Ahora que finalmente ha sido hallado el bosón de Higgs—hallazgo científico que se acerca más a los primeros momentos después del big bang— el Consejo Europeo para la Investigación Nuclear (CERN, por su sigla en francés) ha abierto sus puertas a eruditos que toman un enfoque muy diferente hacia la pregunta de cómo se creó el Universo.
El 15 de octubre, un grupo de teólogos, filósofos y físicos se reunió dos días en Ginebra para hablar sobre tema. “Me di cuenta que era necesario discutirlo”, dijo Rolf Heuer, director general del CERN. “Necesitamos, como científicos ingenuos, discutir con filósofos y teólogos la época anterior al big bang”.
Wilton Park, una agencia establecida por Winston Churchill en 1946 para realizar foros internacionales de debate estratégico, fue uno de los organizadores de esta reunión, lo cual enfatiza cuán seriamente toma el CERN este encuentro.
Pero la misma idea de un “tiempo antes del big bang” es un territorio inentendible para los especialistas, una zona de pura especulación y donde las leyes de la física se rompen completamente.
Ateos y creyentes
Uno de los participantes más francos, Lawrence Krauss, físico teórico y director del Proyecto Orígenes en la Universidad Estatal de Arizona, afirma que definitivamente no es un ámbito en el que se puedan entender la ciencia y la religión.
“Uno tiene la impresión de una reunión como ésta que a los científicos les importa Dios; pero no”, indicó. “El poder de la ciencia es incierto. Todo es incierto, pero la ciencia puede definir esa incertidumbre… Por eso la ciencia progresa y la religión no”, aseveró.
La sugerencia de que ciencia y religión son fundamentalmente incompatibles fue un motivo de discordia durante la reunión.
John Lennox, profesor de matemáticas en la Universidad de Oxford que se declara cristiano, piensa que el solo hecho de que los seres humanos puedan hacer ciencia es evidencia de la existencia de Dios. “Si los ateos tienen razón en que la mente hace ciencia… es el producto de un proceso no guiado sin sentido”, comentó.
“Si supieras que tu computadora es producto de un proceso no guiado sin sentido, no confiarías en ella, por eso, para mí el ateísmo socava la racionalidad que necesito para hacer ciencia”, argumentó Lennox.
Pero este debate aparentemente insoluble de Dios versus ciencia fue solo una parte del encuentro.
Heuer expresó que deseaba que los participantes “desarrollaran un entendimiento común” de la visión de los demás, pero incluso intercambiar ideas fue por momentos engorroso; científicos y filósofos suelen hablar lenguajes muy diferentes.
Educarse mutuamente
Andrew Pinsent, director de investigación en el Centro Ian Ramsey para la Ciencia y la Religión de la Universidad de Oxford, también es un físico entrenado que alguna vez trabajó en el CERN señaló: “Tenemos que educarnos mutuamente en los términos que usamos… Por ejemplo, los filósofos han estado discutiendo el significado de la [palabra] verdad durante siglos”, explicó.
Pero para muchos físicos usar esa palabra es un territorio incómodo cuando hablan de lo que sabemos sobre el universo y el big bang.
Krauss afirma que la palabra está en el centro de “una de las diferencias fundamentales entre ciencia y religión; quienes son religiosos creen que conocen la verdad y saben la respuesta antes de que se haga la pregunta. Con los científicos es exactamente lo contrario”, destacó el experto.
A pesar de la barrera de visiones opuestas del mundo y léxicos incompatibles, Pinsent cree que colaborar con la filosofía puede ayudar a la ciencia a enfrentar mejor las preguntas muy grandes. Esto es en parte porque la ciencia en aislamiento “es muy buena para producir cosas, pero no para producir ideas”, aseguró.
Por su parte, Heuer acepta la idea de llevar filosofía al CERN, “no iría tan lejos como dejarlos hacer experimentos aquí (bromeó), pero no veo ningún problema en tener un filósofo residente”.
Conclusión
La principal conclusión del evento fue simple: seguir hablando. “Enfrentamos un problema en nuestra cultura de hiperespecialización; esta ignorancia de otros campos puede causar problemas, como una carencia de cohesión social”, señaló Pinsent.
Y aunque Krauss dijo que la reunión se sintió a ratos como con “gente que no se puede comunicar al tratar de comunicarse”, incluso ve algún valor en este intercambio algo esotérico, pues “muchos sujetos de fe ven la ciencia como una amenaza. No creo que lo sea, así que es útil para los científicos mostrar que no lo ven necesariamente de esa manera

























