¿Qué es la globalización? La respuesta enmarca diversas acepciones y dependiendo del autor aborda criterios ligados a un proceso de internacionalización del capital; intercomunicación mundial; sinergia económica; libertad de acción empresarial, económica y financiera; innovación tecnológica; así como nuevos procesos productivos, distributivos y de consumo.
Algunos ensayistas unen de manera simbiótica la libertad económica con la libertad política, es el famoso binomio de Washington de libre mercado y democracia.
No obstante, la Real Academia de la Lengua Española define a la globalización como: “La tendencia de los mercados y las empresas a extenderse alcanzando una dimensión mundial que sobrepasa las fronteras nacionales”.
Por su parte, la Wikipedia, la determina con base a: “El proceso por el que la creciente comunicación e interdependencia entre los distintos países del mundo unifica mercados, sociedades y culturas, a través de una serie de transformaciones sociales, económicas y políticas”.
Por ende, sea el capital sin fronteras, el poder de las multinacionales o el mundo sin barreras ante la tecnología y la penetración del Internet, la globalización proclama el poder del individuo sobre el de la colectividad, por esa razón peligran los sindicatos y las asociaciones de agremiados.
Además predomina cierto desasosiego por las promesas de bienestar no cumplidas en general por la globalización, porque ante la competencia individual, sin sindicatos de por medio, es la fuerza de trabajo la que mayores costos paga y pagará al seguir perdiendo sus conquistas sociales. La parte más endeble es el trabajador y seguirá siéndolo en este desequilibrio mundial, pasándole factura a las generaciones más jóvenes.
En contraparte, las multinacionales y la ola de transnacionales, adquirirán mayor penetración geográfica sin trabas continentales, posesionándose de los mercados, segmentos y nichos de consumidores.
El poder económico transnacional igualmente ejerce una influencia en los mercados locales, en decisiones políticas, financieras, sociales, culturales, ambientales, cambios de usos y costumbres, la proliferación de una nueva filosofía del consumo-bienestar-felicidad como bandera del progreso.
A COLACIÓN
¿Es la globalización el demonio del actual modo de producción displicente para más de la mitad de la población mundial que no le encuentra oficio ni beneficio?.
No hay modo de producción perenne ni infalible a las demandas sociales y el capitalismo en su fase globalizadora proporciona una respuesta eficaz para el poder de la oligarquía capitalista, de las multinacionales, para impedir que predominen pensamientos sociales-ideológicos y políticos que restituyan el poder centralista del Estado, empero, la globalización no satisface la demanda histórica de bienestar de la población mundial, y es más peligrosa por cuanto deprime el costo salarial de la mano de obra, calificada y no calificada, e incluso de las profesiones. La competencia por costos es otra premisa dolorosa de la globalización.
La propia Organización Internacional del Trabajo (OIT) advierte que el crecimiento económico mundial no alivia la demanda por empleos de calidad necesarios para avanzar hacia la reducción de la pobreza.
De acuerdo con la OIT dicha tendencia se manifiesta en forma diversa al considerar indicadores como la creación de empleos, la productividad, la mejora salarial y la reducción de la pobreza en las diferentes regiones del mundo.
Desde una perspectiva global, la mitad de los trabajadores no obtienen suficientes ingresos para superar, ellos y sus familias, el umbral de la pobreza, que se cifra en dos dólares diarios.
La OIT señala que la globalización aún no ha creado suficientes oportunidades de empleo decente y sostenible en el mundo.
El organismo analiza que si bien en algunas zonas de Asia la expansión económica está promoviendo un crecimiento sólido del empleo y mejoría de las condiciones de vida, en otras zonas, como África y en algunas partes de América Latina, se observa un número creciente de personas que trabajan en condiciones menos favorables.
Para millones de trabajadores, los nuevos empleos apenas proporcionan ingresos muy por debajo de lo que cabría calificar de trabajo satisfactorio y productivo.
En la última década el número total de trabajadores que viven con menos de dos dólares al día no ha descendido y sigue siendo de mil 380 millones de trabajadores.























