A nivel mundial, el de la leche, es uno de los sectores de la producción más endeble, bastante sujeto a cambios, variaciones del mercado así como alteraciones en gustos, modas y tendencias.
Cada día más fustigado porque la oferta y la demanda no se sostienen en un sano equilibrio vamos ni siquiera manejable punto de inflexión en parte por el ritmo del consumo y que cada día hay más competencia.

Desde la leche de avena, almendras, coco, arroz, la de soja que han dado paso a otras variantes del lácteo para sustituir los derivados de animal y que han proporcionado otra alternativa a muchas personas que por decisión propia dejaron prescindir de la cuajada.
De acuerdo con datos de la Secretaría de Economía sabemos que el consumo per cápita de leche se encuentra muy por debajo de los 188 kilogramos recomendados por la FAO al año.
Por ejemplo, en varios países de los llamados emergentes encontramos un consumo por habitante anual de 8 kilogramos en China, 5 kilogramos en Indonesia, 55 kilogramos en Perú; México con 97 kilogramos y Brasil con 128 kilogramos.
Respecto de la producción, actualmente India desplazó tanto a la Unión Europea (UE) como a Estados Unidos como  el principal productor del mundo con 132.4 millones de toneladas y su meta es que antes de 2030 duplicará su tonelaje para desencanto de cooperativas y fabricantes independientes.
Eso por el lado de quienes dependen económicamente hablando, como forma de vida, de este negocio y por el lado de los consumidores, está la observancia del cumplimiento de estándares de calidad.
No son pocos los estudios que advierten de su naturaleza cualitativa,  poco sabemos como consumidores lo que verdaderamente nos estamos bebiendo pero no me quepa ni la menor duda de que si las generaciones de bebés  y niños más pequeños están cada vez más alérgicos e intolerantes a la lactosa es porque el foco les ha sido transmitido por la madre o el padre, consumidores de leche.
Calidad es lo que más preocupa y en este renglón también el mercado está distorsionado porque no siempre lo más caro es lo más calificado deberían las normas sanitarias ser más estrictas en cuanto a procurar que el pienso de los animales no esté alterado ni mucho menos se les inyecten sustancias químicas  o medicamentosas.
A COLACIÓN
Desde 2008 aconteció en México la liberación comercial total de leche debido al TLCAN con Estados Unidos y Canadá, lo que ha marcado es la importación de mayores cupos de leche en polvo so pena de miles de ganaderos que han visto reducir su sector.
Lo que por décadas, el país azteca presumió durante la etapa del Desarrollo Estabilizador, de tener en la mano su soberanía alimenticia la fue perdiendo a finales del siglo XX acelerada con la introducción del libre comercio que ha vuelto a la economía importadora neta de leche y hasta de maíz.
Nunca se fortaleció a los 400 mil productores locales ni se les preparó para evitar ser arrasados por las importaciones baratas y no siempre de mejor calidad.
Los daños colaterales están a la vista en los lecheros de Coahuila, Chihuahua, San Luis Potosí, Querétaro, Jalisco, Tlaxcala, Puebla y Estado de México que ven un mercado inundado de leche en polvo procedente de China y de Estados Unidos.
Ya es habitual en los ganaderos arrojar la producción cuando el exceso de oferta amenaza el precio de intermediación e intentan entonces maniobrar en él. Pero insisto esta crisis sectorial  no es exclusiva de un país en sí es un síntoma de un cambio en la tendencia global.
En Europa, el estío, ha sacado a la calle a miles de ganaderos que han ido hasta Bruselas a protestar frente al Parlamento Europeo para solicitar más ayudas y que, sobre todo, se haga algo para estabilizar el precio; y es que, el costo de producción de un litro de leche es de 34 céntimos y a los productores europeos de media se lo pagan en 28 céntimos.  También  la están dejando correr…