Francia, espera conseguir algo de Peña Nieto sobre el caso de Florence Cassez, como pretende la esposa del primero, se va a quedar con las ganas. El tema se tratará, pero por ahora no se fijará ninguna posición frente al tema. Ninguna.
:Que Dolores Padierna dice que no hizo berrinche el lunes por el lugar que le tocó en la sesión en que el Tribunal Electoral del DF declaró Jefe de Gobierno electo a Miguel Ángel Mancera. Según ella, los lunes toma un curso sobre planeación legislativa y estrategia política de 11 de la mañana a 1 de la tarde.
En Privado
‘Lazca’: de increíble a extraordinario
Joaquín López-Dóriga
Cuídate mucho de ti. Florestán
El lunes por la noche se conoció que en un encuentro a tiros el domingo en Progreso, Coahuila, elementos de la Marina habían matado a Heriberto Lazcano Lazcano, El Lazca, líder fundador del cártel de Los Zetas y uno de los dos más buscados en México, por cuya captura la PGR ofrecía 30 millones de pesos y la DEA cinco millones de dólares.
El primer comunicado, antes de la medianoche, hablaba de fuertes indicios de que había muerto Lazcano.
Por la mañana, la misma dependencia confirmó que, efectivamente lo era, conclusión a la que llegó a partir de huellas dactilares y fotos.
A media mañana, la Procuraduría de Coahuila coincidió, era Lazcano, pero dio a conocer que su cadáver había sido robado por un comando.
Pues la historia remite a un partido de beisbol el domingo en Progreso. A la salida, una patrulla de la Marina se topó con un automóvil en el que viajaban dos personas. Al hacerles el alto les dispararon una granada, y al responderles los mataron.
Como en estos casos, se dio parte a la Procuraduría de Coahuila, que quedó a cargo del levantamiento de los cadáveres y su traslado a la funeraria García, en Sabinas no hay morgue para la necropsia. Uno fue identificado como Mario Alberto Rodríguez Rodríguez, el otro quedó como no identificado.
Los peritos fotografiaron los cuerpos y tomaron las huellas dactilares.
A las ocho de la mañana del lunes, el dueño de la funeraria reveló que a la una de la mañana un comando encapuchado se presentó para llevarse los cuerpos y que él mismo tuvo que manejar la carroza, sin saberse su destino.
El punto es que cuando la Marina, primero, y la Procuraduría de Coahuila, después, confrontaron las huellas y las fotos, concluyeron que, sin saberlo, habían matado al líder fundador del cártel de Los Zetas.
Y cuando fueron por los cadáveres ya habían desaparecido.
La historia se puede antojar increíble, pero al confirmar la identidad de Lazcano Lazcano se convierte en extraordinaria.
RETALES
1. VIAJE. Enrique Peña Nieto viaja en su gira a Europa por primera vez en el TP-01, el avión presidencial comprado en 1987. Iba a ir en el TP-02, el Boeing 737, pero está en mantenimiento. La decisión fue del presidente Calderón. Lo acompañan Luis Videgaray, Emilio Lozoya, Miguel Osorio Chong y David López;
2. TIEMPOS. La iniciativa de la comisión anticorrupción, que Peña Nieto iba a presentar a los diputados del PRI, se pospuso hasta que definan las comisiones en San Lázaro; y
3. ENCUENTRO. Miguel Ángel Mancera, jefe de gobierno electo del Distrito Federal, y Luis Videgaray, hombre clave de Peña Nieto, coincidieron en que están listos para el encuentro, a su regreso de Europa.
Nos vemos mañana, pero en privado.
Duda Razonable
‘El Lazca’, el beisbol y los indicios… nuestra tragicomedia
Carlos Puig
Andaba, pues, El Lazca, colíder de Los Zetas, tan tranquilo viendo un partido de beisbol dominguero cuando le avisaron que venían los federales, por lo que montó en la troca y cuando andaba huyendo se agarró a tiros con los marinos y murió.
Los marinos, en los boletines oficiales, tienden siempre a repeler agresiones cuando se trata de detener a capos del narco.
Los marinos mexicanos midieron al muerto, lo pesaron, le tomaron huellas dactilares y lo dejaron en manos del Ministerio Público local, que tardó unas cuantas horas en llegar —andan muy ocupados, parece.
Los marinos dicen que llegaron ahí porque “diversas denuncias ciudadanas” les habían notificado de la presencia de elementos del crimen organizado que estaban armados. En serio, así dice el boletín.
No se sabe si alguien cobrará recompensa.
Ya que lo mataron, los marinos no parecen haber tenido muy claro quién era el muerto, porque eso fue a las 13:30 del domingo y tardaron hasta la noche del lunes en “alcanzar indicios” que señalaron que el cuerpo era el de El Lazca. (Sí, en la Marina los indicios se alcanzan).
Debe ser por eso que después de la refriega se fueron a dormir tranquilos, igual que el Ministerio Público y los policías locales. Porque a medianoche llegaron bien armados los amigos del fallecido, amagaron al dueño de la funeraria, y se llevaron el cadáver. Por lo que cuentan las autoridades fue un robo de cuerpo bastante amable, donde el dueño de la funeraria condujo la carroza.
Tal vez hasta la colonia Tezontle, en Pachuca, donde desde hace meses se había publicado la existencia de un mausoleo de lujo que, decían los lugareños, era donde el líder zeta quería que su cuerpo reposara.
Los indicios alcanzados la noche del lunes se volvieron certezas el martes en la mañana, según informa la Marina en su comunicado 197/12, porque en “las bases de datos de huellas dactilares” —no detalla cuáles— se encontró que las impresiones tomadas a los dedos del cadáver corresponden a un Heriberto Lazcano, de un metro 60 centímetros nacido en 1975.
La base de datos de los más buscados en la página de la PGR no tiene al Lazca —ni al Chapo— y me dicen que esa base de datos lleva años desactualizada. En el anexo estadístico del sexto Informe de gobierno sí apareció El Lazca como uno de los cuatro zetas en la lista de los más buscados, pero no dice cuándo nació o que estatura tenía.
El Lazca de la lista de más buscados del Departamento de Estado de Estados Unidos mide 1.72 y nació en diciembre de 1974.
En fin, no nos clavemos en detalles.
Al momento de escribir esto no sabemos dónde anda el cuerpo del que se presume es El Lazca.
Hay días que el relato de los hechos es suficiente.
Juegos de Poder
La muerte de El Lazca: epílogo perfecto del sexenio de Calderón
Leo Zuckermann
EXCÉLSIOR
La caída de este narcotraficante denota la falta de profesionalismo y seriedad en el combate al crimen organizado.
Vaya historia con la que está cerrando el sexenio del presidente Calderón. De chiripazo, las Fuerzas Armadas encontraron y mataron a uno de los criminales más buscados del país. Cuando se dieron cuenta de que el cadáver era de Heriberto Lazcano, alias El Lazca, ya se lo habían robado. Sin el cuerpo, las dudas y sospechas se multiplican. ¿De verdad mataron al Lazca? ¿Fue una casualidad, tanta que ni se dieron cuenta? ¿No habrá negociado el capo con el gobierno y, vivito y coleando, anda despepitando todo lo que sabe?
No lo sé. Lo que sí puedo afirmar es que la versión oficial de lo ocurrido es una vergüenza. El epílogo perfecto para un sexenio donde ha imperado la improvisación como estrategia en el combate al crimen organizado.
De acuerdo con Eduardo Guerrero, experto en seguridad, desde 2011 el gobierno federal comenzó a enfocar sus esfuerzos en atacar a Los Zetas, el grupo del crimen organizado más violento del país. Este cambio de estrategia al parecer rindió frutos. En los últimos meses, mientras el gobierno ha detenido o abatido a seis miembros directivos del cártel de Sinaloa, la cifra es el triple para Los Zetas: 18, según cifras de Guerrero. El ataque y desarticulación de Los Zetas ha generado, en los últimos meses, un descenso en el número de homicidios a nivel nacional, también de acuerdo a los números que cotidianamente recopila Lantia, la consultora que dirige Guerrero.
En el verano, desde una serie de ejecuciones que ocurrieron en San Luis Potosí, y las respectivas mantas que aparecieron, se descubrió una división entre Los Zetas. Por un lado el grupo comandado por Heriberto Lazcano y, por el otro, el liderado por Miguel Treviño alias El Z-40.
Entre los ataques que recibía de las fuerzas de la ley, más los de sus otrora aliados, El Lazca se encontraba a salto de mata y cada vez más solo. El domingo pasado, extrañamente sin escoltas, se encontraba en el municipio de Progreso, Coahuila, en compañía de una persona más. Cerca de un parque de beisbol, elementos de la Marina Armada les solicitaron que pararan el vehículo en el cual viajaban. No lo hicieron y se escaparon. Comenzó una persecución a balazos. Los dos civiles fueron abatidos por los marinos, quienes procedieron a darle parte al Ministerio Público de Sabinas.
Los cadáveres fueron trasladados a una funeraria. En este momento era claro que la Marina Armada no sabía a quién había matado. Posteriormente, las pruebas dactilares y fisonómicas demostraron que uno de esos individuos era nada menos que uno de los delincuentes más buscados del país. Cuando las autoridades regresaron por el cadáver, pues ya se lo habían robado. Un comando de criminales con el rostro cubierto, fuertemente armado, se había llevado los dos cuerpos de las personas abatidas por los marinos.
Todo parece, entonces, que el gobierno encontró y mató a El Lazca por un chiripazo. Y cuando se dio cuenta de que se habían sacado el premio mayor, pues ya les habían robado el billete. El hecho es que no hay cadáver que enseñar. Y sin él, pues comienza la suspicacia. Muchos dudan, con razón, de la veracidad de esta historia que ningún guionista de telenovela podría haber imaginado.
De esta forma, la muerte de Heriberto Lazcano es un perfecto epílogo para el gobierno de Calderón. Denota la falta de profesionalismo y seriedad en el combate al crimen organizado. Soldados que, patrullando las calles en un pequeño municipio, matan a dos personas que se les escapan. Sin un protocolo de cómo resguardar los cadáveres en un lugar seguro mientras no sean identificados, los cuerpos sin vida son abandonados en una pequeña funeraria de la que misteriosamente desaparecen. Improvisación pura y dura, como ha sido el caso de muchos operativos en este sexenio.
Eduardo Guerrero argumenta que la muerte de Heriberto Lazcano es una de las más importantes de este sexenio, junto con las de Nazario Moreno, Arturo Beltrán Leyva y Antonio Ezequiel Cárdenas Guillén. Podría considerarse como un éxito de la estrategia gubernamental si se toma en cuenta que la idea es atacar al cártel más violento de México, es decir, Los Zetas. No obstante, este éxito siempre quedará ensombrecido por el chiripazo y posterior hurto del cadáver. El epílogo de un sexenio donde el gobierno nunca le encontró la cuadratura al círculo de cómo combatir al crimen organizado.
Razones
El Lazca, el paradigma de la violencia
Jorge Fernández Menéndez
EXCÉLSIOR
Las fotos difundidas ayer por la Secretaría de Marina, lo mismo que el estudio sobre las huellas dactilares, prácticamente confirman la muerte de Heriberto Lazcano, El Lazca, jefe del cártel de Los Zetas y uno de sus fundadores. Con ello, estamos no sólo frente a una de las más importantes noticias en torno a la batalla que libran las autoridades contra el crimen organizado, sino también ante un desmembramiento de esa organización similar a la que han sufrido en el pasado cercano los Arellano Félix, los Beltrán Leyva, el cártel de Juárez, y sobre todo su rama operativa, La Línea, el cártel del Golfo y ahora Los Zetas.
En el camino han quedado desarticulados también grupos menores, desde el de La Barbie o El Grande, hasta el Jalisco Nueva Generación, Los Valencia, La Familia Michoacana y en buena medida Los Caballeros Templarios.
En los hechos, la única organización que mantiene una estructura de mando perseguida, pero estable en su más alto nivel, es el viejo cártel del Pacífico, con Joaquín El Chapo Guzmán, Ismael El Mayo Zambada y Juan José El Azul Esparragoza.
En el torbellino de muertes y violencia que vivimos cotidianamente quizás es difícil apreciarlo, pero la desarticulación de casi todos los principales cárteles es una realidad, que deja el tema de la violencia y la inseguridad en otro nivel: el de las bandas locales que roban, asaltan, secuestran, en el drama social que implica volver a asimilar a miles de jóvenes sin oportunidades para que no opten por las pandillas, sino por el estudio, el trabajo, por sus amigos y familiares.
Con un componente adicional: la espiral de violencia que vivimos fue potenciada precisamente por Los Zetas, un cártel outsider, por origen y formación, que rompió todas las reglas de ese juego criminal y antepuso la violencia por encima de cualquier otra consideración.
Claro que todos los demás lo siguieron, pero el componente zeta en la violencia siempre ha sido indudable.
La caída de Lazcano debe entenderse en un contexto muy específico: la división de Los Zetas. La ruptura entre Lazcano y Miguel Ángel Treviño, en una organización con una estructura tan vertical como la de Los Zetas, no podía más que dejar consecuencias terribles para ese grupo. La ruptura se dio, hay que recordarlo, por los incesantes golpes que las autoridades le habían propinado a esa organización, lo cual disminuyó su nivel operativo al tener que contar con sicarios y traficantes cada día de menor capacidad, pero también porque incrementó dramáticamente la desconfianza, las delaciones y las traiciones dentro del grupo.
Las caídas, tanto de integrantes de Los Zetas de primer nivel como de sus ex aliados y ahora enemigos del cártel del Golfo, han sido sistemáticas. Tony Tormenta, Mario Cárdenas Guillén, El Coss, entre los últimos. Los jefes operativos de Coahuila, Tamaulipas, San Luis Potosí y Nuevo León, además de personajes como El Talibán, La Ardilla, toda la estructura familiar de lavado de dinero de Treviño en Estados Unidos, los ex funcionarios que constituían buena parte de la estructura de protección del cártel, ligados a ellos desde la administración de Tomás Yarrington. La lista parece interminable.
Apenas ayer decíamos que, con la captura de La Ardilla, que era el operador de Treviño en Tamaulipas, Coahuila y Nuevo León, sumada a los diferentes golpes que había sufrido en días anteriores, el grupo de Treviño, El Z-40 se estaba desgajando peligrosamente. El cerco en torno a este narcotraficante se ha cerrado en forma notable.
Si se confirma ahora la muerte de Lazcano, en los hechos el cártel de Los Zetas, como ya ha ocurrido con otros, se convertirá en una amalgama de grupos mucho más pequeños, dedicados básicamente a la delincuencia común: el secuestro, la extorsión, el robo, el narcomenudeo, pero lejos de la estructura temible que tuvieron Los Zetas durante años. Por supuesto que habrá muchos que querrán quedarse con el mando, pero la experiencia muestra que ello resulta casi imposible en este tipo de organizaciones sin que se libre una batalla entre los aspirantes y sin una balcanización del poder.
Los éxitos en la lucha contra los grandes cárteles del narcotráfico obligan a reforzar la consolidación de las fuerzas de seguridad locales y los programas sociales específicos para los niños y jóvenes en las zonas con alta incidencia del crimen. Para combatir a las pandillas se necesitan cuerpos policiales locales confiables.
Al respecto, lo que nos sobran son diagnósticos, lo que nos falta es la decisión política en el Congreso, para sacar adelante esas iniciativas, y de muchos gobiernos locales, para concretar esas propuestas en hechos. La muerte de Lazcano es, indirectamente, una oportunidad para reconsiderar las cosas y comenzar a asumir, en todos los ámbitos de la clase política, las responsabilidades que pertenecer a ella implica.
Frentes Políticos
Frentes Políticos
EXCÉLSIOR
I. Golpe a Los Zetas. La Secretaría de la Marina Armada confirmó que Heriberto Lazcano Lazcano, El Lazca, fue abatido el domingo en un enfrentamiento en la carretera de Sabinas a Progreso, Coahuila. La certificación de su identidad ocurrió luego de hacer un comparativo de huellas dactilares, fotografías y otros registros. Es el golpe más fuerte al narcotráfico en los últimos 12 años, pues El Z-50 o El Z-3 era sin duda uno de los miembros más sanguinarios del crimen organizado. Formó parte del Ejército Mexicano, al que ingresó el 5 de julio de 1991, y del que desertó el 27 de marzo de 1998. El presidente Felipe Calderón hizo ayer un reconocimiento a la Semar y a su titular, el almirante Francisco Mariano Saynez, por abatir a ese capo de la droga.
II. El inconcebible descuido. Homero Ramos, procurador de Coahuila, confirmó que un comando armado recuperó los cuerpos de Heriberto Lazcano Lazcano, El Lazca, y de un sujeto identificado como Mario Alberto Rodríguez Rodríguez. Explicó que un grupo de gatilleros ingresó a una funeraria de la ciudad de Sabinas, sometió al personal que se encontraba en el lugar y huyó con los cuerpos en una carroza. Lo que no explicó el funcionario es por qué, si había “fuertes indicios” de que se trataba del líder de Los Zetas, no se contaba en esos momentos con resguardo oficial ni se pidió auxilio a las autoridades federales.
III. A la cátedra. El presidente Felipe Calderón recibió el sí de autoridades universitarias, por lo que el mandatario podría trasladarse a Boston, junto con su familia, en enero próximo, un mes después de que concluya su gestión. Fue ahí donde recibió la mejor oferta académica, por encima de la Universidad de Texas, en Austin; la de Georgetown, en Washington, y Berkeley, en la bahía de San Francisco. Calderón, como se sabe, tiene una maestría en administración pública por la Escuela de Gobierno John F. Kennedy, de la Universidad de Harvard. ¿Volverá como catedrático a su alma máter?
IV. Ahora, Europa. Enrique Peña Nieto, presidente electo, iniciará mañana su segunda gira internacional. El jueves se va a reunir en Berlín con la canciller alemana Angela Merkel. Más tarde viajará a Madrid para entrevistarse con Mariano Rajoy, que preside el gobierno español, en el Palacio de La Moncloa. La agenda incluye un encuentro en Londres con el primer ministro británico David Cameron en Downing Street y, finalmente, cerrará su visita con una entrevista con el presidente François Hollande en el Palacio del Elíseo. Entre la comitiva que acompañará al mexiquense se encuentran Luis Videgaray Caso y Emilio Lozoya Austin, coordinadores generales de Transición y de Vinculación Internacional, respectivamente, entre otros.
V. Otro poquito de esquizofrenia. Andrés Manuel López Obrador aconsejó a legisladores, gobernadores y partidos de izquierda no reunirse con el presidente electo, Enrique Peña Nieto, por considerar que no existen motivos para hablar con el priista, pues llega a la Presidencia, dijo, en “condiciones de violación a la Constitución”. A diferencia de lo ocurrido en Venezuela, donde Henrique Capriles, candidato opositor, aceptó —pese al cúmulo de irregularidades— los resultados que permitirán a Hugo Chávez mantenerse en el poder hasta 2019, AMLO no se baja del caballo. Para él no tiene valor la frase del candidato derrotado en Venezuela, de que, “para saber ganar, hay que saber perder”. El tabasqueño iniciará mañana en Campeche su gira por el país para asistir a los congresos estatales que determinarán si Morena se convierte en partido político o no.
VI. Contra el lavado de dinero. Los integrantes de las comisiones unidas de Justicia, Gobernación y Estudios Legislativos discutían anoche la ley contra el lavado de dinero. Los coordinadores de los grupos políticos en el Senado, Emilio Gamboa (PRI), Ernesto Cordero (PAN) y Luis Miguel Barbosa (PRD), acordaron que esa sea una de las prioridades en la agenda de la Cámara alta a fin de avanzar en la lucha contra el crimen organizado. Será el jueves cuando el dictamen lo presenten ante el pleno.
Arsenal
El extraño caso de El Z-3
Francisco Garfias
EXCÉLSIOR
Es apenas creíble que un comando armado haya sustraído tranquilamente de una funeraria de Sabinas, Coahuila, el cuerpo de Heriberto Lazcano Lazcano, uno de los capos más buscados en el país.
Hasta donde sabemos no se disparó un solo tiro. Nadie trató de impedir que se llevaran los restos del máximo líder de Los Zetas, abatido en un enfrentamiento con la Marina, según la versión oficial. La Funeraria García —así se llama— no estaba blindada. Nadie resguardaba el cadáver. No había policías ni marinos ni soldados en el lugar.
El procurador local, Homero Ramos, narra el robo del cuerpo: “Después de someter al personal, el comando tomó los cuerpos (Lazcano y su cómplice, Mario Alberto Rodríguez), los colocaron en la carroza y los sustrajeron de las instalaciones, obligando al propietario a conducir dicho vehículo”. Así de fácil.
Hay una hipótesis: Los marinos no sabían quién era el muerto al entregar el cuerpo a las debiluchas autoridades locales.
Pero si no amplían con versiones creíbles lo que hasta ahora nos han informado, el sospechisismo volverá a imponerse.
La Semar informó que El Lazca murió el domingo en un enfrentamiento con marinos en la localidad de Progreso, Coahuila. El presidente Calderón precisó que El Z-3, como también se le conocía, fue abatido por resistirse a la autoridad.
En un primer comunicado, dado a conocer la noche del lunes, la Armada adelantó que había “fuertes indicios” de que se trataba del líder de Los Zetas. Lo confirmó el martes en un segundo comunicado, al que anexó un par de fotografías:
“Al realizar una búsqueda en las bases de datos dactilares de las huellas de los dedos pulgar, índice y medio, tomadas de la mano derecha de uno de los criminales abatidos, se obtuvieron los siguientes datos. Nombre: Lazcano Lazcano Heriberto, año de nacimiento: 1975, sexo: masculino, estatura: 1.60 cm.”
Interrogamos a expertos sobre las versiones de la Marina y la del procurador local. Nos hicieron notar que hay “demasiados huecos”:
¿Quién hizo la puesta a disposición? ¿Dispararon primero los criminales? ¿Cómo se hizo la cadena de custodia de los cuerpos y lo asegurado? ¿Y el levantamiento del cadáver? ¿La necropsia? ¿El acta de defunción? ¿Qué hacía en una funeraria tan desprotegida? ¿Por qué se entregó tan rápido el cadáver a autoridades locales?
“Para llegar a la funeraria, debe de haber necropsia certificada y acta de defunción”, destacaron.
Los panistas le pusieron fin a las versiones de que estarían dispuestos a sacrificar la democracia y la transparencia sindical en aras de salvar lo aprobado por los diputados en materia de reforma laboral: regularización del outsourcing, contratos por hora, contratos de aprendizaje, licencia paternal, 12 meses en salarios caídos…
La línea oficial de la Comisión Política del partido a los senadores azules la dio a conocer Santiago Creel la noche del lunes: Aprobar, tal como la envió al Congreso, la iniciativa preferente enviada por el Ejecutivo al Congreso para modificar la Ley Federal del Trabajo.
La iniciativa establece el voto universal, directo y secreto como el método único para elegir a las dirigencias sindicales. Pero los diputados priistas y sus aliados naturales del Verde y el Panal, ayudados por los bejaranistas que se salieron del salón, manipularon mañosamente el texto y le agregaron otras dos modalidades: el voto a mano alzada y la elección indirecta. Es decir, pusieron en bandeja a los líderes charros la posibilidad de perpetuarse y seguir disponiendo discrecionalmente de los recursos de los trabajadores.
El texto original del Ejecutivo dice también que los sindicatos que tengan más de 150 miembros —incluidos en el apartado A— deberán aceptar auditorías externas que aclaren el destino de las cuotas que se les quitan a los trabajadores.
Maderistas y calderonistas hicieron a un lado sus diferencias internas y lograron unanimidad en tan importante tema.
“Acabo de hablar con el presidente Calderón. La instrucción es que vayamos adelante con los temas de democracia y transparencia sindical”, dijo el senador Javier Lozano a los integrantes del Consejo Político de ese partido.
La posición oficial, difundida la noche del lunes por el PAN, choca con las versiones de importantes legisladores del PRD en el sentido de que los senadores azules estarían dispuestos a sacrificar la democracia y la transparencia sindical a fin de salvar la minuta de la reforma laboral que aprobaron los diputados.
“Si la reforma se pierde, que cada quien asuma sus responsabilidades. Transparencia y democracia sindical son parte de nuestra lucha, de nuestra identidad”, nos dijo Juan Molinar Horcasitas, director de la Fundación Rafael Preciado.
Las versiones que ubican a Tomás Ruiz en el ISSSTE como recomendado de Elba Esther Gordillo no tienen fundamento. No sólo porque es difícil que Peña Nieto le vuelva a facturar el Instituto a la maestra —ella puso directores con Fox y Calderón—, sino porque la ruptura entre la sindicalista y el político veracruzano es real.
“Ruiz fue una desafortunada herencia del conflicto con Madrazo. Su agenda abortó dentro del grupo de la maestra”, aseguran en el circulo de Gordillo.
Jaque Mate
Lazca y Ardilla
Sergio Sarmiento
ZOCALO SALTILLO
Ayer se confirmó que el hombre muerto en un enfrentamiento con efectivos de la Marina el 7 de octubre en Progreso, Coahuila, es efectivamente Heriberto Lazcano, “El Lazca”. Las autoridades pueden vanagloriarse de un nuevo gran triunfo en contra del crimen organizado. El Lazca ha sido identificado en los últimos años como uno de los principales líderes de los Zetas. De hecho, la PGR ofrecía 30 millones de pesos y la DEA 5 millones de dólares por información conducente a su captura.
Si a esta muerte se añade la captura de Salvador Martínez, “La Ardilla”, el líder de Los Zetas en noreste del país y presunto responsable de la ejecución de 72 migrantes en San Fernando, Tamaulipas, parecería que esta organización criminal ha sufrido dos golpes mortales. En unos cuantos días habría perdido a dos de sus principales dirigentes. Muchas organizaciones pueden desaparecer cuando pierden en tan poco tiempo a dos cabezas importantes.
Pero ¿qué podría ocurrir como consecuencia de estos dos grandes golpes contra los Zetas? ¿Podríamos esperar, acaso, el desmoronamiento de toda la organización? ¿Abandonarán sus armas los integrantes de los Zetas para entregarse a las autoridades? ¿O acudirán a las maquiladoras para buscar un empleo legal?
Es poco probable. Lo más lógico es que los Zetas mantengan sus actividades habituales o empiecen a pelear entre ellos para ocupar los vacíos de poder dejados por el Lazca y la Ardilla. Estas luchas seguramente aumentarán la violencia en las zonas en las que esta organización tiene presencia en nuestro país.
La experiencia nos dice que las divisiones en los grupos criminales generan fuertes episodios de violencia. Esto lo vimos cuando el viejo Cártel de Guadalajara se dividió en el de Sinaloa de Joaquín (El Chapo) Guzmán y el de los hermanos Arellano Félix de Tijuana. Lo constatamos también con la escisión de los propios Zetas del Cártel del Golfo. En un principio los Zetas fueron el brazo armado del cártel, pero cuando se separaron de éste se generó una enorme ola de violencia que ha afectado todo el noreste del país.
El Lazca era oficial de infantería del Ejército, pero desertó para unirse a una célula armada del Cártel del Golfo encabezada por Arturo Guzmán Decena, teniente retirado del Ejército, conocido como el Z-1. Este apodo fue el que dio origen a la designación de los Zetas. La muerte de Guzmán Decena permitió a Lazcano, el Z-3, ascender al liderazgo del grupo, junto con Miguel Treviño González, el Z-40.
Así como el Lazca y Treviño asumieron el control de Los Zetas a la muerte del Z-1, veremos ahora reemplazos para el Lazca y para la Ardilla. Para algunos jóvenes narcotraficantes y sicarios se abre, de hecho, una oportunidad de las que hay pocas en la vida. Si son lo suficientemente atrevidos en este momento, podrán pasar de ser meros subalternos a encabezar su propia organización. Esto significaría un alza radical en su nivel de vida.
Estas experiencias las hemos visto una y otra vez. La muerte o la detención de los capos no debilitan a las organizaciones del narcotráfico sino que las dividen y las vuelven más peligrosas.
La muerte del Lazca debe ser tomada más que como un triunfo de la autoridad como una advertencia a la población. No pasará mucho tiempo para que veamos una guerra para sustituir a los capos perdidos. Si la violencia que hemos presenciado en los últimos años en Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila ha sido producto de disputas entre organizaciones, habrá que estar particularmente atentos a las consecuencias de la muerte y la detención de dos líderes que aparentemente se contaban entre los más violentos y poderosos miembros de los Zetas.
EL CADÁVER
El que un comando armado pueda robarse el cuerpo del Lazca de una funeraria de Sabinas, Coahuila, parece rebasar los límites de lo creíble. Una vez más el crimen organizado demuestra su enorme poder ante la debilidad del Estado mexicano.
‘Fuertes indicios’
Raymundo Riva Palacio
ZOCALO SALTILLO
La Secretaría de la Marina dio otro gran paso este lunes, pero hacia el desastre comunicativo. La forma desaseada como manejó la información de la muerte del jefe de “Los Zetas”, Heriberto Lazcano, a través de infidencias, filtraciones y datos sueltos que fueron corrigiendo en la medida que la especulación en medios crecía, generó confusión, contradicciones y desinformación que le quitó brillo a tan importante acción. Pero no fue algo nuevo. La comunicación política en un gobierno es todo, y la comunicación en el gobierno de Felipe Calderón en la guerra contra las drogas ha sido el fracaso más grande de su administración.
El manejo informativo de todo el episodio del enfrentamiento, la muerte de Lazcano y la verificación de que quien había caído era el mismo desertor del Ejército convertido en un sanguinario narcotraficante, mostró las grandes debilidades de la política comunicativa gubernamental, donde las contradicciones detonaron el escepticismo y éste, trasladar el análisis del impacto del golpe en “Los Zetas” a la discusión bizantina sobre si quien apareció muerto, era realmente el jefe narco. Esta experiencia no fue un síntoma, sino la enfermedad que se padece.
La falta de una voz que construya el consenso nacional en torno a una lucha que debería ser de todos ha creado la división. La ausencia de una estrategia y las ocurrencias estructurales, han provocado claroscuros en el discurso que han debilitado del mensaje. La manera atropellada, absurda incluso, de cómo después de soltar a la jauría mediática la Marina no tuvo mejor respuesta que emitir un comunicado de prensa para señalar que había “fuertes indicios” de que quien había caído en un enfrentamiento en Coahuila era Lazcano, contribuye a toda esta esquizofrenia. ¿Desde cuándo, por ejemplo, la verosimilitud es sinónimo de verdad?
A los “fuertes indicios” de una Marina atrapada en su locuacidad, se sumó la agencia Notimex, del Estado mexicano, que envió un despacho donde mencionaban los “rumores” de que había caído el jefe zeta. ¿Desde cuándo los rumores son noticia? El procedimiento básico en materia de comunicación institucional habría obligado a que antes de que se esbozara siquiera lo que había sucedido, se confirmara el hecho. No se hizo, y todo voló.
Ningún espacio en la opinión pública queda vacío, como probó en carne propia el Gobierno este martes, cuando vio que los titulares de “Reforma” y “Milenio” sostenían que el cuerpo de Lazcano estaba desaparecido o lo habían robado. La Marina decía que las autoridades de Coahuila, habían entregado el cuerpo a sus familiares, pero la Procuraduría estatal dijo que, en efecto, se lo habían robado. ¿Pero a quién le importa la realidad si la teoría de la conspiración apela mejor al imaginario colectivo? Versiones encontradas es lo único que abundaron en este caso. La verdad no ha sido el punto de partida en la comunicación gubernamental en este gobierno, sino la especulación y el protagonismo, en cuanto al combate contra la delincuencia. Es una verdad que siempre se estira y se acomoda en función de intereses particulares.
La Marina ha aportado varios ejemplos de que entre velocidad y veracidad, lo que importa es la rapidez para llegar primero a los medios. En junio dieron a conocer a la prensa que habían detenido a Jesús Alfredo Guzmán, hijo del capo del narcotráfico Joaquín “El Chapo” Guzmán. Aún no terminaban de vanagloriarse, cuando se supo que no era quien decían que era, sino Félix Beltrán León, a quien habían confundido. El enorme error de la Marina ocultó el hecho que este joven, aunque no era el hijo de “El Chapo”, tampoco estaba libre de culpa, al habérsele decomisado un buen lote de armas de decenas de miles de pesos que guardaba bajo el colchón.
Más recientemente vino el episodio cerca de Tres Marías, donde al ser “atacados” incubaron en la Embajada de Estados Unidos que habían sido “emboscados”, descripción que utilizó la representación en un comunicado oficial para afirmar que dos agentes de la CIA que iban acompañados por un marino, habían sido atacados por policías federales, al omitir que, en efecto, los policías dispararon porque el marino sacó una pistola para hacer lo mismo contra ellos.
La Marina es ahora la materia de reflexión, pero no tiene el patrimonio del naufragio comunicacional. Este ha sido la norma, no la excepción, en un gobierno que ha luchado contra el narco, contra la sociedad política, contra los ciudadanos, contra el mundo y, sobretodo, contra sus propios demonios que nunca exorcizó.
Itinerario Político
¿Quién traicionó a ‘El Lazca’?
Ricardo Alemán
EL UNIVERSAL
Qué significa que minutos antes de ser detectado por los efectivos de La Marina Armada, el jefe de Los Zetas, Heriberto Lazcano, presenciaba tranquilamente un juego de beisbol”.
¿Qué debemos entender de que el pasado domingo, “El Lazca” asistió al estadio con sólo un guardaespaldas, a pesar de que era uno de los criminales más buscados del mundo y por quien el Estado mexicano ofrecía hasta 30 millones de pesos?
Aquí no sabemos la respuesta a esas interrogantes elementales. Sin embargo, lo que sí entendemos es que sólo un criminal que se sabe seguro, que tiene el control municipal y estatal de su territorio –como pudiera ser el caso de “El Lazca”, en Coahuila– puede viajar sin protección y sin seguridad por las carreteras estatales y federales y –en el extremo– acudir a eventos públicos, como un juego de beisbol, como cualquier mortal de a pie.
Sin dudas que “El Lazca” se movía por Coahuila y por buena parte del norte del país –como “pez en el agua”– sabedor de la impunidad que le otorgaba la presunta complicidad de tal o cual gobierno municipal, estatal y/o federal.
Sin embargo, tampoco parece casual que a una semana del asesinato de Eduardo Moreira –hijo de Humberto Moreira, ex presidente del PRI y ex gobernador de Coahuila, además de sobrino del gobernador en funciones, Rubén Moreira– haya caído “El Lazca”, a quien no pocos políticos del estado de Coahuila señalan como autor intelectual del asesinato del joven “Lalo” Moreira.
Por eso las preguntas. ¿Qué se rompió en la presunta paz pactada entre el jefe de Los Zetas y distintas autoridades municipales y estatales? ¿Quién habría traicionado al jefe zeta? ¿Quién dio el pitazo a los marinos, sobre la presencia de “El Lazca”, en un estadio de beisbol?
Valen las interrogantes porque son muchos los indicios de que, en el fondo, asistimos a la reedición del reprobable “ojo por ojo”, en donde Los Zetas habrían ordenado el asesinato de Eduardo Moreira –como venganza de que la policía estatal habría abatido al sobrino de un importante jefe zeta– en tanto que supuestamente de manera fortuita, los efectivos de la Marina Armada recibieron información de que “El Lazca” presenciaba el beisbol en un estadio de Progreso, Coahuila.
Lo cierto es que nadie puede negar la importancia de la localización, persecución y abatimiento del jefe fundador de Los Zetas, más allá de los graves errores cometidos por la comunicación social del gobierno federal –al dar a conocer la muerte de “El Lazca” mediante una estrategia confusa y que desató toda clase de especulaciones– y que por graves fallas logísticas el cuerpo del criminal fuera robado por un comando armado.
Tampoco hay duda que, a poco más de un mes de que concluya su gestión, el presidente Felipe Calderón consiguió la captura y/o abatimiento del mayor número de los 37 jefes de bandas criminales más buscados, entre ellos “El Lazca”. Y con la caída de “El Lazca” la pregunta obliga. ¿Quién sigue? Todo indica que el siguiente que pudiera caer es el poderoso jefe del cártel de Sinaloa, Joaquín “El Chapo” Guzmán, a quien siguen de cerca no pocas agencias norteamericanas.
Sin embargo, también es cierto que sigue vivo el problema de fondo. ¿De qué estamos hablando? De que cada vez es más claro que ninguna banda criminal y ningún cártel de drogas puede vivir sin la complicidad y la alianza de las autoridades municipales, estatales y/o federales.
Y es que, como quedó claro con la captura de “El Lazca”, es evidente que los grandes, medianos y pequeños criminales y/o narcotraficantes no solo viven del crimen y el narco, sino que también son seres humanos y ciudadanos como todos o la mayoría de los mortales. Es decir, que tiene hijos, esposa; que van a la escuela los hijos, que consumen espectáculos, modas; que viajan, adquieren joyas, vehículos y que habitan tal o cual cada o conjunto habitacional de alto poder adquisitivo. Además de que son o aparentan ser empresarios con importantes cuentas bancarias.
Es decir, que la persecución y captura de los grandes jefes del crimen no tiene por que centrarse en choques a balazos, sino que pueden ser debilitados siguiendo la ruta de los negocios, el dinero, las empresas y hasta las familias de los criminales. Se sabe que “Los Zetas”, por ejemplo, manejan fuertes cantidades de dinero en efectivo, ya que cartera de “negocios” es acaso la más amplia del espectro criminal: va del secuestro, el trasiego de drogas a la venta de protección, cobro de piso, tráfico de órganos… ¿Y quién mueve el dinero?
Bien por la captura de “El Lazca”. Sin embargo, sus negocios podrían permanecer intocados. Al tiempo
Cristalazo
Lo de El Lazca; del asco
Rafael Cardona
CRONICA
Todos comprendemos lo difícil de capturar a estos bandoleros profesionales cuya capacidad corruptora les ofrece y dispensa protección en los estamentos intermedios, medianos y en algunos casos hasta superiores de la fuerza pública.
Muy poderosos deben ser los narcotraficantes o delincuentes de la alta escala y mayor peligrosidad cuya sevicia diezma a México; contamina a las policías, perturba la paz y emponzoña la vida; “incorpora a los muertos” y pone en ridículo al Estado aun en los momentos estelares de la obra protectora de las Fuerzas Armadas.
Todos comprendemos lo difícil de capturar a estos bandoleros profesionales cuya capacidad corruptora les ofrece y dispensa protección en los estamentos intermedios, medianos y en algunos casos hasta superiores de la fuerza pública, pero cuando ya no se les puede tener quietos ni siquiera después de muertos, resulta no sólo inadmisible sino vergonzosamente hilarante.
—Con la novedad jefe, debe haber dicho alguien, que el muerto se nos escapó.
—¿Cómo que se les escapó, desde cuando los muertos caminan?
—Bueno, jefe, la verdad es que se lo llevaron; lo secuestraron, lo “levantaron”.
Pero más allá de la comicidad y el ridículo involuntario, el asunto de Heriberto Lazcano, El Lazca, no debería ser tomado ni a la chunga ni a la ligera.
De acuerdo con los registros tanto de las autoridades mexicanas como de la Agencia Contra las Drogas de los Estados Unidos (de donde proviene toda fuente de legitimidad para las autoridades mexicanas, según parece) el difunto ambulante era sumamente peligroso. No por sí mismo y su ridícula estatura de un metro sesenta centímetros o su capacidad para aumentar de tamaño hasta el 1.73; no, sino por la fuerza de la organización de la cual era capo. No era, obviamente, la única cabeza, pero era uno de los principales.
La muerte de El Lazca no debería importarnos tanto como la evasión de su cadáver. No por la profanación o algo semejante sino por la evidencia de cómo absolutamente todos los tramos de la actividad nacional están supervisados, vigilados, espiados y en algunos casos controlados por las fuerzas del crimen organizado, las cuales superan a las fuerzas estatales.
Si en este momento pudiéramos reunir todos los libros de distinta calidad, origen e intención publicados en los años recientes sobre los narcotraficantes, sus pugnas, métodos, historia, formas de operación y demás temas, llegaríamos a una conclusión: estamos llenos de criminólogos, con especialidad en “Zetología”.
Si le hacemos caso a los libreros, estantes y anaqueles repletos de tomos y tomos, las fuerzas delictivas son tan resistentes como para soportar páginas y páginas donde se revelan sus secretos, su organización, su composición sus pugnas y en general sus asuntos y tan fuertes como para no sufrir ni un solo rasguño a pesar del manejo de tanta y tanta información. Y en estos temas información e inteligencia, son sinónimos.
Pues bien, a pesar de ese aluvión comunicacional, es hora tardía en la cual el gobierno no entiende ni aprende siquiera cómo se hace un boletín de prensa: Veamos:
“8 de octubre de 2012.—La Secretaría de Marina-Armada de México informa que el día de ayer, durante una agresión con granadas y armas de fuego contra personal naval, fueron abatidos dos presuntos delincuentes. Posteriormente, se supo que existen fuertes indicios de que uno de ellos corresponde al cuerpo de Heriberto Lazcano Lazcano (a) El Lazca, líder principal de la Organización Delictiva de Los Zetas”.
Más allá de las vaguedades gramaticales en las cuales “…existen fuertes indicios de que uno de ellos (de los dos presuntos delincuentes) corresponde al cuerpo de…”, la información incumple con uno de los principales requisitos de todo comunicado oficial: la certeza, la contundencia, la precisión informativa.
—¿No había confirmación más allá de toda duda de la identidad de los muertos? Pues era tan sencillo como esperar a tenerla. Pero informar cuando sólo “existen fuertes indicios” es una prueba del innecesario apresuramiento. Es la necesidad de apantallar desde el principio. Un viejo recurso de la “publicidad preventiva”, método para causar intriga y aumentar la curiosidad por un producto antes de salir al mercado.
Pero en fin, los fuertes indicios (concedamos) se convirtieron en una verdad total. El cuerpo del primer boletín correspondía a la mañana siguiente al difunto del segundo boletín:
“9 de octubre de 2012.—En alcance (¿?) al comunicado 196/12 emitido por esta institución el día de ayer, donde se informa el abatimiento de dos presuntos miembros de la delincuencia organizada, la Secretaría de Marina informa (sobre) los indicios que señalan que uno de los cuerpos pertenece a Heriberto Lazcano Lazcano (a) El Lazca, líder fundador de la Organización Delictiva de Los Zetas.
“Al realizar una búsqueda en las bases de datos dactilares de las huellas de los dedos pulgar, índice y medio, tomadas de la mano derecha de uno de los criminales abatidos, se obtuvieron los siguientes datos demográficos (¿?)”:
Uno no comprende a veces cómo lo signaléctico se convierte en lo demográfico y cuándo la demografía dejó de ser la ciencia cuya materia de estudio es la población, con otra cuyo dominio es la identificación y clasificación de las personas; pero en fin.
Tampoco se comprende cómo se escribe un comunicado con “…el alcance de” y no en relación con otro previo, pero vaya. Esas son cosas de la Academia de la Lengua, cuyo domicilio no está en Antón Lizardo.
Pero eso sería lo de menos, a fin de cuentas.
Lo grave es echar a perder el éxito de matar al capo.
—¿Y dónde quedó el cadáver? ¿Cómo se les pudo perder?
—No se nos perdió, jefe, se lo volaron…
Astillero
• (Nada) fuertes indicios
• Cadáver fugitivo
• Coahuila, ¿venganza?
• Abatir a Lazcano
Julio Hernández López
Las campañas calderónicas de imposición de presuntas verdades mediante propaganda intensiva devinieron esta vez en un fiasco tragicómico. No corresponde a una administración pública medianamente aceptable el anunciar solamente a partir de fuertes indicios la presunta muerte de uno de los jefes del narcotráfico más peligrosos y más buscados, y menos con una especie de cadáver fugitivo como sustento, pues a pesar de la enorme importancia que habría tenido la preservación de ese cuerpo y de su relación directa con hechos en los que habría participado la férreamente controladora Marina, resulta que en primera instancia se había hablado de que tales restos habían sido entregados a supuestos familiares por un agente del ministerio público increíblemente rápido y humanitario en el desahogo de sus asuntos, aunque luego se estableció que habían sido recuperados de una funeraria por un comando integrado por zetas, en nuevas estampas de ese mundo de irrealidad irónica y dolorosa a la que antes aquí se ha descrito como “historias narcokafkianas”.
Establecida como verdad oficial con base en esos entecos argumentos (la Marina tiene fotografías mal tomadas y habla de huellas digitales; la procuraduría coahuilense se suma con base nomás en su mero dicho, y el licenciado Calderón felicita a la Marina a partir de los ya famosos fuertes indicios), la muerte del jefe de los Zetas habría tenido una sorprendente coincidencia con dos hechos políticos relevantes: las peculiares investigaciones, correspondientes a una justicia de castas, correspondientes al asesinato del hijo de Humberto Moreira; y la reunión de cuatro horas entre Peña Nieto y Calderón, a quienes acompañaron miembros de sus correspondientes equipos de trabajo, y la convocatoria y posterior cancelación de una conferencia de prensa.
Dado que no se ha producido información oficial sobre lo ampliamente tratado en ese conciliábulo del lunes, y habida cuenta de que la detención del presunto Heriberto Lazcano Lazcano se había producido el domingo, resulta casi imposible que en la sesión de Los Pinos no se abordara con precisión el caso del abatimiento, sobre todo si se toma en cuenta la gran cercanía del antes mencionado Moreira con Peña Nieto. También suministra material para las especulaciones profundas el llamado a conferencia de prensa y posterior supresión, como si a última hora hubiera aparecido en el escenario el increíble caso del cadáver que sin la marina protección que su relevancia ameritaba habría sido retirado de circulación por causas aún por esclarecer, quitándole al gobierno federal su única carta de autentificación incontestable o, por el contrario, haciéndola desaparecer voluntariamente para instaurar, sin explícitos desacuerdos con la realidad, la versión oficial de la muerte de Lazcano nomás porque así lo aseguran quienes en muchas otras ocasiones han fallado grotescamente en estos temas.
El otro punto oscuro, o muy claro, según se quiera ver: las matanzas rutinarias y sin investigación ni castigo se toparon en Coahuila con una excepción notabilísima. Fuerzas gubernamentales coordinadas como nunca (o al menos eso se esmeraron en demostrar) realizaron una vertiginosa indagación sobre el asesinato del hijo de Humberto Moreira (ex presidente nacional del PRI, ex gobernador del estado y hermano del actual ocupante de este mismo cargo) y presentaron contundentes primeros resultados que apuntan a la participación homicida de agentes policiacos de Ciudad Acuña y pistoleros pertenecientes a los Zetas.
Ya es de suyo muy preocupante que quienes gobiernan el país y los estados estén dispuestos a practicar de manera pública y notoria una disparidad escandalosa para atender con rapidez, recursos y supuesta precisión solamente uno de las decenas de miles de casos similares que pueblan el historial de la necropolítica instaurada por Felipe Calderón. Pero esa súbita y elitista preocupación supuestamente justiciera de las administraciones federal y coahuilense coincidió con el abatimiento del jefe de la organización cuyos pistoleros han sido acusados de controlar a policías de Ciudad Acuña y de haber ejecutado a José Eduardo Moreira.
Abatimiento, se ha dicho una y otra vez en las declaraciones oficiales sobre el asunto, como si la legislación vigente contemplara tal posibilidad. No se reconoce que hubiera habido asesinato, ejecución u homicidio, sino un abatimiento. Es decir, al presunto Lazca se le derribó intencionalmente, se le tumbó, como acto específico de exterminio, sin pretensión alguna de detención, consignación y procesamiento de un presunto criminal que habría sido la cabeza de una crudelísima organización delincuencial y por tanto podría ser objeto de los peores deseos vengativos por parte de ciudadanos que hubieran sufrido la inenarrable violencia de ese grupo y su hasta ahora escurridizo líder, pero al cual las autoridades deberían haber cuidado para que siguiera con vida, pudiera hacer declaraciones (en San Luis Potosí, una especie de tesorero de El Talibán, que era parte de la cúpula de los Zetas, llevaba consigo una nómina de pagos mensuales a autoridades del gobierno del estado por casi 700 mil pesos) y fuera sometido al imperio de lo que quedara de aquello alguna vez llamado justicia. Pero, en realidad, ese cuerpo no fue cuidado ni siquiera ya difunto, a tal grado que se esfumó y con él la posibilidad de confirmar verdades o mentiras en estas semanas finales del sexenio de la muerte, con el relevo de tres colores listo para continuar la historia.
Y, mientras se establece la conexión entre la fuga de 131 del penal de Piedras Negras el pasado 17 de septiembre, el asesinato matutino de Alejandro Treviño, sobrino del Z-40 (Miguel Ángel Treviño, segundo en el mando), por policías de élite del gobierno de Rubén Moreira, la ejecución nocturna del hijo de Moreira ese mismo viernes 3 de octubre, y el presunto abatimiento del máximo jefe zeta (Heriberto Lazcano), ¡hasta mañana, con el gobierno de Nuevo León corriendo a cerrar el expediente del casino Royale, aprovechando el tema Lazcano!
























