No están los tiempos para tirar el dinero. El ahorro debe ser la fortaleza  de personas y familias a fin de contar con un colchón de previsión ante cualquier contingencia económica mediata y futura.
 
Nos perfilamos a concluir el primer semestre del año, el verano asoma a salto de mata al tiempo que las tiendas departamentales -desde ahorita-, nos venden  el gancho de sus múltiples ofertas en cómodas mensualidades.

Comprar por comprar es casi lo más habitual “irse de tiendas” suele ser una actividad de  mujeres a la que cada día se suman más  hombres porque el marketing  ha creado una preconcepción condicionada ha demostrar quien luce y viste mejor.
Curiosamente está demostrado que en época de ofertas la gente se ve asediada por tanta información cuando concurre a los centros comerciales que inevitablemente gasta; pero días después un porcentaje se arrepentirán y acudirán a devolverlo.
Se trata del síndrome del consumidor emocionalmente dependiente de los cambios de ciclo en la moda y simplemente comprar por comprar es su hobby, su distracción; la tarde ideal para distenderse y desestresarse. Aunque días después  reparará que adquirió algo que no le gusta del todo, que no le queda bien y que, además, no lo necesita.
Un error muy común entre los consumidores es que botan el ticket  a la basura, de hecho, hasta pasa que cuando adquieren electrodomésticos extravían la garantía.
Precisamente la Procuraduría Federal del Consumidor (PROFECO) recomienda que los consumidores guarden el comprobante y tengan consigo la garantía sellada a fin de que ejerzan su derecho de regresar el producto bien porque se trata de una devolución o un reclamo por  desperfecto.
En buena parte de las solicitudes que la Profeco atiende contra proveedores de servicios o tiendas departamentales, las reclamaciones no proceden  precisamente porque el consumidor perdió el comprobante o  bien la garantía carece de sello.
Hay que tomarlo en cuenta así como el consejo de reflexionar más de una vez si vale la pena dejarse llevar  por la compulsión de gastar máxime si se trata de hacerlo con la  o las tarjetas de crédito.
A COLACIÓN
En otras tantas columnas hemos hablado de educación financiera, un principio básico es el de educarnos para ser consumidores racionales. Aquello de gastar para ser feliz, créame que no llena ningún vacío ni sustituye el afecto.
En todo caso valore lo siguiente: 1) El tercer y cuarto trimestre del año existe una mayor propensión en las personas y las familias para efectuar una serie de compras o inversiones. Es cuando se toman las mayores decisiones de qué hacer con el dinero ahorrado, con el pago del reparto de utilidades de la empresa, el aguinaldo, la caja de ahorro y otras prestaciones. El segundo semestre del año permite entonces gastos como comprar un coche usado, seminuevo o un modelo directo de la agencia del año siguiente; lo mismo puede decidirse de manera mancomunada, con la pareja, llevar a cabo una inversión patrimonial. La más importante es comprar un departamento o una casa. Es un buen momento para juntar el dinero de los dos, si ambos trabajan, pero no se debe olvidar hacer números sobre todo cuando se adquiere una hipoteca a 20 o 25 años.
2) A partir del segundo semestre, en especial los tres meses de la última recta del año, es cuando las agencias automotrices una vez colocados en exhibición los nuevos modelos registran la mejor época de ventas, sea a crédito o al contado. Comprar un automóvil debe ser una decisión muy bien pensada, requiere a profundidad responder si en verdad se está en cabalidad para hacer frente a todos los pagos que representa un vehículo. Hay que valorar si el automóvil resuelve el problema de transporte o todo lo contrario, en vez de ahorrar  tiempo y dinero, será una carga.
3) El consumidor racional no debe dejarse influir por la moda, los cánones del momento, ni por la penetración mediática que invita al despilfarro Lo debe preterir.  El meollo es que los medios de comunicación, sobre todo la televisión por la atracción visual, ejercen de instrumento educativo y de control de las masas para, entre otras cosas, teledirigir.
4) Cuando se tienen niños es menester que los padres se pongan de acuerdo y eduquen a sus hijos para ubicarlos de que no siempre les podrán dar gusto en todo lo que pidan.  A los niños, desde pequeños, hay que inculcarles el valor del cuidado del dinero: desde ahorrarlo, saberlo gastar y  elegir; créame que aprender a elegir entre una gama de opciones les hará felices, crecerán teniendo poder de decisión.
5) Llevar la tarjeta de crédito a todos lados es un pasaporte abierto a caer en la tentación de comprar y comprar, sobre todo en estas fechas donde los locales bombardean con cartelones de oferta. Si sale, aprenda a ajustar su presupuesto a una determinada cantidad límite de dinero en efectivo.
Con el plástico, al no ver el dinero que estamos desembolsando en el momento, primero proporciona un efecto de bienestar que se disipa en cuanto llega el odioso estado de cuenta y entonces comienzan los problemas. Si tiene más de una tarjeta de crédito lo único que le puedo decir es que aprenda de sus errores.