Mientras el presidente Mariano Rajoy se enzarza en el fragor del debate de las elecciones catalanas instalado además en campaña para lo que vendrá después de las votaciones del próximo domingo, que es la justa por las generales, el mercado laboral sigue siendo un punto de fragilidad.
En síntesis la situación es la siguiente: tratar de  emplearse  lo más rápidamente posible aceptando la  primera oferta laboral sin mediar siquiera reparo alguno de horarios, prestaciones o sueldo. 

De lo que se trata es de ocuparse para ganar algo de dinerito así hay egresadas de diseño que hacen de cuidadoras de niños por horas -sin mediar contrato ni seguridad social-; o chicos egresados de comunicación haciendo turnos de noche en McDonald´s como fregapisos.
El actual marco laboral español lo que revela en esencia es una lastimosa precariedad que hace mella principalmente entre la población más vulnerable: los jóvenes.
En teoría la macroeconomía está recuperándose, de hecho, Moody´s acaba de elevar la previsión de crecimiento de España hasta el 3.2% este año lo que revela un optimismo de cara al futuro inmediato.
En la práctica la tasa de desempleo juvenil es del 52.4% liderando en este renglón dentro del caleidoscopio de países que forman la OCDE y si bien  todavía era peor el año pasado con el 54.6% el malvado espectro no cede.
La coyuntura para muchos muchachos que han obtenido formación, han realizado prácticas, pero con nimia experiencia es tomar  lo primero que venga y ello les subsume en toda una odisea que el propio organismo internacional resume en empleos temporales con ingresos pequeños a la sazón, los  minijobs.
En suma un deterioro económico y por ende visiblemente de impacto social que además trae consecuencias en otros aspectos como los de impedir o retrasar la edad de emancipación.
Hay chicos que todavía bajo la tutela de los padres deciden, ante la dificultad por emplearse uno o dos años después de haber dejado el campus,   regresar a las aulas apostando por un máster o un posgrado pretendiendo adquirir más conocimiento  que les dé una mayor cualificación futura  que redunde en un trabajo digno, estable y bien pagado.
También hay limitaciones contractuales en el mercado laboral español porque se ha tendido a flexibilizarlo todo, tanto la contratación como el despido. Así un empleado temporal, por ejemplo, en verano no le faltará ocupación porque hay que atender al turismo en el sector servicios.
Con estos minijobs se trabaja 15 horas a la semana, sin horario fijo y se gana al mes 400 euros netos y las prestaciones son estrechas; de esta forma se puede prescindir de un trabajador al término de la época estival sin mediar mayor problema ni liquidación en ciernes.
A COLACIÓN
Hace unos días en Madrid, Andreas Schleicher, director de la OCDE para la Educación y las Competencias desmenuzó un nuevo informe preparado por el organismo  para España y sus complejidades laborales.
Cabe decir que también en julio pasado enfatizó su problemática en el documento “Employment Outlook 2015” donde tampoco el relato fue del todo favorable para el contexto ibérico.
Fundamentalmente, en tiempos de elecciones, el organismo que preside el mexicano José Ángel Gurría lo que pretende es hacer un llamado de atención para todos los políticos metidos en un descalzaperros cotidiano donde prima la politización de los temas cuando hay varios focos rojos encendidos y nadie los atiende.
Para Schleicher la sintomatología es clara: 1) Elevada tasa de desempleo juvenil afectando fundamentalmente a los chicos menos preparados con escasa formación. 2) España se ubica a la cabeza de toda la OCDE con contratos a tiempo parcial, un 22% están atrapados en los minijobs. 3) El escenario recrudece a tal grado que  se supera a Italia y a Grecia con los minijobs. 4) Tanto niños como jóvenes padecen un nivel de competencias bajo en comparación con otros países, y bien sea en matemáticas como en inglés. 5) Existen 10 millones de adultos subcualificados. 6) Uno de cada cuatro chicos detenta un empleo de tiempo parcial de forma involuntaria. 7)  Una persona puede demorar hasta seis años, en promedio,  en encontrar un empleo fijo. 8) El salario juvenil se ha devaluado un 35% en los últimos cinco años ha pasado de 1 mil 210 euros en 2008 a 890 euros en 2013. 9) Abundan los chicos que ni estudian ni trabajan (ninis). 10) Un trabajador con un empleo temporal precario es considerado marginado mientras que otro con contrato fijo y estable  se la cataloga de integrado.
Si en algo se hermanan con México es que España tiene el mismo lastre igual de pesado con los ninis con una tasa del 20% en la que uno de cada cinco no hacen nada. Y no hay atisbos de mejoría.