La discusión sobre la Reforma Laboral no termina y aun no hay aprobación de la misma, todo porque el interés, ahora sí legítimo, de los directivos de los sindicatos está en peligro, pues de ocurrir la obligación o mandato para que éstos sean elegidos de forma directa, con voto secreto y que informen detalladamente de los recursos económicos que manejan, pues sencillamente les afecta, no a los trabajadores, sino a los dirigentes.
Estos no pueden permitir que sus derechos sean lesionados (los de los trabajadores ¡sí!, pero los de ellos, ¡no!) ¿Cómo, se preguntan los herederos del porfirismo, pueden ser tan osados los senadores para cometer tal felonía que va contra sus directos intereses? ¡Ellos son los descendientes genuinos de Don Porfirio y de los ya fallecidos y sempiternos fideles Velázquez (+)y Francisco Pérez Ríos (+), reencarnados en los Carlos Romero Deschamps o los Leonardo Rodríguez, más conocido éste con el sobrenombre de “La Güera Rodríguez?.
Todos sabemos que los líderes sindicalistas oficiales se han reproducido como chinches que viven chupándoles la sangre a los mismos a quienes dicen representar y que sucesivamente reencarnan en tristes figuras como la del nefasto Víctor Flores, líder de los trabajadores ferrocarrileros, quien con su mansedumbre y obediencia oficial permitió la privatización de Ferronales, lo que lo ha llevado ha enriquecerse más y más, todo por su abyecta conducta oficial.
Otro icono de estos especímenes lo es la archi rica maestra Elba Esther Gordillo, sustituta del controvertido maestro, senador y presidente de Vanguardia ¡¡revolucionaria!! Carlos “Longitud” Barrios, vitalicio dirigente que fue del sindicato más grande que existe en toda la América Latina, pero que tuvo que dejar su lugar a la que no será sirvienta de nadie (Elba dixit) sólo por la instrucción directa y discreta de quien los lectores ya saben quien.
Se nos escapa el nombre del líder, también casi vitalicio de los telefonistas, tal vez porque ahora está, junto con Martín Esparza, en el área democrática; pero no se
nos aleja de la memoria el de Joaquín Hernández Galicia, guía moral del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana, alias La Quina, quien fuera asaltado en su propia casa por el jefazo de los soldados federales, Carlos Salinas, a quien poco le faltó para ir al frente de sus valientes y apresar al malvado de la película. Acusado de acopio de armas, la Quina es defenestrado por el ilegítimo Presidente, y condenado a 35 años de prisión. De esta manera Salinas pudo escoger entre sus animosos a un incondicional al que le gusta mucho la “lana” y finalmente pudo nombrar a Carlos Romero Deschamps para que siguiera al frente del poderoso PEMEX, perdón, del Sindicato Nacional de trabajadores de Petróleos Mexicanos.
En esos años de asaltos domiciliarios de Salinas, se comentaba que la razón fundamental de la respuesta ácida tenida contra La Quina, se debía a que había mandado publicar un panfleto en dónde se describía la historia de cómo un miembro de la familia de Salinas (¿Carlos o Raúl?), asesina a una empleada doméstica (no sirvienta). Además, era conocido de la opinión pública que don Joaquín Hernández Galicia, había apoyado la campaña del líder y candidato presidencial del PRD. Finalmente, y por motivos de salud y de edad, Joaquín Hernández salió en libertad condicionada.
Desde luego que hay otros herederos del porfirismo, incrustados en los concamines y concanacos; en grandes empresas industriales y que tienen el control económico del país. Son Don Gastón Billetes, que por ahora están interesados en que se hagan públicos los manejos económicos de los recursos que los trabajadores le entregan a sus sindicatos, por lo que éstos, por cuestión de intereses directos, no pueden permitir que tal osadía de atentar contra de ellos se permita en la Reforma del Trabajo, actualmente en el Senado de la República.
En fin, la guerra o escaramuza entre los famosos Charros Matías y los Gastones Billetes, que suman, todos ellos, varios siglos de dominio absoluto y corrupto, y que les asegura a ellos y su descendencia, tanto cargos sindicales como de selección nacional y poderío, está la necesidad política y la sobrevivencia de este sistema sui generis de gobierno.
























