Entre los mandos del ejército se discute sobre la inminencia de una nueva escalada de violencia. ¿La razón? Es evidente que algunos grupos armados, como el Ejército Popular Revolucionario, están pertrechándose a través de distintos operativos, entre ellos los secuestros de empresarios a quienes se exprime hasta la última gota antes de soltarlos tras cuatro meses o más de cautiverio, con el único propósito de atentar contra el orden constituido dada la vulnerabilidad extrema de la administración federal en curso. Las amenazas son de mayor calado cuando se evidencia la debilidad de la contraparte. Y el gobierno, en este momento, ofrece una imagen de franca desidia en su finiquito y sólo preocupado por negociar impunidades.
El riesgo de que en México florezca el terrorismo es más que una advertencia pesimista. Los observadores de fuera se sorprenden por la “suerte”de los mexicanos ante una perspectiva francamente minada y no sólo en razón a la conflictiva interna; desde 2001 se percibe que el terrorismo internacional podría utilizar al país como plataforma sea para ingresar a los Estados Unidos o con el propósito de trasladar sus aviesos planes hacia un territorio menos protegido y el más cercano al de la gran potencia norteamericana. En seis años nos hemos librado de las tenazas del mal… sólo en apariencia.
La polarización política provee de elementos incendiarios que acaso sirven como camuflaje a las bandas delincuenciales con capacidad para sitiar ciudades y regiones enteras. Hace un tiempo, al entrar y salir de la hermosa Aguascalientes, llamada la de la gente buena, nos percatamos de la honda diferencia con cuanto sucedía allí apenas unos años atrás. La tranquilidad está perdida y el acoso permanente de los retenes, lo mismo militares que judiciales, encienden las alertas y extienden la sensación de cautiverio a una sociedad cada vez más indefensa.
¿Quién iba a pensar que, volcada hacia la derecha política, la entidad caería en manos de los cárteles con profundas conexiones con el sector público?¿Y que un mandatario extraviado optaría por ocultar las conexiones de sus familiares con la delincuencia organizada? Todo esto y bastante más sucede en un estado y una ciudad hasta hace muy poco considerada como una de las de mejor calidad de vida en la República. El contraste es brutal.
Pero no es todo. En Guanajuato, también bajo control panista y desde hace ya veintiún años, se oculta el clima de zozobra que embarga a decenas de familias víctimas de la extorsión de quienes, en colusión con algunos mandos militares y policíacos, secuestran y ponen en jaque a la sociedad en su conjunto. Por supuesto se exige discreción, esto es silencio, para que las “negociaciones”, es decir los enlaces entre los familiares de los rehenes y los terroristas, no se enturbien ni se causan de denuncias colectivas. Y de esta manera, además, quienes ejercen el poder, bajo el maquillaje de una democracia que no ha encontrado los antídotos contra la alquimia electoral, pueden presumir de sus aportaciones en bien de la colectividad, sobre todo, alegan, en materia de seguridad pública. El círculo del cinismo se cierra en este punto.
Y así en la mayor parte de las entidades federales, no digamos en el norte en donde los gobernadores de la frontera celebran reuniones bilaterales para tratar de derrumbar el muro de la ignominia cuya construcción ha sido aprobada por el Congreso estadounidense –otra muestra extrema d cinismo institucional-, a pesar de las protestas, réplicas y señalamientos exaltados. Puede haber o no discusión pero el hecho es que el agobio y la inseguridad se mantienen por una constante: el uso del miedo como elemento de control político.
Debate
Lo del EPR es muy serio. Sin la publicidad recibida por el EZLN, la primera guerrilla pacifista y también la primera cibernética, el grupo extremista no sólo plantea, naturalmente, la liberación de algunos de sus militantes a quienes se ha exprimido en las cárceles, torturas incluidas a decir de sus compañeros, sin que hayan revelado cuestiones relacionadas con la estrategia y logística del mandamiento sino, más bien, se han limitado a corroborar hechos conocidos de sobra como los nombres de cuantos han sido sus víctimas silenciosas.
Los responsables gubernamentales no se afligen demasiado porque como los casos no se ventilan ni son partes de la agenda de los partidos políticos que se ciernen al reclamo de prebendas o la instrumentación de vendettas por afrentas recientes en los campos del deshonor proselitista, consideran tener tiempo y espacios de sobra para contrarrestar las acciones criminales con el sambenito de mantener un combate de sombras, como las rounds de boxeo en donde no hay adversarios al frente sino sólo se simulan, para exaltar las bienaventuranzas de un gobierno supuestamente “responsable”que extiende el maquillaje sobre el ajado rostro de la nación.
La percepción de la realidad varía de acuerdo a las querencias políticas de cada quien. Los adoradores del PAN, por ejemplo, a la vez que sostienen su defensa a los Fox con la estratagema de incordiar a los antecesores de éstos –como si la recurrencia de las conductas no fuese ominosa ni traicionara al ideal de cambio-, igualmente niegan, con vehemencia, que el gobierno calderonista esté dando traspiés al ponerse, peligrosamente, en manos de los comandos militares cuya lealtad institucional puede revertir, en cualquier momento, con el alegato de preservar al país de una amenaza incontrolable y generalizada.
Si sopesamos los antecedentes podremos entender, a cabalidad, la importancia de la simulación en los escenarios públicos, incluyendo claro la malhadada colusión entre los zares del vicio y los fugaces funcionarios que se enriquecen a placer y alegan no depender de sus jugosas prerrogativas oficiales, con todo y la parafernalia militar que les rodea claro.
Así mientras el EPR opera, sin el menor recato además, las autoridades pasan de puntillas, incapaces de enfrentar los desafíos y resolverlos en serio, esto es sin analgésicos para aliviar tan solo el dolor social simulando que todo va bien. Precisamente por ello, las alertas que pretende encender esta columna tienen calado hondo.
La Anécdota
En Morelia escuché una frase lapidaria:
–Lo que hace Fox es, ni más ni menos, terrorismo político. Además está muy bien pertrechado.
De nuevo encuentro su rostro en los diarios españoles. Y una vez más se cuenta la historia del hombre sin carácter que se dejó conducir por las faldas de su señora –así lo expresó él mismo-. Ni modo de disociar, como pretenden los cínicos, al ex mandatario y a la ambiciosa Marta, estrella refulgente de la cinta de la corrupción inagotable, una moderna “historia sin fin”.
El “terrorista”de la política, abanicado en la intimidad en donde es rehén de los caprichos de su consorte –cuya conducta personal deja mucho que desear y si no que digan lo contrario los uniformados destinados a “protegerla”-, pretende, nada menos, hacer de la impunidad su mejor arma para lanzarse a la conquista del poder sideral en donde los enajenados siempre tienen un asiento disponible.
La influencia del EPR se deja sentir también en el Legislativo. Por ejemplo, el ex senador René Arce Islas es en realidad, como ya se divulgó, Óscar Naim Círigo Vázquez, quien acomodó a un hermano y a su esposa como asambleístas bajo el refugio del PRD. Igualmente trascendió que “Arce”concibió un hijo –que ya tiene ocho años- nada menos que con Ruth Zavaleta, quien fue exaltada como presidenta de la Cámara baja en septiembre de 2007 y debió responder al frustrado informe presidencial. Una familia feliz y un círculo cerrado. Luego cayó en desgracia cuando se enfrentó a López Obrador por cuestiones institucionales y éste faltó a su caballerosidad y hombría.
Huele mal alrededor, en cada entidad y en cada ciudad de la República. Y va confirmándose una amarga sentencia: los panistas pueden tener rostro angelical y hasta pasar por deentes, pero no tan honrados como aseveran. Ejemplos de corrupción abundan entre ellos. Pero, además, no saben gobernar.

























