El “cártel del Paraíso”. Así lo bauticé, ya hace años –”Los Cómplices, Océano, 2001-, para señalar a los grandes “capos” que fingían sus muertes con el propósito de desaparecer igualmente de las listas de los criminales “más buscados” y procurarse así una nueva vida, siempre en la mafia, sin que fueran perseguidos ni detectados por agentes infiltrados y mandos “tolerantes”. Acaso el inventor del modelo más exitoso entre los mayores criminales haya sido el célebre Amado Carrillo Fuentes, “el señor de los cielos” –porque modificó las rutas del narcotráfico con aviones que atravesaban el territorio mexicano gracias a los triángulos dorados no alcanzables por los radares, en la península yucateca y en el norte del país-.
Carrillo aparece en los registros policíacos como oficialmente muerto en la clínica Santa Mónica de la ciudad de México, sita en la pomposa Polanco, en 1997 precisamente el año de los “grandes golpes” propagandísticos del doctor Zedillo –en ese mismo ciclo fue aprehendido el llamado “capo de capos”, Juan García Ábrego, y extraditado a los Estados Unidos luego de que apareció una falsa acta de nacimiento que lo hacía ciudadano norteamericano; y también fue condenado a prisión el entonces “zar antidrogas”, el general Jesús Gutiérrez Rebollo, en pleno pulso contra el mando castrense-. Luego sobrevino la exhibición de un grotesco cadáver con el mismo ADN del jefe del cártel de Juárez; claro, era el de su hermano Cipriano según la versión que tengo y me parece la más acertada.
Cuando, en 2005, en Ciudad Juárez, pregunté al delegado de la Procuraduría General de la República, luego de hablar de algunas evidencias que demostraban la presencia de Carrillo Fuentes en Sudamérica y Rusia, sobre si se reabriría el caso para perseguir y encontrar al capo, me respondió, seguro:
–Para la PGR, Carrillo está muerto y así se corroboró en presencia de los agentes de la DEA. No hay dda alguna. No tendría ningún sentido proceder de otra manera.
Esto es, el aval de la entrometida DEA era como una especie irreprochable sentencia, considerando a esta agencia el numen de la honestidad y verosimilitud mundiales. Más todavía: nunca se equivocan, al parecer, y son ellos, los estadounidenses, quienes fijan y desarrollan las reglas. Así me lo confió, por cierto, el general Tomás Ángeles Dauahare, curiosamente encerrado al igual que Gutiérrez Rebollo, en fase de descubrir a los mandos corruptos de las Fuerzas Armadas. Si el general Rebollo, como se le conoce entre sus pares, combatió a quien fuera secretario de la Defensa Nacional, Enrique Cervantes Aguirre por facilitar un encuentro, “mordida” millonaria de por medio –se divulgó que era de cinco millones de dólares, transportados por una patrulla de la Federal de Caminos al servicio de Los Pinos en tiempos dl doctor Zedillo-, entre los hermanos Arellano Félix y Carrillo Fuentes; el general Ángeles Dauahare sufrió otro tanto por señalar hasta donde habían sido infiltrados los mandos castrenses, incluyendo al general Guillermo Galván Galván, uno de quienes rodean al señor Calderón Hinojosa todavía. ¿Vamos atando cabos?
El caso es que Amado, el “muerto viviente” más activo del planeta, parece ser el enlace entre las mafias sudamericanas y europeas bajo la protección de los rusos con desarrollo espectacular en el viejo continente. Y todo esto lo saben, perfectamente, los encargados de la seguridad nacional que se niegan a admitir el tremendo error de mantener cerrado su expediente criminal porque, claro, es más sencillo darlo por muerto que volver a enfrentarlo; es una de las garantías de seguridad, por supuesto, para el vulnerable señor Calderón, sus antecesores inmediatos, comenzando con su admirado Zedillo… y acaso también su inminente sucesor. Todo cabe en el linde entre la realidad y la especulación. Advertidos.
Un caso más cercano es el de Ignacio “Nacho” Coronel Villarreal, supuestamente abatido en Zapopan en julio de 2010 durante un operativo de la Marina que acaso considera al Lago de Chapala zona de influencia para ellos, como el de Chapultepec que los habilita para mantenerse en la ciudad de México, alejadísimos de nuestras costas, a pesar delo derrumbe de su sede, en 1985, tras los sismos devastadores. ¡Se perdió una oportunidad de oro para trasladar la dependencia hacia alguno de los puertos! Y seguimos observando, en el Distrito Federal, a los marineros de asfalto que, a últimas fechas, se han convertido en mex-marines de asalto, contrariando, o más reventando, el orden jerárquico entre las Fuerzas Armadas y los límites de cada dependencia.
Pues bien, el supuesto cadáver del tal “Nacho” no presentaba el mismo ADN registrado en los sofisticados bancos de datos de la Secretaría de Seguridad Pública –ya tuve oportunidad de observar cómo funciona en el búnker de la Avenida de los Constituyentes, en el Distrito Federal-, y de la Defensa. No sabemos si ahora el Almirantazgo tiene acceso directo a los mismos o tiene los suyos propios; es uno de los misterios a resolver con los mandos fracturados y en plena puja de intereses con vistas al inminente próximo sexenio, segunda alternancia de por medio.
Por cierto, Coronel, de acuerdo a nuestros informes, estaba por formar su propio “cártel”, esto es separándose del intocado Joaquín “El Chapo” Guzmán y de Ismael “El Mayo” Zambada, los verdaderos líderes del narcotráfico a quienes se ha favorecido con la eliminación de algunas de las cabezas de los Zetas, desprendidos del cártel del Golfo y formados comp. Un grupo de elite militar adoctrinados en el Pentágono por la CIA y los comandos especiales de Israel. Por cierto, al respecto, el general Gutiérrez Rebollo, en marzo de 2002, me dijo en el penal de Almoloya:
–Entre otras cosas, me enteré de que cuarenta y siete militares eran capacitados en el Pentágono como si se tratara de modernos “Rambos”. Nada se sabía al respecto.
De los cuarenta y siete, cuando menos cuarenta cruzaron la línea y se convirtieron en ZETAS bajo el mando del “capo”, Osiel Cárdenas, quien se convirtió en el gran capo del Golfo tras la detención de García Ábrego… en 1997, el año clave para las grandes cabezas de la mafia mexicana. ¿De quién fue, entonces, la mayor responsabilidad?
El último de los casos, como bien sabemos, se refiere a Heriberto Lazcano Lazcano, “El Lazca”, supuestamente abatido, por la Marina naturalmente, en Progreso, Coahuila, en donde el desierto es considerado océano para posibilitar la intervención de nuestros acreditados “marines”, que no marineros de agua dulce. El suceso se dio el domingo 7 de octubre pasado y, desde luego, a la información siguió el sorprendente relato del robo del cadáver del “capo”. Cualquiera podría intuir que el interés de los suyos no era el de rendirle reconocimiento alguno –menos cuando ya había sido relevado-, sino de levarse a un individuo en estado catalítico. Es más sencillo creer en lo segundo, tras dos veces –en 2007 y 2011- en el que el mismo personaje fue dado por muerto desmintiéndose a posteriori las versiones. ¿A la tercera va la vencida? El cártel del Paraíso, o del Más Allá, tiene un nuevo miembro distinguido.
Debate
No le cuadran las cuentas a Calderón para si finiquito cercano. Tantos muertos, tantas ejecuciones, tantos “capos” supuestamente ejecutados… para que no disminuya, en un solo gramo, la “exportación” de drogas hacia los Estados Unidos, de acuerdo a los informes del Departamento de Seguridad de los vecinos norteños. Una jugada muy infortunada si sumamos a las ochenta mil víctimas inocentes –además de soldados y sicarios enfrentados en la guerra más improductiva de cuantas tengamos memoria-, cuyos casos apenas han sido motivo de indagatorias por parte de la atildada procuradora Marisela Morales, mujer del año claro, otra vez si es necesario elevar los logros, y cuyas estrellas van a la par con las que se autoimpone Calderón en plena fase propagandística final. Tal es su herencia más notable.
A la extensa lista de elementos asegurados, desde la “muerte” de Arturo Beltrán Leyva, en diciembre de 2009, hasta la supuesta ejecución de “El Lazca”, hace poco más de una semana, se han sumado personajes de toda índole desde “La Barbie”, Tony Tormentas, hermano de Osiel Cárdenas, “El Amarillo”, cuya captura pasó desapercibida porque en la misma jornada cayó el famoso “JJ” quien acribilló al futbolista paraguayo Salvador Cabañas, motor de su selección por cierto, sin olvidar al consuegro del “Chapo”, en marzo de 2011, para cubrir con él el hecho de que el cártel de Sinaloa, encabezada por el único “narco” que aparece en la lista de los multimillonarios de Forbes, también había sido “tocado” por las huestes calderonistas en franca evolución de la hipocresía.
(También debe recordarse el “encuentro” sorprendente entre el maestro Julio Scherer García y “El Mayo” Zambada, portada de Proceso, que hizo evidente cómo pueden los capos refugiarse no muy lejos de la ciudad de México sin el menor agobio, aun cuando se les presente como si estuvieran siendo víctimas de la mala vida, esto es sin gozar de los privilegios del dinero y el poder –residencias enormes, mujeres espléndidas, autos de lujo-, que eran como espejismos para reclutar a los jóvenes depauperados de la frontera más desigual del planeta. ¿Conocen ustedes los túneles que parten de la colonia ANAPRA de Ciudad Juárez hacia los territorios de El Paso, Texas? Por algo la urbe norteamericana se llama así. Y ni quien diga nada).
En tales condiciones, es imposible suplantar con publicidad dos hechos innegables: los mandos oficiales están infiltrados mientras la “guerra” de Calderón sólo rinde frutos en las cabezas de los diarios. Tomadura de pelo del más alto nivel.
La Anécdota
Héctor Rodríguez García, delegado de la PGR en Ciudad Juárez en 2005, a quien me referí líneas arriba, me contó una anécdota chispeante -“Ciudad Juárez”, 2005, Océano-:
–Recién llegado a esta plaza, me despertaron a las tres de la mañana con un telefonema alarmante: “jefe, apareció otro cadáver en el desierto”. Salté de la cama, en pijama, y sin asearme, me coloqué el traje de combate. Ya salía cuando otro timbrazo me obligó a detenerme: “jefe, no se preocupe, el cadáver… es de un hombre”.
Cómo estaban de moda los llamados “feminicidios” ni siquiera tenía importancia el hecho. No había razón para cubrir la nota espectacularmente y nadie decía que por cada mujer asesinada se daban otros siete crímenes contra hombres en aquella urbe. Mientras, claro, el cártel de Juárez pasaba a segundo término, en los interiores de los cotidianos más serios.
























