La masacre de Apatzingán en la que presuntamente murieron al menos 16 integrantes de grupos de autodefensas, familiares y seguidores fue “un mal necesario” para desterrar al grupo delictivo Los Viagras, afirmó el sacerdote Gregorio López Gerónimo, luego de señalar que delincuentes se integraron al grupo especial de Fuerza Rural, mismos que después se rebelaron cuando fue desmantelado el llamado G-250, dedicado a perseguir líderes templarios y que fue creado por el entonces comisionado para la seguridad de Michoacán, Alfredo Castillo Cervantes.
El sacerdote Goyo se refirió a los hermanos Sierra Santana, encabezados por Nicolás y Carlos, quienes antes del surgimiento de los grupos de autodefensa, servían al cártel de Los caballeros Templarios, al igual que Luis Antonio Torres, El Americano.
Los hermanos Sierra organizaron el plantón frente a la alcaldía de Apatzingán, después de que el 15 de diciembre pasado, el comisionado Castillo anunció su desintegración.
“Es un tema clausurado”, pero admitió que hubo un error institucional en torno al supuesto fuego cruzado entre los manifestantes que fueron desalojados y que después fueron baleados cuando intentaron recuperar los vehículos decomisados. “Es amarillismo que se le tiene que dar carpetazo, es borrón y cuenta nueva, si equivocó el ex comisionado o no se deberá hacerse un análisis, pero yo le doy el voto de confianza”.
En tanto, el presidente de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos (CEDH), José María Cázares Solórzano recordó que a partir de los hechos violentos ocurridos el pasado 6 de enero en Apatzingán recibieron nueve quejas en contra de elementos del Ejército Mexicano y de la Policía por abuso de autoridad y detenciones indebidas, mismas que se remitieron a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH).
























