Cuando el general Jesús Gutiérrez Rebollo, designado como responsable del combate contra el narcotráfico a finales de 1996, insinuó que el entonces secretario de la Defensa Nacional, el general Enrique Cervantes Aguirre, podría estar vinculado al poderoso “cártel de Ciudad Juárez”, comenzó a poner fin a su carrera. En efecto, tras unas cuantas semanas en el cargo, fue defenestrado y confinado en el penal de alta seguridad de Almoloya de Juárez, en donde lo visité en marzo de 2002, bajo la acusación de haber sido enclave de los “capos” a los que debía perseguir. Ello ocurrió unos días después de que en los Estados Unidos le reconocieran como uno de los baluartes del combate contra las mafias. ¿Víctima o victimario?
Desde luego, como mandan los cánones de la alta impunidad, el ex titular de la Defensa mencionado no fue siquiera investigado respecto a los graves señalamientos de Gutiérrez Rebollo, incluyendo algunos testimonios y evidencias sobre la fragua del encuentro clandestino entre los hermanos Arellano Félix, afincados en Tijuana, y el llamado “señor de los cielos”, de Juárez. Tampoco nada se indagó acerca del cargamento de dólares que en una patrulla de la Federal de Caminos fue enviado hacia Los Pinos sin destinatario “preciso”. La estrategia empleada fue la de aislar al denunciante vituperado a quien sólo se le permitió conceder alguna entrevista para desfogarse con amenazas de por medio hacia sus interlocutores. ¡Y eso que estrenábamos, según se nos dijo, democracia!
Otro caso preocupante es el del general Rolando Eugenio Hidalgo Eddy, quien en 2007 ya operaba por Sinaloa con fama de maltratar a los reporteros que se le acercaban y enviado posteriormente a Aguascalientes, convertido en bastión de la impunidad, amenazado de muerte por manos anónimas como consecuencia de sus acciones efectivas contra los poderosos operadores del célebre hijo de esta tierra, Joaquín “el chapo” Guzmán Loera, quien disputa el liderazgo nacional del tráfico de drogas con otro inalcanzable personaje, Ismael “el mayo” Zambada. Jocosamente en los corrillos policíacos se menciona que si “El Mayo” pretendiera ser postulante a la Presidente, en 2018 claro, nada lo detendría, dada la solidez de sus alianzas soterradas. Los partidos, por supuesto, le quedan chicos como a la sociedad mexicana.
El general Hidalgo Eddy ha recibido más de un mensaje siniestro, con vísceras de perros incluidas, conminándolo a alinearse o a sufrir las consecuencias fatales. Según parece, el encumbrado mando militar ha decidido proseguir en el cumplimiento de su deber aun cuando, por el momento, la guerra esté favoreciendo a la contraparte, sobre todo por su capacidad de infiltración en la estructura oficial. En otras palabras, el general Hidalgo no puede confiar, a ciencia cierta, siquiera en sus cuadros cercanos porque, obvio es decirlo, los “cañonazos” de miles, millones de dólares, están a la orden del día.
Sería morboso abundar en los riesgos que confronta el general Hidalgo Eddy en pleno reacomodo de las mafias dominantes. Antes solía ponerse precio a los facinerosos, enemigos de la sociedad, y no a los encargados de perseguirlos. Hasta en eso han variado los papeles en demostración fehaciente de la tremenda descomposición social y política que impera en el presente en un escenario complejo caracterizado por el vacío de poder y la consiguiente vulnerabilidad de la nueva hornada de funcionarios públicos imberbes. No pocos oficiales de alto rango se ríen de ellos apenas tienen oportunidad; y otros optan por la camaradería con una buena barra de por medio… igual que en los tormentosos días del apóstol Madero y el desleal “chacal” Huerta.
Esperemos que en Sinaloa ó en Aguascalientes no se produzca un desenlace indeseable. Pero si ocurre, por la debilidad estructural de un gobierno errante, estaremos más cerca del infierno de Dante.
Debate
Cuando el general Manuel Ávila Camacho optó por un gobierno civil como signo de madurez social, la clase militar fue desprovista de ciertas tentaciones para no alentar la insaciable sed golpista de los antiguos caudillos de la Revolución. Digamos que la matanza de Huitzilac, en la que fue sacrificado el general Francisco Serrano modificándose el derrotero institucional por la barbarie, sigue marcando los arraigados prejuicios lo mismo que la abyecta traición de Victoriano Huerta en 1913.
Los oficiales no hablan mucho y son, por lo general, muy comedidos. Por formación y disciplina. No obstante, no son pocos quienes se preguntan si los cargos de conciencia, engendrados en un pasado convulso, no han sido ya pagados con décadas de lealtad institucional. Porque al tiempo que se exalta la fidelidad de las fuerzas armadas no se destraban los candados que las mantienen aisladas de una ciudadanía en permanente proceso de maduración. La única política que se les acredita es la derivada de la acción social en casos de desastre.
Por supuesto, las ideas no surgen oficiosamente. Y ahora, cuando se ha privilegiado la agenda militar por la vulnerabilidad del gobierno civil, parecen estar dadas las condiciones para iniciar un nuevo debate al respecto con los riesgos que entraña, incluyendo las ambiciones sin disimulo de los mandos jóvenes que no comulgan con la línea a favor de ceder soberanía a cambio de operatividad policíaca. Las inquietudes tienen fuentes sobradas de inspiración.
Lo paradójico es que un paso hacia la normalidad política de los militares puede resultar eficaz si con ello se deja escapar el aire contenido de la olla de presión.
La Anécdota
Pregunté hace tiempo a Mercedes del Carmen Guillén Vicente, entonces procuradora de Tamaulipas y ex diputada local por el PRI, naturalmente, si le agradaría ser legisladora federal. No dudó en responder:
–No estaría mal. Para eso estamos, ¿no?
La dama, inteligente y trabajadora, es también hermana de quien ha sido señalado por la Procuraduría General de la República, desde 1995, como el “subcomandante Marcos”, Rafael Sebastián Guillén Vicente. De allí que me animara a seguir el interrogatorio a Mercedes del Carmen:
–Y si “Marcos” resuelve ir de nuevo al Congreso y a usted la designan como parte de la comisión legislativa de recepción, ¿podría usted contener la emoción?
La funcionaria titubeó, entonces. Sonrió al sentirse atrapada, encogió los hombros y dijo:
–Ya veremos cuando llegue el caso…
En el México de las simulaciones siempre hay espacio para la imaginación. Y Mercedes del Carmen ya es senadora.

























